El antiguo mandatario, que declaró la ley marcial en 2024 y fue inmediatamente derrocado, es el primer exjefe del Estado castigado por este delito en tres décadas.

La justicia de Corea del Sur ha condenado por insurrección a un ex jefe del Estado por primera vez en casi tres décadas. Yoon Suk-yeol, el mandatario que el 3 de diciembre de 2024 sorprendió al mundo al decretar en directo por televisión la ley marcial, ha sido declarado culpable de dirigir una insurrección y abusar de su autoridad, y condenado a cadena perpetua este jueves por el Tribunal del Distrito Central de Seúl. El fallo sitúa su nombre junto al del dictador Chun Doo-hwan, condenado en 1996 también por insurrección, y marca uno de los momentos judiciales más trascendentales desde la transición democrática del país, un aliado clave de Estados Unidos en la región.
El delito de insurrección, tal y como lo define el Código Penal surcoreano, castiga a quien se alce para derrocar los órganos del Estado establecidos por la Constitución o para impedir por la fuerza el ejercicio de sus funciones. Es una de las pocas excepciones a la inmunidad de la que gozan los presidentes en ejercicio (junto al delito de traición) y constituye uno de los tipos penales más severos del ordenamiento jurídico del país, que puede acarrear incluso la pena de muerte. No obstante, en Corea del Sur existe una moratoria de facto sobre las ejecuciones desde 1997.
El presidente del tribunal, Ji Gwi-yeon, ha precisado durante la lectura del fallo que declarar de forma indebida la ley marcial no constituye automáticamente un delito de insurrección. Sin embargo, si esa declaración se traduce en impedir que la Asamblea Nacional (el Parlamento) ejerza sus funciones (es decir, si se vulneran sus derechos y se bloquea su capacidad de actuación), entonces sí puede considerarse un acto dirigido a perturbar el orden constitucional. Además, el juez Ji explicó que todas las actuaciones posteriores a la declaración de la ley marcial (incluido el despliegue de tropas y el intento de controlar el Parlamento) constituyeron actos de alteración violenta del ordenamiento legal.
El tribunal concluye, por tanto, que Yoon y el entonces ministro de Defensa, Kim Yong-hyun, actuaron con el propósito de paralizar el funcionamiento de la Asamblea Nacional y perturbar el orden constitucional. Para fundamentarlo, alude expresamente a las imágenes de aquella noche, incluida la entrada por la fuerza de soldados en el Parlamento. El exministro ha sido condenado a 30 años de cárcel.
El fallo también alcanza a otros altos cargos implicados en el operativo: Roh Sang-won, excomandante de inteligencia, ha sido sentenciado a 18 años de cárcel; Cho Ji-ho, antiguo jefe de la Policía Nacional, a 12 años; Kim Bong-sik, exjefe de la Policía Metropolitana de Seúl, a diez años, y Mok Hyun-tae, ex responsable de seguridad policial de la Asamblea Nacional, a tres años de prisión.
El delito de insurrección se había aplicado previamente contra un exjefe del Estado en 1996, cuando el dictador Chun Doo-hwan, que había dejado el poder en 1988, fue condenado por liderar el golpe militar de 1979 y por la represión de Gwangju de 1980. Desde entonces, ese delito se asocia a los episodios más traumáticos de la transición democrática surcoreana. En el caso de Chun, que fue sentenciado inicialmente a muerte, su pena fue conmutada por cadena perpetua y terminó siendo indultado en 1997.
El tribunal también ha dado por probado que Yoon ordenó la detención de figuras políticas concretas, entre ellas el entonces líder de la oposición y actual presidente del país, Lee Jae-myung. Según el juez Ji, el objetivo era neutralizar a dirigentes clave y paralizar el funcionamiento del poder legislativo desde dentro, no simplemente reforzar el control del orden público.
Fuera del tribunal, el veredicto se ha seguido en un clima de fuerte polarización, con partidarios y detractores de Yoon concentrados en las inmediaciones del edificio. Cerca de un millar de agentes han sido desplegados para evitar enfrentamientos. El expresidente está en prisión preventiva desde hace un año.
Una medida sin justificación
La Fiscalía sostenía que Yoon cruzó una línea roja la noche del 3 de diciembre de 2024, al declarar la ley marcial sin que existiera una guerra o emergencia nacional que la justificase, y al movilizar fuerzas militares y policiales para bloquear físicamente la actividad parlamentaria. El entonces mandatario surcoreano —que retiró la medida apenas seis horas después de dictarla, al constatar que generaba un rechazo casi unánime de la clase política— argumentó que había sido necesario porque la oposición, que gozaba de mayoría parlamentaria, estaba paralizando al Gobierno y actuando como una fuerza “antiestatal” con simpatías hacia Corea del Norte.
La acusación afirmaba, por el contrario, que la decisión de Yoon no solo paralizó el funcionamiento de la Asamblea Nacional sino que “destruyó el orden constitucional liberal democrático”, y por ello pedía que se le impusiera la pena capital. Yoon fue suspendido de sus funciones por la Asamblea en diciembre de 2024, pocos días después de estallar la crisis, y formalmente destituido por el Tribunal Constitucional en abril de 2025.
El magistrado Ji ha afirmado durante la lectura de la sentencia que la acusación de la Fiscalía estaba “justificada” y apoyada en pruebas, y ha rechazado los argumentos de la defensa de Yoon, que había alegado que parte de las evidencias fueron obtenidas de manera ilegal. El expresidente había intentado invalidar el proceso desde su base, cuestionando la legalidad de la investigación, pero el tribunal ha confirmado que tanto la Fiscalía como la Oficina de Investigación de la Corrupción para Altos Funcionarios (CIO) actuaron dentro de sus atribuciones.
La ley marcial apenas estuvo vigente durante seis horas aquel 3 de diciembre de 2024. De madrugada, un número suficiente de diputados logró reunirse y revocarla en una votación extraordinaria celebrada mientras agentes movilizados por Yoon trataban de acceder al hemiciclo para impedirlo y miles de ciudadanos salían a las calles a manifestarse contra la decisión presidencial. Ante la creciente presión política y social, Yoon anunció la retirada de la medida.
Era la primera vez desde 1980 que se imponía la ley marcial en Corea del Sur, un país cuya memoria colectiva sigue marcada por el pasado autoritario. Las imágenes de diputados forcejeando con soldados y de manifestantes concentrados en las calles de Seúl dieron la vuelta al mundo y abrieron una crisis institucional sin precedentes en décadas.
“Esta sentencia es una victoria para la democracia coreana”, ha declarado este jueves a EL PAÍS Kim Ji-Soo, una de las miles de personas que, sin pensarlo, corrieron a proteger el Parlamento aquella noche de 2024. Miembro del Partido Democrático, entonces en la oposición y hoy en el poder, Kim no hizo caso a los amigos que le recomendaban quedarse en casa. Circulaban vehículos blindados por las calles. Los helicópteros zumbaban. Pero se plantó ante la sede de la Asamblea Nacional, inspirado, dice, por “la sangre de los innumerables predecesores que se sacrificaron durante el Levantamiento Democrático de Gwangju” en 1980.
“Queríamos salvar nuestra democracia”, contaba Kim a este diario en diciembre de 2024, durante una de las concentraciones convocadas frente al Parlamento para reclamar la caída de Yoon. Las manifestaciones fueron multitudinarias, y un ejemplo de resistencia cívica contundente pero ordenada. Duraron semanas, hasta lograr la destitución del jefe del Estado.
“Las sentencias han sido excesivamente favorables y comprensivas con los acusados”, opina Lee Geon-woo, un estudiante de Lingüística de 25 años que también participó en las manifestaciones. Exmilitar, hoy en la reserva activa, Lee tenía compañeros entre los soldados que ejecutaron la ley marcial. Él se unió como voluntario del equipo de seguridad en las protestas para mostrar que era posible llevar a cabo algo “mejor” con las mismas habilidades.
Lee cree, en todo caso, que las sentencias muestran que mereció la pena luchar para defender el actual sistema constitucional, que garantiza la protección de los ciudadanos frente a la “falibilidad” de los actos humanos de quienes están el poder. “Esto es lo que Yoon ha negado durante toda su vida, al creer que siempre tiene la razón. ¡Incluso cuando declaró la ley marcial!”.
Yoon, antiguo fiscal general del país, fue condenado el mes pasado a cinco años de prisión en el primero de los procesos derivados de su intento de imponer la ley marcial, tras quedar probado que utilizó a su equipo de seguridad presidencial para obstaculizar su propio arresto y que falsificó un documento en el que atribuía a otras autoridades un respaldo inexistente. Su detención, en enero de 2025, que requirió más de 3.000 agentes y dos intentos, marcó un punto de inflexión en la crisis institucional, que desde entonces ha estado dirimiéndose en los tribunales.
El expresidente, que se encuentra en prisión preventiva desde hace un año, tiene aún otros siete juicios pendientes, cinco de ellos relacionados con la imposición de la ley marcial. Está también acusado de abuso de poder, de falso testimonio y de “beneficiar a un Estado enemigo”, a raíz del presunto envío de drones a Corea del Norte con el objetivo de avivar la tensión entre los dos vecinos en 2024.