El ex secretario de Educación de General Pueyrredón cuestionó la forma en que las instituciones educativas deben afrontar el denominado “Último Primer Día”. Advirtió que las escuelas terminan asumiendo riesgos y responsabilidades que no les corresponden y alertó sobre el deterioro del sistema educativo.

El ex secretario de Educación de General Pueyrredón, Luis Di Stéfano, analizó el fenómeno del denominado “Último Primer Día” (UPD) y cuestionó las directivas que reciben las escuelas para afrontar este tipo de celebraciones estudiantiles. En diálogo con la 99.9, señaló que se trata de una costumbre que se instaló en los últimos años entre los estudiantes del último año de secundaria, pero advirtió que el problema central no es la celebración en sí, sino la forma en que el sistema educativo termina absorbiendo las consecuencias de una actividad que se desarrolla fuera del ámbito escolar.
Según explicó, el UPD comenzó a consolidarse hace aproximadamente una década y se fue intensificando con el paso del tiempo. “Es una costumbre que nace hace casi diez años y que en los últimos siete se hizo mucho más fuerte, como una tradición de los estudiantes que festejan durante toda la noche previa al inicio de clases con salidas y consumo de alcohol, obviamente fuera de lo que tiene que ver con las instituciones educativas”, indicó. Sin embargo, el fenómeno no se detuvo allí, ya que con el correr de los años se fueron incorporando otras celebraciones similares que replican la misma lógica. “Después del lanzamiento del último primer día se fueron sumando otras noches de este tipo: el UUD, que es el último último día del ciclo lectivo, el UVI, que es el último día antes de las vacaciones de invierno, y también el banderazo que realizan los alumnos de quinto año. Es decir, cada vez se multiplican más este tipo de eventos”, detalló.
Para Di Stéfano, el punto de discusión no debería centrarse únicamente en la decisión de los jóvenes de celebrar, sino en la respuesta institucional que se les exige a las escuelas. “Independientemente de la celebración, que puede ser una decisión de los adolescentes y de las familias, la cuestión es qué nos pasa a las escuelas. Porque todos los años venimos recibiendo documentos de la gestión provincial que prácticamente invitan y obligan, bajo la idea de proteger al adolescente cuando entra a la escuela, a que los recibamos dentro de la institución educativa”, explicó.
En ese contexto, el ex funcionario sostuvo que se genera una situación paradójica en el inicio del ciclo lectivo. “Tenemos que abrirle las puertas a adolescentes que vienen después de una noche sin dormir, en estado de ebriedad y en muchos casos con consumo de sustancias. Las escuelas tienen que prepararles un desayuno, contenerlos y rogar que no pase absolutamente nada ni en la puerta ni dentro del establecimiento”, afirmó. Según indicó, esta dinámica provoca que el primer día de clases deje de estar enfocado en lo pedagógico. “En lugar de estar planificando lo académico y lo que implica el compromiso de todos en el inicio del año, estamos pensando cómo evitar riesgos y armando dispositivos para que la situación no se descontrole”, agregó.
El ex secretario de Educación también remarcó que el problema se agrava en instituciones que comparten edificios con otros niveles educativos. “Muchas escuelas secundarias funcionan en edificios donde también hay primaria o jardín, entonces los chicos más pequeños ingresan a su primer día de clases y se encuentran con esta situación dentro o en la puerta de la institución”, explicó. A su entender, esto refleja un problema más profundo vinculado al rol que hoy ocupa la escuela en la sociedad. “La discusión de fondo es qué escuela queremos. Porque la escuela debería ser un espacio de certezas, de orden y de enseñanza, y sin embargo terminamos obligándola a asumir situaciones que no tienen que ver con su función principal”, planteó.
Di Stéfano también vinculó este fenómeno con lo que considera un proceso de deterioro del sistema educativo. “Esta sociedad que hoy tiene entre veinte y cuarenta años, que son los padres de nuestros alumnos, es producto de una escuela que perdió centralidad en la enseñanza, que perdió autoridad, disciplina y exigencia académica”, sostuvo. En ese sentido, afirmó que la educación dejó de ocupar un lugar central en la agenda pública. “La educación hoy no es agenda, y eso se nota en muchas decisiones que se toman”, aseguró.
Incluso mencionó que este año el inicio del ciclo lectivo estuvo atravesado por otras situaciones que complicaron aún más el panorama. “Arrancamos las clases con el UPD y además con un paro por el Día de la Mujer, lo que implicó que muchas instituciones tuvieran que recibir a los alumnos en este estado sin preceptoras ni profesoras, porque había una medida de fuerza”, señaló.
Otro aspecto que destacó fue el rol que en muchos casos asumen los propios adultos en estas celebraciones. “Estuve en Plaza España y el dispositivo municipal fue impecable, pero incluso allí se observaban situaciones complejas. Personal de Defensa Civil contaba que había padres que llevaban alcohol y lo repartían entre los adolescentes”, relató.
Para el ex funcionario, el desafío consiste en recuperar el rol institucional de la escuela sin desconocer la realidad social que atraviesan los jóvenes. “Yo entiendo que para muchas familias es difícil decirle a un hijo que no participe de estas actividades, pero lo que no podemos hacer es que la escuela pierda el lugar que históricamente tuvo”, advirtió.
En ese marco, consideró que algunas decisiones recientes muestran que es posible empezar a revertir ciertas prácticas. “Este año hubo muchas instituciones que se plantaron frente al uso del celular dentro del aula. Tanto escuelas estatales como privadas dijeron basta, porque no se puede seguir con el uso permanente del teléfono en clase”, señaló.
Finalmente, Di Stéfano expresó su preocupación por las consecuencias que estas transformaciones tienen en la formación de los estudiantes. “Hoy es muy claro el deterioro académico de los egresados. Muchos llegan a la universidad sin lectura, sin pensamiento crítico, sin capacidad de redacción y sin la posibilidad de estudiar textos largos”, advirtió. Según indicó, esa situación genera dificultades concretas en los estudios superiores. “Van a ingresar a carreras universitarias donde el contenido académico sigue siendo central, y lamentablemente muchos van a fracasar porque la escuela secundaria dejó de exigir lo necesario”, concluyó.