La economista María Castiglioni analizó el presente económico, destacó el crecimiento de inversiones reales vinculadas a exportaciones, pero advirtió que la desconfianza estructural aún condiciona el acceso al crédito y la baja del riesgo país.

La directora de C&T Asesores Económicos, María Castiglioni, analizó el escenario económico actual y planteó que, si bien existen señales positivas en materia de inversión y orden macroeconómico, Argentina todavía enfrenta limitaciones estructurales que impiden una mejora más rápida en indicadores clave como el riesgo país.
En diálogo con la 99.9, explicó que “el riesgo país es el precio al cual se financia la Argentina en dólares, comparado con los bonos del Tesoro de Estados Unidos”, y señaló que “efectivamente bajó muchísimo, pero sigue estando alto” pese a que el país presenta hoy “equilibrio fiscal hace más de dos años” y un nivel de deuda “mucho más chico que el de otros países, incluso vecinos”.
En ese sentido, remarcó una diferencia importante respecto de otros ciclos económicos: “Hoy estamos viendo inversiones reales que están directamente vinculadas a exportaciones. Es una gran diferencia con otros períodos como la convertibilidad, donde las inversiones no generaban divisas en forma directa”. Como ejemplo, mencionó el crecimiento de sectores estratégicos: “Ya Vaca Muerta había arrancado antes y ahora tomó más velocidad, estamos viendo cómo se amplía el superávit energético y a eso se va a sumar la minería”.
Sin embargo, advirtió que el principal obstáculo para reducir el riesgo país no es sólo económico sino histórico y político: “El mercado le asigna riesgo a otros escenarios. Argentina volvió muchas veces a incumplir, con defaults, reestructuraciones y cambios de reglas de juego. Y hay un sector de la economía y de la población que sigue pensando que hay que intervenir precios o modificar las reglas ante cualquier crisis”. Por eso, consideró que “no depende exclusivamente de lo que haga el gobierno, sino de que esto se consolide en el tiempo como política de Estado”.
Castiglioni también puso el foco en el estancamiento estructural de la economía: “Argentina no crece dos años seguidos desde 2011. Eso deterioró el salario, el poder de compra y las perspectivas de empleo formal”. A esto sumó problemas como la falta de crédito y el debilitamiento del mercado de capitales local: “Hubo decisiones como la pesificación de la deuda o la estatización de las AFJP que achicaron el ahorro interno y el financiamiento”.
Respecto al impacto de la corrección de precios relativos, especialmente en tarifas, reconoció que el proceso genera tensiones: “La clase media está muy ajustada. Sincerar tarifas implica que bienes y servicios que antes pesaban menos en la canasta ahora tengan mayor incidencia”. En ese marco, sostuvo que la salida es gradual: “Para mejorar los ingresos se necesitan dos cosas: seguir bajando la inflación y que la economía crezca. No hay otro camino”.
Además, señaló que existe un desafío adicional en la formación de precios: “Hubo tal distorsión en los últimos años, con cepo y brecha cambiaria, que hoy hay que recalcular costos. Muchas empresas siguen fijando precios con parámetros viejos, cuando hoy reponer insumos puede ser más barato”. Por eso, afirmó que “hay que afilar el lápiz y entender los verdaderos costos para ser competitivos”.
Finalmente, adelantó que según sus mediciones, “la inflación de marzo fue de 2,7%”, con una desaceleración marcada hacia el cierre del mes, especialmente en alimentos. “Esto va a tener arrastre en abril, donde creemos que la inflación va a estar más cerca del 2%”, concluyó, destacando también que la moderación en el precio de los combustibles contribuirá a ese proceso.