Desde la cárcel maneja una banda que usa menores como sicarios y soldaditos; al menos cinco policías bonaerenses y federales forman parte de su organización.

El nombre de Max Alí Alegre, alias Negro o Alicho, figura en el listado de los narcos más pesados de San Martín. Rival de Miguel Ángel Villalba, alias Mameluco, y de Javier Alejandro Pacheco, alias Rengo, forjó su poder a partir del anonimato de su rostro y del miedo que provocaba la sola mención de su nombre.
De manera similar a Keyser Söze, el personaje de ficción de la película Los sospechosos de siempre, muchos le temían porque nadie lo conocía, aunque sabían cuáles eran las consecuencias de enfrentarlo.
Tanto aliados como adversarios saben que Alicho envía sicarios comandados por su jefe de seguridad, conocido como El Gordo Blas, o a un grupo de policías bonaerenses que forman parte de su organización.
La figura de Alicho volvió a tomar estado público hace cinco días, cuando la policía apresó a once soldaditos y sicarios armados que irrumpieron en los pasillos de la Villa Loyola, situada en Constituyentes al 2900, en San Martín, con el objetivo de expulsar a balazos a los transas de la banda rival que habían ocupado los puestos de venta de droga del grupo.
Entre los detenidos había cuatro menores, uno de ellos de 13 años. “De la información preliminar colectada, los mismos integrarían una facción que responde al conocido narcotraficante detenido Max Alí Alegre, alias Alicho, y se disponían a la reinstalación y recuperación de puntos de venta dentro del barrio”, se indicó oficialmente.
En las últimas horas, el nombre de Alicho volvió a retumbar en San Martín. Un grupo de veinte soldaditos irrumpió en el juzgado de Garantías que instruye el expediente contra los once detenidos en la Villa Loyola y amenazó al juez Nicolás Schiavo. Según los testigos, los agresores reclamaban por uno de los detenidos en el procedimiento realizado en el asentamiento situado a 29 cuadras de la avenida General Paz.
Fue una muestra más del poder de Alicho. Su influencia excede los muros del penal federal de Ezeiza, desde donde continúa manejando su banda. En esa cárcel cumple una condena de 8 años de prisión por tráfico de drogas. Aunque nunca fue condenado por homicidio, estuvo investigado en una serie de asesinatos.
Uno de esos casos tuvo como víctima al policía federal Alan Dolz, asesinado el 4 de enero de 2017 en la Villa Loyola, cuando realizaba tareas de inteligencia sobre los puestos de venta de droga en el asentamiento.
Fuera de la cárcel, cuenta con la complicidad de al menos cinco policías bonaerenses y federales que forman parte de su organización y con su lugarteniente, identificado como Lucas H., alias Maluma. A pesar de encargarse del tráfico de drogas en la zona de Las Encadenadas, en San Martín, y en Loma Hermosa, Maluma no vive allí. Lucas H., conocido como Maluma por su parecido con el cantante colombiano, alquila un departamento en la avenida del Libertador, en Belgrano, y se mueve en automóviles de alta gama.
Alicho también fue investigado por la venta del alijo de cocaína adulterada que se distribuyó en búnkeres de Puerta 8, la Villa 18, Villa El Gaucho y el barrio Lanzone, y que provocó la muerte de 24 personas que consumieron la droga envenenada el 1 de febrero de 2022.
Pero Alicho hace valer su poder tanto afuera como adentro de la cárcel. En 2021, cuando fue detenido, su rival, el Rengo Pacheco, estaba convencido de que había sido entregado a la policía por Alicho, con quien disputaba el dominio del territorio para la venta de droga. En ese contexto, en el ambiente tumbero y narco se hizo público que Pacheco habría ofrecido $10.000.000 por matar a Alicho y a su ladero Blas Gómez, los competidores que buscaban quedarse con sus búnkeres de venta de drogas en Puerta 8, las villas 9 de Julio, El Gaucho, la 18, Loyola y Lanzone.
Ariel Ricardo González, un efectivo de la Delegación Mercedes de la Policía Federal que hacía horas extra como facilitador de sicarios para narcos, intentó cobrar parte de ese dinero. Pero lo mataron.
Un mensaje hallado en el celular de un veterano asaltante de bancos y blindados, preso en una cárcel del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), puso al descubierto que el policía había fijado sus honorarios cuando la oferta comenzó a circular en el ambiente tumbero.
En el mensaje, el preso le decía a un colega detenido en el penal de Villa Devoto que se pagaban $8.000.000 por matar a dos delincuentes que habían entregado a un poderoso narco.
El 20 de julio de 2021, el policía González se dirigió a Loma Hermosa para encontrarse con los cómplices de un preso alojado en el penal de Villa Devoto, que sería contratado como sicario para matar a Alicho y a Gómez.
Al llegar a Congreso 8374, González detuvo la marcha de su camioneta y se encontró con los ocupantes de un Peugeot 308. Según la reconstrucción del hecho, uno de ellos abordó la Partner y ocupó el asiento del acompañante.
El policía no tuvo oportunidad de defenderse. Ni siquiera pudo tomar la pistola 9 mm que había colocado entre la butaca y su pierna. Le dispararon cinco tiros. El homicidio ocurrió minutos después de las 22.30, a 20 cuadras de Puerta 8 y a 15 cuadras de Lanzone, dos de los barrios donde opera la banda de Alicho.
Dentro de su campera, el policía tenía un papel con la siguiente anotación: “Blas Adrián Gómez. M=1 – P 2. Gordo Blas Avicho”. Había un error: “Avicho” era en realidad “Alicho”. En la nota se hacía referencia al módulo y el pabellón de la cárcel de Villa Devoto donde Blas y Alicho estaban alojados.
Junto al cuerpo del policía González, el sicario dejó un mensaje: “Rengo Pacheco: ¿10 millones por mí? Acá tenés tus 10 millones. Atentamente: San Martín”.