El analista internacional Alberto Ruskolekier advirtió que el atentado en Australia era “un hecho anunciado”, denunció la inacción del gobierno de Anthony Albanese ante el crecimiento del antisemitismo y alertó sobre la expansión global de células vinculadas al extremismo islámico.

El analista internacional Alberto Ruskolekier afirmó en diálogo con la 99.9 que la masacre ocurrida en Bondi Beach, Australia, no fue un hecho aislado ni imprevisible, sino la consecuencia directa de “una política laxa y permisiva” del gobierno australiano frente al avance del terrorismo islámico y el antisemitismo. Según sostuvo, “esto era un resultado cantado” en un contexto de amenazas explícitas y advertencias ignoradas por las autoridades.
Ruskolekier señaló que Australia está gobernada actualmente por Anthony Albanese, a quien definió como un dirigente alineado con “el progresismo woke” y con posturas que, directa o indirectamente, terminan siendo funcionales a Hamás. “El terrorismo islámico lo había anunciado de muchas maneras: contra judíos, contra israelíes y contra objetivos occidentales”, remarcó, y aportó cifras alarmantes: entre octubre de 2024 y fines de septiembre de 2025 se registraron alrededor de 1.600 atentados antisemitas en Australia.
Para el analista, el crecimiento de estos ataques fue exponencial y se dio en un marco de absoluta falta de prevención. “He hablado con testigos que estuvieron en el atentado y me comentaron que no había absolutamente policía en el lugar”, relató, y se preguntó cómo es posible que, con amenazas concretas y un contexto de violencia creciente, no se hayan tomado medidas mínimas de seguridad.
Ruskolekier reveló además que, según información conocida en las últimas horas, el Mossad habría advertido a las autoridades australianas sobre la posibilidad de un atentado, pero los organismos de seguridad locales descartaron esos informes. “Dijeron que no era posible. La verdad es que fue posible: ya hay 15 muertos confirmados y entre 20 y 30 heridos”, afirmó.
Al analizar el contexto demográfico, el especialista explicó que en Australia viven unos 27,5 millones de habitantes, de los cuales apenas 110.000 son judíos, lo que representa el 0,4% de la población. En contraste, señaló que la población árabe ronda las 900.000 personas, más del 3%. “Cuando tenés inmigraciones que vienen del norte de África con una impronta antisemita y antisionista, fogoneadas además por la ignorancia y por esta visión imbécil de la izquierda woke, el resultado es este”, sostuvo sin rodeos.
Sobre los autores del ataque, Ruskolekier indicó que uno de ellos ya había sido investigado en 2019 por la policía australiana debido a su vínculo con una persona relacionada con el Estado Islámico. “En ese momento concluyeron que no representaba un peligro inminente. Bueno, finalmente sí lo era”, afirmó. El atacante, un hombre de unos 50 años de origen libanés, fue abatido por las fuerzas de seguridad, mientras que su hijo, de 24 años, resultó herido.
El analista también puso el foco en un aspecto clave: la obtención de armas. “En Australia es muy difícil conseguir armas de fuego, y más aún armas de grueso calibre. Esto no puede ser un acto solitario. Acá hay una célula dormida, hubo planificación, financiamiento y logística”, aseguró, y advirtió que actualmente hay agentes israelíes trabajando en el país para determinar el alcance de la red terrorista.
Ruskolekier vinculó lo ocurrido en Australia con lo que sucede en Europa, donde identificó zonas históricas de asentamiento y radicalización. “Hay bases claramente identificadas: Luton cerca de Heathrow en Gran Bretaña, Malmö en Suecia, Molenbeek en Bélgica. Esto ya se sabe”, explicó, y alertó que Europa alberga hoy a unos 30 millones de musulmanes. “No todos son terroristas, por supuesto, pero una parte sí lo es, y si a eso le sumás permisividad y simpatía de algunos gobiernos, el resultado es el que estamos viendo”.
Finalmente, sostuvo que Occidente no termina de comprender la magnitud del problema. “La guerra del terrorismo islámico contra Occidente ya comenzó, y no empezó ayer, empezó hace siglos”, afirmó. En ese sentido, recordó a figuras como Oriana Fallaci y Salman Rushdie, perseguidos y condenados por el extremismo islámico por ejercer la libertad de expresión. “Esta es la libertad que defienden los supuestos defensores de la libertad de la izquierda”, concluyó.