Un fármaco usado en el cáncer de pulmón podría mejorar el tratamiento de tumores de ovario resistentes

La combinación experimental propuesta por investigadores de Mayo Clinic mostró en modelos de laboratorio una mayor sensibilidad de las células malignas.

El cáncer de ovario es uno de los tumores ginecológicos más letales a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y datos del observatorio global GLOBOCAN, cada año se diagnostican más de 300.000 nuevos casos y se registran más de 200.000 muertes en el mundo.

La alta mortalidad se debe, en gran parte, a que suele detectarse en etapas avanzadas y a que muchos tumores desarrollan resistencia a los tratamientos disponibles.

Ahora, un estudio de Mayo Clinic plantea una posible estrategia para enfrentar uno de los principales desafíos de esta enfermedad: la resistencia terapéutica. Los investigadores analizaron si un fármaco ya aprobado para ciertos tipos de cáncer de pulmón, llamado brigatinib, podría ayudar a que los tratamientos actuales funcionen durante más tiempo en pacientes con cáncer de ovario.

La investigación, fue publicada en la revista científica Science Translational Medicine, se basa en estudios preclínicos realizados en modelos de laboratorio.

Por qué deja de funcionar el tratamiento
En los últimos años se incorporaron medicamentos llamados inhibidores PARP, que actúan sobre una debilidad específica de algunas células cancerosas: su dificultad para reparar el ADN. Estos fármacos representaron un avance importante en pacientes con determinadas alteraciones genéticas.

Sin embargo, en muchos casos el tumor logra adaptarse. Es decir, activa mecanismos internos que le permiten sobrevivir pese al tratamiento. Cuando eso ocurre, la enfermedad puede progresar nuevamente y las opciones terapéuticas se reducen.

El equipo liderado por Arun Kanakkanthara, Ph.D., y John Weroha, M.D., Ph.D., descubrió que esta resistencia puede comenzar muy temprano, incluso desde el inicio de la terapia. Las células tumorales activan rápidamente señales internas que las ayudan a protegerse.

La idea: bloquear la adaptación del tumor
Frente a ese hallazgo, los investigadores probaron una combinación terapéutica: sumar brigatinib a los inhibidores PARP.

Brigatinib ya se utiliza en ciertos cánceres de pulmón porque bloquea señales que permiten a las células tumorales crecer y sobrevivir. La hipótesis fue que, si se inhibían esas señales desde el comienzo, el tumor tendría menos capacidad de adaptarse al tratamiento dirigido.

En los modelos experimentales evaluados, la combinación resultó más eficaz que usar cada medicamento por separado. Las células cancerosas mostraron mayor sensibilidad cuando no pudieron activar sus mecanismos de defensa. En términos simples, la estrategia apunta a impedir que el tumor “aprenda” a resistir.

Qué significa este hallazgo
Es importante aclarar que los resultados aún no provienen de ensayos clínicos en pacientes. Sin embargo, el estudio aporta una base científica sólida para avanzar hacia esa etapa.

Una ventaja clave es que brigatinib ya cuenta con aprobación regulatoria para otras indicaciones oncológicas. Esto podría facilitar el diseño de estudios clínicos específicos en cáncer de ovario y acelerar su evaluación.

Los investigadores también observaron que algunos tumores podrían beneficiarse más que otros, lo que abre la puerta a tratamientos más personalizados en el futuro.

El cáncer de ovario sigue siendo una enfermedad compleja. En la mayoría de los casos se diagnostica cuando ya se ha diseminado dentro de la cavidad abdominal. Aunque la cirugía y la quimioterapia continúan siendo pilares del tratamiento, las terapias dirigidas han mejorado el panorama en la última década.

Aun así, la resistencia farmacológica sigue siendo uno de los principales obstáculos. Cuando el tumor deja de responder, el pronóstico se vuelve más incierto.

Por eso, encontrar formas de bloquear esa resistencia desde el inicio podría representar un avance importante en el abordaje de esta enfermedad.

Próximos pasos
El equipo de Mayo Clinic planea continuar con estudios que permitan evaluar la seguridad y eficacia de esta combinación en pacientes. Solo a través de ensayos clínicos se podrá confirmar si la estrategia mejora realmente la respuesta al tratamiento y prolonga el control de la enfermedad.

Por ahora, el hallazgo no representa una cura, pero sí una nueva línea de investigación prometedora en un campo donde las opciones siguen siendo limitadas.

En oncología, impedir que el tumor se adapte puede ser tan importante como atacarlo. Y esa es precisamente la dirección que propone este nuevo enfoque.