Las autoridades locales advierten de posibles interrupciones en los servicios básicos y en el suministro de calefacción.

Hace apenas dos semanas, gran parte de Europa quedó paralizada por el frío, con nevadas históricas en ciudades como París, varias regiones de Alemania o Polonia. Sin embargo, las condiciones más extremas se están viviendo mucho más al este. Rusia se enfrenta ahora a uno de los inviernos más duros registrados, con temperaturas que han llegado a alcanzar los -55 grados centígrados, cifras que ponen en jaque tanto a las infraestructuras como a la población.
Una ola de frío masiva se ha extendido por amplias zonas del país, acompañada de nevadas excepcionales que en algunos puntos han llegado a acumularse hasta alturas equivalentes a siete pisos de un edificio.
Según el Centro Hidrometeorológico Ruso, la causa principal de este episodio es un potente sistema de alta presión que se ha asentado sobre gran parte del territorio. Este fenómeno está provocando un clima extremadamente frío y seco, con temperaturas situadas entre 7 y 20 grados por debajo de la media climática habitual.
Las regiones más afectadas incluyen la Rusia europea, los montes Urales y Siberia, donde se están registrando desviaciones récord respecto a los valores normales. El director científico del organismo, Roman Wilfand, confirmó a la agencia TASS que se trata de una situación “excepcionalmente peligrosa” desde el punto de vista meteorológico.
Siberia, el epicentro del frío más severo
El impacto más extremo se está produciendo en el sur de Siberia. Regiones como Tomsk, Kemerovo, Novosibirsk e Irkutsk han visto cómo los termómetros descendían hasta los -53 °C, mientras que en el centro de Krasnoyarsk y el norte de Yakutia ya se han alcanzado los -55 °C.
Las autoridades meteorológicas han calificado estos valores como “niveles de congelación extremadamente peligrosos”, especialmente por el riesgo inmediato para la salud humana, el transporte y el suministro energético.
Moscú y la Rusia europea, también bajo mínimos
Aunque las temperaturas más extremas se concentran en Siberia, la parte europea de Rusia tampoco escapa al frente frío. En Moscú, los meteorólogos han pronosticado mínimas de -22 °C, con descensos puntuales que podrían llegar hasta los -26 °C durante la noche.
La madrugada del 16 de enero ya fue la más fría registrada en la capital en las últimas dos semanas. Ciudades como Samara, Kazán y Penza se preparan para temperaturas cercanas a los -25 °C, mientras que las autoridades locales advierten de posibles interrupciones en los servicios básicos y en el suministro de calefacción.
Emergencias en los Urales y cortes de electricidad
La situación también es crítica en los Urales, donde regiones como Kurgán han registrado temperaturas de hasta -40 °C. El Ministerio de Situaciones de Emergencia ha desplegado campamentos móviles, equipos de rescate y vehículos especiales para garantizar el suministro de ayuda a la población en caso de emergencia.
En la región de Cheliábinsk, con temperaturas por debajo de los -42 °C, varias aldeas han sufrido apagones eléctricos. En Malinovka, el corte de suministro se prolongó durante casi un día entero, obligando a habilitar refugios de emergencia en escuelas rurales.
Vientos extremos y riesgo de avalanchas en el Lejano Oriente
Mientras el centro y el este del país sufren heladas extremas, las regiones del Lejano Oriente ruso enfrentan una combinación aún más peligrosa de frío intenso, ventiscas y fuertes vientos. En Kamchatka, Chukotka y el norte de Jabárovsk, se esperan rachas de hasta 28 metros por segundo.
El 16 de enero se declaró el estado de emergencia en Petropávlovsk-Kamchatski, ante el alto riesgo de avalanchas y la caída de grandes acumulaciones de nieve desde los tejados. Al menos dos personas fallecieron días antes debido a este tipo de incidentes.
Las autoridades continúan en alerta máxima mientras el frío alcanza su punto álgido, recordando que, incluso en un país acostumbrado a los inviernos extremos, estas temperaturas marcan un nuevo límite.