La CEO y cofundadora de Youniversal Research e Innovation analizó en la 99.9 los resultados de su más reciente estudio de percepción de clase. Señaló que la imposibilidad de consumir más allá de la subsistencia, el endeudamiento y el temor a perder educación y salud privada son hoy los factores que más erosionan la identidad de clase media en Argentina.

La especialista en investigación de mercado Ximena Díaz Alarcón, CEO y cofundadora de Youniversal, explicó en la 99.9 que sólo el 40% de los argentinos se identifica actualmente como clase media, una cifra que contrasta con el histórico 75% u 80% que sostenía esa autopercepción. “Es bastante traumático para la gente. Esta caída fuerte tiene que ver con una encuesta de percepción de clase y muestra un deterioro en cómo cada uno se siente respecto a su lugar en la estructura social”, señaló.
Díaz Alarcón indicó que la principal razón de este desplazamiento subjetivo es la incapacidad creciente para consumir más allá de lo básico: “Lo que más los descalzó es no poder ir más allá de la subsistencia, que es un poco la definición de clase media: poder darse algún gusto. Desde una salida al teatro o a comer, hasta algo tan simple como hacerse un café o ir a la peluquería”. Según su estudio, realizado desde el TrendLab de Youniversal y actualizado con datos de noviembre, el 70% afirma que no puede consumir como correspondería a alguien de clase media.
La CEO también destacó que lo sociocultural y lo económico van de la mano. “El nivel socioeconómico tiene las dos cosas. Lo social está fuertemente definido por la educación, pero lo económico está afectado por el bolsillo. Cuando una cosa no condice con la otra, se produce un cortocircuito en la cabeza de la gente”, explicó. La privatización de funciones esenciales —principalmente educación y salud— opera como un eje de identidad para los sectores medios, por lo que cada aumento o dificultad golpea directamente el sentido de pertenencia: “La gente se frustra, se enoja y le da miedo. Le cuesta mucho cambiar en esas dos áreas porque son un signo de identidad muy grande”.
En paralelo, el endeudamiento se consolidó como un fenómeno generalizado. “El 75% de la gente está con deudas en la tarjeta. Los niveles medios bajos y bajos son los que más han tenido que pedir dinero a familiares o amigos para zafar de la situación”, agregó. Esa necesidad de financiamiento constante convive con un intento por sostener algún grado de disfrute: “La gente está tratando de consumir con esfuerzo: lo básico y, cuando puede, un gustito. A veces ese gustito es simplemente comprarse un helado”.
Díaz Alarcón señaló además que el ánimo social se refleja en la percepción sobre el entorno: “Un 86% cree que los demás están igual o peor. Eso habla de cómo se vive el momento y de expectativas moderadas, aunque el rumbo ratificado en las últimas elecciones también parece haber generado una forma de esperar”.
Sobre los fenómenos de consumo masivo, como los recitales, destacó su relevancia simbólica: “La gente te decía: si la plata no sirve para nada, prefiero tener una experiencia. Estamos en un momento de deuda de disfrute. Las experiencias siguen siendo muy valoradas, aunque ahora un poco menos que en años anteriores”.
Para Díaz Alarcón, el cuadro general refleja una sociedad que intenta sostener su identidad en medio de un deterioro económico persistente: “La caída del poder de consumo afecta el ánimo, pero también redefine quiénes sienten que todavía pertenecen a la clase media y quiénes creen que ya no pueden considerarse parte de ella”.