
«Un día, toditos los chicos nos convertimos en borricos», versa la genial poesía de María Elena Walsh. En la provincia de Buenos Aires, aquella fantasía ambientada en la quebrada de Humahuaca se está volviendo realidad.
Que el sistema educativo en la Argentina, y muy especialmente, en la provincia de Buenos Aires, está en crisis, es un concepto que no puede sorprender a nadie. La cruzada del Peronismo contra nuestro sistema educativo, sostenido fuertemente en la connivencia de los sindicatos ha dado —y sigue dando, lamentablemente— perfectos resultados: los chicos no saben leer, no comprenden lo que leen y muchos —demasiados— ni siquiera terminan sus estudios.
Esta situación se agrava además por la flexibilización absoluta de todos los sistemas de orden y control dentro del aula: ya no existen las amonestaciones, mucho menos las expulsiones, los chicos hacen lo que se les canta y los profesores y directivos se encuentran atados de pies y manos, sin herramientas para evitar que unos pocos le arruinen la experiencia educativa al resto.
A pesar del relato y las justificaciones, los resultados están a la vista: en los últimos treinta años, la calidad de la educación en la provincia de Buenos Aires se desplomó. Y es claro que la situación no va a mejorar, en tanto el peronismo siga al frente de la gobernación de la provincia.
Leer y escribir
Hace unos meses, la especialista en educación Victoria Zorraquín brindaba una entrevista a la FM 99.9 en donde se ponían en debate estas cuestiones.
«La catástrofe viene de que hemos dejado de enseñar a leer y escribir» explicó. «Por ende, nuestros estudiantes no aprenden a leer; o sea, aquello para lo cual se inventó la escuela, aquello para lo cual vale la escuela, no lo estamos logrando. Y no lo estamos logrando sencillamente porque dejamos de enseñar, porque empezamos a creer que se puede aprender a leer del mismo modo que se aprende a hablar. Y en realidad, está ya muy claro, fue descubierto por la neurociencia, que el cerebro no viene cableado para leer. No tenemos un dispositivo natural, que vaya a permitir que, una vez que nosotros lo desarrollemos, leamos. Yo a veces lo comparo con creer que, así como nacen los dientes, un día los niños van a leer. Y esto es una gran falacia. Nuestro cerebro no viene cableado para leer».
Continuó: «La neurociencia ya lo puede demostrar, incluso, con una resonancia magnética funcional, vos podés ver cómo es el cerebro de un analfabeto y el salto impresionante que hace el cerebro de un lector para poder leer: lo que hace, es transformar un área que sí tenemos desde que nacemos, que sirve para reconocer caras y objetos, y nuestro cerebro hace una transformación gigante en esa área, crea una nueva red neuronal que le permite identificar una letra en un papel —la A para los que hablamos español— y entender que esa letra es un concepto. Fijate que es un concepto muy loco, ¿no? Porque ¿qué hace el cerebro con eso? El cerebro dice: «Ah, para, esto no es una cara, esto no es un objeto», y tiene que entender que es una letra y que esa letra emana un sonido, que es un sonido del lenguaje hablado».
«Ese salto impresionante, ha sido absolutamente establecido que necesita de una enseñanza explícita, porque como no tenemos el área, el cerebro necesita ir transformándose y para entender eso necesita de lo que se llama una habilidad cerebral que se llama la conciencia fonológica. Es decir: hacer consciente que hay algo que es fono, que es un sonido, que está asociado a algo logo, que es una letra o palabra», aseguró, y añadió: «si vos no les enseñás los sonidos y las letras, sólo lo adquiere menos del 5% de los humanos, y el resto de los humanos necesitan aprenderlo, y para eso necesitan que les enseñes los sonidos y las letras.»
Al respecto de por qué estos conceptos básicos sobre educación se fueron abandonando, dijo: «Esto está contaminado por ideologías, pero no hay mala fe. Yo en mi libro «¿Por qué no aprendimos nada?», que es de Editorial Ateneo, cuento un poco todo este caminito que yo fui haciendo, cómo a mí se me cayeron las vendas de los ojos y qué encontré. Bueno, encontré que por un lado, hace unos 30, 40 años, nos enamoramos de esta teoría justo en momentos en que salíamos de nuestros años oscuros, de estos años tristes de dictadura, de persecución, y dijimos: «no nos puede volver a pasar que tengamos nada autoritario». Entonces eso nos hizo creer que si vos le enseñás la A y le decís a un niño que esta es la A y que suena A, estás siendo autoritario, porque vos tenés que en realidad dejar que el niño lo descubra solo».
Continuó: «Esa locura arrancó por algunas especialistas, algunas que ya fallecieron; la más conocida es Emilia Ferreiro, que es mitad argentina, mitad después vivió toda su vida en México. Y ella tenía esta teoría. Ella en realidad lo que hizo fue analizar a los lectores eficientes, y dice que un lector eficiente, efectivamente, saltea palabras, puede leer en diagonal, no ve todas las letras de la palabra porque vos ya lo automatizaste. Es algo que dejó de estar en tu memoria de trabajo y pasó a estar en lo que se le puede llamar la “caja de las letras”, “la caja de las palabras”, que son lugares nuevos que nuestro cerebro —gracias a nuestra plasticidad cerebral— reinventa y rediseña transformando otras áreas. Ahora, de ahí a pensar que, porque un lector eficiente lo hace así, «ah, bueno, entonces directamente voy a hacer que el niño vaya directo a ver la palabra entera sin que yo le tenga que enseñar letra por letra», es una locura».
Añadió: «Nosotros en Argentina seguimos mucho la teoría de un pedagogo francés que se llamó Jean Piaget, que decía que el niño construye conocimiento interactuando con el mundo, cosa que es verdad y todos lo vemos en los niños. El problema, es que vos no podés construir conocimiento de lo que no tenés. El conocimiento nuevo se construye a partir del conocimiento previo. Ahora, si resulta que tu cerebro no viene cableado para leer, ¿de dónde se van a “colgar” esos conocimientos? Incluso si además tenemos el tupé de no enseñarte el código… porque en la provincia de Buenos Aires, en muchos lugares, está prohibido. Persiguen a los docentes si los docentes enseñan las letras y si enseñan los sonidos asociados a las letras».
Continuó: «En muchos lugares está prohibido colgar el abecedario. Lo cubren. ¿Por qué? Porque se supone que el niño lo va a descubrir solito. Pero si yo le pongo un casco resonador a un niño, yo puedo ver con mis ojos lo que está pasando en su cerebro, puedo ver con mis ojos la transformación física que ocurre, entre el cerebro de un analfabeto, y el cerebro de alguien que lee. Negarlo, es como negar que la tierra es redonda. La verdad es que esto no sólo es ignorancia, sino que es crueldad».
En su crítica al actual sistema educativo, afirmó: «Incluso en lugares como la provincia de Buenos Aires, en el Jardín, se les niega a los docentes enseñar las letras y los sonidos. Dicen: «no, no, el jardín es solo para socializar». Cuando en verdad, si vos a los cuatro años empezás jugando, jugando con rimas, a enseñar y mostrar los sonidos y las letras… que a los niños nada les fascina más. Esto es lo más humano. O sea, el humano quiere lograr esto, así como nuestros antepasados recientes… Porque se considera que más o menos entre unos 15.000 a unos 5.000 años antes que nosotros se descubre la escritura. Por eso es que el cerebro no viene cableado para leer, porque ¿qué sentido tiene que tengamos un área para leer, si no había nada que leer? Entonces, cuando el humano descubre, inventa la Escritura, la inventa sencillamente por el ansia de trascendencia que tenemos los humanos. Entonces, negarle la posibilidad de leer y escribir a los humanitos que están naciendo, es negarles esa fuerza que tenemos, de hecho en el alma, en el corazón, en la mente, de ganas de trascender, de ganas de que nuestras ideas trasciendan. O sea que estamos negando un impulso profundamente humano que nuestros antepasados lograron cuando hicieron ese clic y empezaron a escribir y con eso hicieron esa transformación y lograron leer. Ahora, esa transformación, como digo, es tan reciente que no viene desde que nacemos. No venimos con eso, pero ya sabemos cómo enseñarlo».
«¿Sabés en qué país sí lográs que el 100% de los niños lea en primer grado? En Cuba. ¿Y cómo lo hacen? Enseñando los sonidos y las letras. Entonces yo digo: mirá, eso te demuestra que no es ideología, es estupidez. ¿Por qué? Porque si es ideología, copiemos a los que tienen una ideología de un lado o del otro, pero que, en vez de seguir la estupidez, siguen la ciencia.»
1 de cada 10
La crisis educativa argentina quedó nuevamente en evidencia cuando se supo que sólo 1 de cada 10 estudiantes logran finalizar la escuela secundaria en tiempo y forma, con contenidos satisfactorios en lengua y matemática. Marina Bertone, docente de primaria y vocera de Argentinos por la Educación, analizó en la FM 99.9 las causas de este retroceso y marcó los puntos en los que debe ponerse el foco para revertir la tendencia.
«Sólo diez de cada cien chicos son los que finalizan en tiempo y forma su trayectoria, incluyendo, por supuesto, primaria, secundaria y nivel inicial», dijo. «Es un poco complejo este índice, porque por un lado tenemos más chicos que terminan, que llegan a finalizar sus estudios secundarios pero esos datos se cruzan con datos que refieren a quienes han finalizado satisfactoriamente, con contenidos adquiridos de lengua y matemática y eso es lo que hace que caiga estrepitosamente el número, porque, si bien hablamos de un 63% de chicos que finalizan los estudios secundarios, solamente el 10% en la media general del país lo hace en tiempo y forma y con resultados que les permiten insertarse, ya sea en estudios universitarios o terciarios».
Bertone puso en relieve cierto cambio en el paradigma en el último tiempo: «Este es un problema multicausal, es muy complejo determinar. Pensemos que estos chicos son chicos que empezaron la primaria en el 2013, y la verdad es que han pasado varios gobiernos, distintos colores políticos. Este es un régimen federal donde cada provincia elige su forma, sus políticas y sus planes de acción. Yo creo que le ha hecho mucho bien a nuestro país en general que se hayan tomado acciones en cuanto a la lectura y la escritura, porque eso sí, se vio una leve mejoría, y esto fue algo que Argentinos por la Educación puso de relieve con su campaña. Y la verdad que el gobierno nacional el año pasado elaboró, a través del Ministerio de Capital Humano, un plan de alfabetización nacional. Yo creo que eso es importante: volver a focalizar en cosas que tienen que ser para todo el país, porque si bien tenemos diferencias regionales, jurisdiccionales, hay algo en lo que hay que volver a las bases, hay que unificar ciertos criterios, así como se hizo en prácticas del lenguaje, y todavía con políticas a largo plazo no van a dar resultado inmediato».
Agregó: «Me parece que ahora es el turno de matemática. En matemática, si bien se habla muchas veces del método Singapur, de todas ideas que son más bien inmigrantes, no hubo en los últimos años una atención plena al área. Yo creo que es importante igual el tema de la alfabetización, la lectura, porque el lenguaje es lo que nos atraviesa y lo que nos hace ser parte de la sociedad. Y por supuesto que también afecta; por ejemplo, los enunciados matemáticos de situaciones problemáticas no se pueden abordar si uno no tiene una comprensión lectora. Pero creo que la matemática tiene otras habilidades, otras competencias que tienen que ver con el pensamiento más deductivo, lógico-matemático, que hay que repensar y ver cómo se puede hacer una transversalidad desde jardín. Tendríamos que ver qué estamos haciendo a nivel nacional, porque cada jurisdicción adapta. Pero igual el índice muestra muchas diferencias según el nivel socioeconómico; o sea, que ahí también tenemos un dato: que cuando no hay inversión o cuando hay provincias que tienen situaciones más desfavorecidas, tenemos los resultados que son más bajos aún.»
También dijo: «Hay algo que me da tristeza como educadora —porque hace muy poquito me recibí de licenciada en Educación, o sea que a mí me interesa la educación y quiero seguir aportando— es que hay que construir de nuevo lazos que den confianza a esa relación que había entre familia y escuela. Hoy en día ni la familia ni la sociedad confía como se solía confiar antes. Si a mediados del siglo XX la escuela era un motor de ascenso social, hoy también las pantallas han irrumpido y han hecho mucho daño en el secundario y en los chicos. Esa idea de querer ser youtuber, de que no te sirve quizás una carrera, un posgrado, que la inversión y la plata rápida es todo… está consumiendo muchos sueños y muchas ideas de ascenso que puede dar el estudio. Y es algo que tenemos que tratar de reparar porque a veces hay mucha desinformación. En TikTok me llegan cada tanto mensajes de «no te podés hacer rico, largá con esto», y es realmente triste pensarlo así.»
Hay mucho trabajo por hacer, y la necesidad de hacerlo es urgente. Si bien hay ejemplos de personas que retomaron la educación de más grandes y pudieron superarse, son casos aislados. El futuro del país requiere de un sistema de educación fuerte, efectivo, y que sea una prioridad para la política sin importar las ideologías, basándose en lo que dice la ciencia, que coincide con lo que dicta el sentido común: a leer y a sumar, no se aprende por arte de magia. Requiere tiempo, dedicación, y una metodología precisa, cuyos resultados sean claros y efectivos.
