¿Hipocresía, o complicidad?

Al final, parece que no hubo abuso alguno en la Escuela Nº21, sino una falsa denuncia que sirvió como excusa para «reordenar» el barrio de acuerdo a los intereses de una banda narco y de otros actores que aparecen en las sombras. ¿Los gremios ahora, tendrán algo que decir?

¿Distraídos? ¿Cómplices? Resulta extraño que, tanto el SUTEBA como los otros gremios que impulsaron el paro y la marcha luego de los incidentes violentos ocurridos en torno a la Escuela Nº21, hayan tenido una lectura tan distinta de lo sucedido, si se la compara con lo que, tanto los docentes y vecinos del lugar, como las personas que trabajan en estos territorios, sospecharon del primer momento: que todo lo que sucedió, estuvo armado y premeditado, impulsado por personas con fuertes vínculos con el narcotráfico y la delincuencia; y por agrupaciones que están impulsando el avance de sus propios intereses en el barrio El Caribe.

Los protagonistas

Hace una semana, Noticias y Protagonistas publicaba en esta misma sección un documento exclusivo en el cual la propia comunidad educativa afectada por los graves incidentes en la Escuela Nº 21, en la casa de un alumno —la cual fue incendiada— y en un comedor adjunto a dicha vivienda, identificaron a los protagonistas de esta maniobra que se intentó vender como una pueblada y que ahora, quedó en evidencia, era una maniobra violenta para «reordenar» el barrio según los intereses de una banda narco y de otros actores que aparecen en las sombras de este conflicto.

La correcta identificación, puntual y concreta, de quienes efectivamente actuaron de manera violenta, fue crucial para avanzar con una nueva línea de investigación que permitió ahora conocer, de manera clara, de qué se trató esta maniobra: el incendio de la casa del menor acusado fue el primer paso en un plan que, lo que pretendía, era usurpar el terreno para así después convertirlo en un punto de venta de droga en el barrio.

Pero la maniobra no termina allí, sino que tenía también como objetivo al comedor Mil Sonrisas, el cual se encuentra adjunto a la vivienda incendiada. En medio de todos estos incidentes, los titulares del comedor fueron también amenazados, acusándolos —de manera completamente fabricada y falsa, queda claro— de haber sido ellos quienes en una instancia previa abusaron del menor acusado a su vez también de abusar de dos compañeritas. En su momento, los terrenos en cuestión fueron cedidos a los titulares del comedor por parte del ANSES, trámite que se hizo en regla y del cual está disponible toda la documentación correspondiente. A pesar de ello, ahora apareció metida en medio la fundación vinculada con la Facultad de Arquitectura que lidera Fernando Cacopardo a decirle a la familia que administraba el comedor que «no es conveniente» que vuelvan a su vivienda porque planean abrir, en ese lugar, un centro cultural. Una de las principales impulsoras de esta violenta maniobra, está identificada como militante de una agrupación con claros vínculos con esta fundación.

Ahora que los allanamientos impulsados por la Justicia permitieron la detención de dos personas, una de 19 y otra de 27 años —este último, en posesión de una piedra de clorhidrato de cocaína de 50 gramos—, el secuestro de 19 celulares y la notificación de una restricción de acercamiento hacia las víctimas a cuatro personas, empiezan a quedar claras las motivaciones detrás de esa jornada de violencia aparentemente insensata que tanto conmocionó a nuestra ciudad.

¿Y los gremios?

Ahora bien, con el diario del lunes en la mano, aún queda comprender la actitud que tuvieron los gremios vinculados con la educación a partir de estos incidentes, ya que el paro y la marcha convocados, están claramente alineados con un relato falso: que, ante la falta de respuestas por el Estado, la sociedad conmocionada recurre a la violencia.

Claramente esto no fue lo que ocurrió: aquí, una familia criminal con fuertes vínculos con el narcotráfico, armó una maniobra para desplazar del barrio El Caribe a dos familias para poder disponer de los terrenos, uno para dedicarlo a la venta de droga, y otro para que Cacopardo y compañía puedan poner allí su centro cultural.

Los gremios, ¿son cómplices de esta maniobra? ¿O están tan alejados de la realidad de los barrios y de los trabajadores que dicen representar, que cayeron inocentemente en el relato de esta gente?

Existe una tercera lectura: que, aprovechando la conmoción que provocó esa jornada de violencia en la sociedad, tanto los gremios, como Fernanda Montoto Raverta con su carta abierta a los docentes, buscaron capitalizar políticamente estos eventos para pegarle así tanto al gobierno nacional como a la administración municipal, dejando burdamente de lado al gobierno provincial que lidera —es una manera de decir— Axel Kicillof.

Que, como caranchos, usaron la desgracia que atraviesan hoy dos familias violentadas y desplazadas, para darle impulso a sus mezquinos intereses, tanto políticos como personales.