Disputas milenarias

La crucial coyuntura que atraviesa Medio Oriente hace que disputas milenarias se vuelvan presentes.

Bajo los denominativos generales solemos referirnos a Irán como una nación controlada por el clero islamita chií, asumiendo que hay una uniformidad monocolor en dicha nación. En realidad, el país está profundamente atravesado por luchas intestinas que nacieron hace siglos.

En esa simplificación extrema, de un lado de la historia está el Sha de Persia, Reza Palavhi y, del otro, Ruollah Jomeini. Hoy, en esta coyuntura álgida, con la mayor protesta en la historia de las mujeres iraníes por su derecho a la existencia como seres humanos, encontramos por un lado al régimen de los mullah en la persona de Ali Jameini, y en el otro extremo al hijo del Sha. Pero, aunque lo parezca, éstos no son los actores centrales de la historia.

Un datado informe de la DW señala que: «Todos los persas son iraníes, pero no todos los iraníes son persas. Irán es un Estado multiétnico, con numerosos pueblos que comparten una larga historia común. Tras la conquista árabe en el siglo VII, se introdujo el Islam. Sin embargo, la población conservó su lengua persa, que sigue siendo hoy en día un elemento central de la identidad iraní».

En el siglo XVI, el sha Ismail I, fundador de la dinastía safávida, declaró el islam chií como religión oficial del Estado. Con ello, Irán se distanció deliberadamente del Imperio otomano, de mayoría suní, contra el que Irán defendía su integridad territorial. Durante siglos, Persia fue una potencia central en la región. En 1935, el sha Mohammad Reza Pahlavi renombró oficialmente el Estado como «Irán», para promover una identidad nacional moderna.

Un dato clave que habla de la multietnicidad del país es que «el sistema político está respaldado por seguidores ideológicamente fieles a la República Islámica, su pertenencia étnica no importa. Así, el líder religioso del país, el ayatolá Alí Jamenei, es de origen azerbaiyano; el actual presidente, Masoud Peseshkian, de origen mitad kurdo y mitad azerbaiyano; y Ali Shamkhani, asesor del líder supremo, es de origen árabe».

Las fronteras de Irán, antiguas marcas del imperio persa, están vinculadas a otros pueblos y etnias que, en su mayoría, adoptaron el Islam como un modo de proteger su propia identidad cultural. Esa situación está presente hoy, lejos de los estereotipos comunes.

La novedad para los territorios culturizados por el Islam desde el siglo VII de la era cristiana, es que el nuevo actor central son las mujeres, a las que la fuerzas criminales del régimen han asesinado con especial dedicación. Hoy, en un impasse crucial, la libertad de estos pueblos está en juego ante un mundo que se mira el ombligo y no parece conmoverse ante tanta masacre vil.