Deberían pedir perdón

Al concluir su mandato en 2019 —con Guillermo Montenegro ya elegido como su sucesor—, el diario de Florencio Iglesias publicó un racconto burlón y agresivo de los cuatro años de la intendencia de Carlos Fernando Arroyo.

Destacaba en la burla, la advertencia del ex jefe comunal señalando que Mar del Plata debía preparase para un posible tsunami. Como marplatense con una vida transcurrida en la ciudad, sabía de qué hablaba. Por esa, y tantas otras cuestiones, deberían por lo menos pedir perdón.

Al asumir en ese mismo año, Guillermo Montenegro le decía, a esta comunidad que le creyó que él iba a ser parte de la solución: «La seguridad va a ocupar un lugar central en mi gestión. Y sé de lo que estoy hablando. Desde mi experiencia como fiscal, luego como juez y después como Ministro de Justicia y Seguridad, voy a aplicar lo que aprendí para volcarlo a favor de la convivencia en nuestro distrito. Entre los vecinos y los delincuentes, yo siempre elijo pararme al lado de los vecinos. Voy a destinar más recursos al área y trabajaré con todas las fuerzas de seguridad en un plan estratégico antidelito». Agregaba: «Además, vamos a incorporar tecnología de última generación para prevenir y cuidar a los ciudadanos. Vamos a aumentar los controles y a perseguir al crimen organizado como la trata, los robos y el narcotráfico. Como sostuve en campaña, voy a convertir el Centro de Operaciones y Monitoreo en mi despacho para tener un control personal de todo lo que ocurra en Mar del Plata, y así trabajar juntos para que nuestra ciudad sea más segura. Vamos a colaborar con el Poder Judicial para poder agilizar la justicia».

Nada de ello ha ocurrido: no hay incorporación de tecnología, no hay personal suficiente en el COM y el despacho —que, provisoriamente, hoy no ocupa— no funciona en el COM. Esto sólo por señalar algunos aspectos. Mientras tanto, el actor suplente no tiene ni idea de estos temas. Pero, políticamente, hay algo más grave aún: Montenegro está fuertemente arrepentido de la jugada que lo colocó en el rol de legislador provincial. Si así no fuera, habría renunciado al cargo de intendente. La disputa por la mejor foto en eventos públicos, entre él y su relevante provisorio, es la comidilla de cafés y quinchos de la ciudad. Pero esto es anecdótico, los violentados, los muertos a tiros y los saqueados a toda hora y en cualquier ligar de la ciudad son lo que cuenta.

Y en ese sentido, el pacto con Axel Kicillof es evidente: No hay una sola critica ni al gobernador, ni a su ministro de inseguridad. En tanto, Kicillof viene y cuestiona a Milei por la falta de recursos federales, buscando engañar al ciudadano: la seguridad, es exclusiva responsabilidad de la provincia. Hasta los radicales se prenden al juego y cuestionan la distribución de la coparticipación, pero de las responsabilidades de la provincia en seguridad, ni una palabra.

Está claro que hay más de un responsable en esta tragedia. Todos esos, deberían pedirle perdón al último intendente que amó —con sus defectos y virtudes— a esta ciudad.