
Los hechos denunciados por el ex calderista de Manantiales, devenido en secretario general de UTHGRA Mar del Plata, al respecto de hechos de violencia en contra de su familia —repudiables, como todo hecho de violencia— exponen el caldo agrio que el propio Santín cocinó para construir la base de su poder. Lo que se cosecha cuando se siembran vientos…
Desde que llegó al cargo, Santín se dedicó a apretar a los comerciantes usando a este mismo grupo al que él ahora tilda de «mafioso». La imagen que ilustra esta columna lo muestra en buenas migas precisamente con César Daniel Calo, a quien distintas voces dentro tanto del club Alvarado como de otros clubes señalan como un fuerte actor en la vida de la institución, siendo uno de los que —como dijo Cristina Elisabeth Fernández—, «aguantan los trapos».
Amén de las denuncias en las fiscalías Nº10 y Nº12 de este departamento judicial, que están a la espera de que el análisis y seguimiento de las imágenes de las cámaras de seguridad del club brinden alguna pista valedera judicialmente, Santín carga verbo y habla de presiones en alza por cuestiones de dinero y posiciones económicas, aduciendo que, si conoce a los actores que denuncia, es por ser, desde muy niño, seguidor del club. Tengamos también presente su íntima relación de años con Facundo Moyano.
Santín es un seguidor de auténticos mafiosos, a los que admira, como los que aparecen en las series de narcos de Netflix, de las que es un verdadero fan. Dado su CI, es posible que, tanto mirar ficción, se haya creído que él es un personaje de igual tenor. Se dice de él que ha hecho consultas de variado tono al respecto del valor de la vida humana. Ojalá haya sido sólo un juego de palabras en algún momento de relajada tertulia.
Santín miente al afirmar que, los contratados de la barra, era músicos. Habría, entre ellos, los que le dan al bombo, y hasta algún instrumento de viento, pero el propósito siempre fue meter miedo y presión para obtener ventajas en contra de los intereses de los empresarios o, por caso, el gremio de pasteleros.
Su soledad es notoria: salió a lloriquiear y nadie lo ampara o siquiera se escandaliza por su padecer. O, mejor dicho, por el de su familia, que terminó siendo la víctima innecesaria de sus patrones de conducta. Tampoco se ha escuchado expresión alguna por parte de Facundo Moyano, o del secretario general de la CGT Mar del Plata, José Luis Rocha. El silencio por parte de la bancada de los unidos patrióticamente, que no ha dicho «esta boca es mía», es absoluto.
En su momento, cuando difundí los hechos vinculados a la presión y el ataque a los trabajadores de De Top Cake —empresa que no recibió el amparo de nadie— por los cuales hay en curso una denuncia penal, Santín se puso furioso conmigo por vulnerar el cordón sanitario que construyó para dejar en silencio mediático-político los actos perpetrados por estos músicos y redoblantes a los que ahora acusa de mafiosos.
No hay razones para ser solidario con el secretario general de los gastronómicos. Ha sembrado vientos y está cosechando su propia tempestad. Sí lo lamento por su familia.
