Entre los sueños de la niñez y el abuso del espacio publico

Esta semana tuvo revelaciones interesantes en lo local, desde las declaraciones públicas del intendente provisorio Neme al despliegue de la empresa de publicidad Sarmiento en los espacios públicos de la ciudad.

Agustín Neme —el intendente provisorio— admitió públicamente que, su sueño de niño, era ser intendente. Es obvio que ha estado dispuesto a hacer lo que fuera para lograrlo. Por otra parte, en términos concretos, comenzó a desplegar la empresa de publicidad Sarmiento su nueva cartelería pública de naturaleza claramente invasiva en los espacios públicos de la ciudad.

Este modelo de cartelería gigantesca es, claramente, poco o nada apropiado para los espacios públicos de Mar del Plata. Según señaló el concejal Pablo Obeid, está en el pliego, lo cual lo convierte en algo legal y admisible, pero plantea el siguiente interrogante: ¿ninguno de lo que lo votó, tomó dimensión del tamaño abusivo que iba a tener este modelo de publicidad en la vía pública? Da que no.

Otro gran interrogante en el inicio de la temporada alta es hasta dónde dará el acting de acciones de limpieza urbana desplegado por el nuevo presidente del EMSUR, mostrándose con una cuadrilla recogiendo basura en una de las esquinas de la ciudad. El fenómeno de la enorme suciedad que afecta a todo el partido de General Pueyrredón no se soluciona con estos videos corriendo a velocidad en una exhibición patética.

Se ha perdido completamente el control político sobre los usos y las costumbres en la ciudad. No hay control sobre los espacios urbanos. Se arroja basura en todas partes y a cualquier hora, sin más. Primero, fueron los llamados «puntos verdes», un cambio impulsado por el ex intendente Elio Aprile, a lo que hay que agregarle la mala decisión de transferirle la responsabilidad de la poda a los vecinos frentistas. Sólo esos dos elementos, ya generan un caos diario de mugre en la ciudad que es insoportable.

Si no hay un llamado serio hacia los vecinos sobre la responsabilidad al respecto de su frente de vivienda, y si no se genera conciencia sobre el costo de la recolección y disposición, lo único que se logra es este combo disvalioso actual, que combina tanto indolencia cívica como un gasto exorbitante para que la ciudad esté sucia de todos modos.

Las normas están, pero no aplican, y eso genera una laxitud en el comportamiento colectivo que hace que el problema ya sea inmanejable. Hay que imponer el cumplimiento de las reglas, lo que es responsabilidad exclusiva del municipio. No es el camino esto de dejar hacer y dejar correr, porque así estamos: criticando lo que se genera por la propia falta de actitudes responsables por parte de la ciudadanía.

En el mismo orden, una vez más aparecen los cuestionamientos sobre los espacios de playa pública, como siempre, con la mirada puesta exclusivamente en unos pocos balnearios de los muchos que cuenta la ciudad con sus 41 km de costa. Una vez más, se deja que hablan y metan ruido los que sólo quieren ver a una Mar del Plata en tono menor, sin capacidad de respuesta a las necesidades de sus visitantes.

Querer a la ciudad, es algo más que buscar una caricia al ego personal. Hay que estar día a día al frente de la resolución de los problemas concretos y reales. Si no se está, los problemas, por menores que sean, se multiplican y hacen daño. Mucho daño.