La conjura de los necios

Como en la novela de John Kennedy Toole, en la que el personaje de Ignatius Reylli, a pesar de odiarlo, se lanza a buscar trabajo y termina viviendo una serie de aventuras con final atroz, de la misma manera tragicómica transcurre la triste realidad de nuestra ciudad.

Se enviciaron con el relato. Con la fábula. Porque siempre fue una fábula la idea de que Guillermo Montenegro pudiera terminar ocupando un cargo ministerial en el gobierno de Javier Gerardo Milei.

Nuestro Ignatius vernáculo llegó a intendente de la ciudad luego de haber afirmado, una y otra vez —y sólo dos años antes de aparecerse por estos pagos con pretensiones políticas— que su lugar en el mundo, era la bonaerense ciudad de San Isidro. Mediante la maliciosa conducta de la ex gobernadora María Eugenia Vidal, se lanzaron a una infame batalla de desgaste contra Carlos Fernando Arroyo, creando un escenario ficticio que le habilitó, por caso, la fantasía de que iba a ser él quien resolvería el tremendo drama de la inseguridad en este municipio, algo que, seis años más tarde, es absolutamente evidente que no sucedió.

La conjura de los necios lo llevó más tarde a nuestro Ignatius a subirse al colectivo violeta, poniendo una ficha que lo llevó a dejar en jirones su dignidad, llegando incluso a vestir el buzo violeta en un patético acto realizado en La Matanza, todo en la absurda apuesta de llegar a ser ministro, algo que jamás fue parte de los planes del actual gobierno nacional.

En este juego de necedades, la impostura de la intendencia en manos de Agustín Neme y su pater político, Emiliano Giri, está siendo la comidilla de la ciudad. El colmo del patetismo es que hoy, en el WhatsApp de ambos —Neme y Montenegro— se lee la palabra «intendente». Es tant triste, que el pater del sustituto le ha pedido ya a varios periodistas que dejen de referirse a él con ese término. Todo horrible.

En tanto, los problemas se suman. La suciedad urbana está en niveles preocupantes, con una responsabilidad compartida entre los vecinos que agreden a su ciudad arrojando basura a troche y moche, y una administración que no encuentra la manera de mejorar los mecanismos de control o de encontrarle algún tipo de solución al problema.

Pero no es lo único: la expansión del esquema empresario vinculado al desarrollo de barrios cerrados está trayendo problemas de infraestructura serios, que deben abordarse de manera urgente. Sin embargo, no hay cuadros hoy en el municipio para este enorme compromiso. La actitud de armar una planta política de cargos sin responsabilidad alguna de gestión ha desarmado la capacidad de acción municipal. No hay respuestas reales. Quienes entienden de política, señalan que el momento no da para más y piden cambiar todo el gabinete, aún a costa de los propios. Urge impulsar una nueva gestión que genere mejores condiciones, aunque sea pensando en términos mínimos.

¿Qué son términos mínimos? Un fuerte golpe de timón que despeje el interrogante de cuál será el destino de la ciudad en 2027 y en manos de quién podemos terminar.