Un presupuesto tardío, y plagado de dudas

Nunca jamás, desde 1984 a la fecha, ha conocido el ciudadano de a pie lo que implica el presupuesto municipal, ni siquiera en la primera década de la democracia, cuando el renacido interés por la política implicaba también querer saber quiénes, cómo y por qué votaban lo que votaban.

Hoy, en la era de la híper conectividad, las transmisiones en directo de las sesiones del HCD son apenas seguidas desde las oficinas municipales. Ni siquiera el ágora digital logra que el ciudadano de a pie se interese, lo que es un dato grave que, en estos años, ha sido bien aprovechado para hacer y deshacer a gusto.

La sesión del Honorable Concejo Deliberante en la que se trató —con notable atraso— el presupuesto de este año —al que se debió haber llevado a debate y sanción allá por octubre del 2025— no fue la excepción. Todos a una coincidieron en la intensidad y precisión con la que el ex intendente GAP se refirió a las imprecisiones y extrañas pautas de ajusto del presupuesto en el que hay una carga brutal sobre servicios que están por fuera de todo cálculo racional.

El curul más antiguo —llegó a la banca por primera vez en 1991, de la mano de Juan Gariboto, a quien traicionó meses después— jugó a sus anchas, dejando sin palabras a un oficialismo domesticado que no está en condiciones ni de alzar la voz. Obvio que son esos 14 votos con los que se cuenta gracias a la alianza que —así lo afirma Montenegro— no se va a romper jamás, los que permiten imponer un presupuesto no debatido en comisiones y sin funcionarios que lo defiendan, y dale que va.

De todas formas, hubiera sido difícil que ningún funcionario pudiera defenderlo, porque no están capacitados para ello: distintas voces provenientes del ámbito de la manzana de las sombras afirman que el presupuesto en cuestión fue elaborado en CABA por un equipo que ni siquiera conoce debidamente a Mar del Plata.

Sin embargo, la jornada deliberativa tuvo algunos aciertos, como el del concejal Juan Manuel Cheppi que señaló: «Son therians: se autoperciben libertarios, pero en los hechos, aumentan impuestos y tasas». Luego agregó: «No pueden hablar de liberalismo cuando aumentan las tasas por encima de la inflación, incrementan la tasa vial a los combustibles —que está entre las más altas de la provincia—, utilizan esos recursos para pagar sueldos y al mismo tiempo incrementan la deuda pública cuando proclaman déficit cero».

Como los therian, han cambiado la naturaleza misma de la democracia convirtiendo el debate en nombre de los contribuyentes en un galimatías que sólo emergerá, en toda su dimensión, cuando lleguen las boletas de tasas y servicios. Obvio que aquello de «si tiene cuatro patas, cola y ladra, es perro», ya no tiene sentido alguno.

Un flaco favor se hace a sí misma la bancada radical, si quiere volver al poder en la comuna, siendo parte de estas carnestolendas patéticas lideradas por un intendente sustituto que, preguntado sobre qué hacer por Mar del Plata, responde «soñar».

El pibe cree que se le ha cumplido el sueño, cuando en realidad lidera el camino hacia la pesadilla.