Impudicia esencial

edi984

Es un rasgo del poder negar y hacer del verbo un fuelle para encender el fuego de la confusión. Así han transcurrido estos días precisamente desde que el juez Martínez de Giorgi anunció por todo lo alto que citaba a indagatoria a Hebe de Bonafini, la controversial presidenta de Madres de Plaza de Mayo. Desde 2011, y a partir de la denuncia de Jorge Vítale sobre corrupción con los fondos previstos para la Fundación Sueños Compartidos,  que el magistrado tiene todos los elementos para desarrollar los aspectos cargosos de la causa que implica una defraudación millonaria al Estado nacional.

Hebe de Bonafini tomó la oportunidad que le regaló Martínez de Giorgi para poner en marcha la algarada kirchnerista de persecución política y a insistir en términos como “el Papa perdonó a Hebe, y el juez busca meterla presa” que se escuchó en Mar del Plata en estas horas al paso de Bonafini por la ciudad. Si bien es casi para el abordaje psicólogo la conducta de Jorge Bergoglio en estos casos de reconciliación con quienes lo han denostado y perseguido al punto de la humillación, es enorme en la conducta de un pastor de almas dicha capacidad de perdón. Ese perdón tiene que ver con lo no terrenal; en la conducta de los hombres en la Tierra, lo punible lo es si a derecho corresponde. Su Señoría Martínez de Giorgi se cubre de vergüenza propia y avergüenza el estado de derecho al disponer la captura y luego declinar la manda por unas palabras al viento de Bonafini, quien le anunció “que en algún momento irá a declarar”, lo que claramente deja establecido lo poco que a la señora le importa la vigencia de la ley.

Dos personalidades del mundo de los derechos humanos enfocados en la búsqueda de justicia por los crímenes de la dictadura, fueron contundentes al respecto. Norma Morandini, directora del Observatorio de los Derechos Humanos del Senado, señaló: “Yo la conozco desde hace mucho tiempo y Hebe no cree en la democracia. La he visto con corresponsales extranjeros; ella interrumpía la entrevista si no le gustaban los temas o si alguien le ponía el tema de los dos demonios”. Para agregar luego: “El pañuelo no es de Hebe, el pañuelo la trasciende. Yo tuve muchos años de mi vida en los que me conmovía al ver un pañuelo, porque he visto lo que hizo mi madre y otras madres que no preguntaban si sos radical o peronista; eran madres que tuvieron el coraje de increpar al poder para pedir verdad y justicia. Hubo algunas que dejaron la plaza y se instalaron en el palacio, y el palacio las obnubiló”. Por su parte, también el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel se ocupó del tema, al indicar que “todos somos iguales ante la ley, por lo cual Hebe debe declarar como cualquier otro ciudadano”. Pérez Esquivel criticó no obstante a Martínez de Giorgi, argumentando que no hacía falta la infantería ni generar semejante escándalo, al tiempo que apuntó que toda corrupción es condenable.

Y es así con pañuelo o sin él. Toda corrupción es condenable, y la que representa Hebe de Bonafini, también.