Quebranto

La crisis de la industria pesquera continúa: diez fábricas cerradas y 500 puestos de trabajo perdidos sólo en Mar del Plata, mientras que el aumento internacional del combustible amenaza con terminar de hacer quebrar a las empresas del sector.

La industria pesquera argentina exporta el 95% de lo que produce, siendo una fuente de divisas para nuestro país. Sostiene a decenas de miles de puestos de trabajo genuinos. No recibe subsidios. Tiene un potencial enorme. Y, sin embargo, está atravesando su peor momento en años, en parte, por la necedad de un gobierno que no entiende lo que le explican y que, en el mejor de los casos, mira para otro lado.

Postergados

Jorge Frías, secretario general de la Asociación Argentina de Capitanes, Pilotos y Patrones de Pesca, habló con la FM 99.9 desde la Seafood Expo Global de Barcelona y reveló la firma de convenios colectivos con las cámaras CEPA y CAPECA hasta 2030. «Es absolutamente posible, porque se basa en el entendimiento entre las partes, en comprender la realidad de esta industria», explicó.

Desde la feria más importante de la industria a nivel mundial, Frías advirtió que Argentina sigue exportando materia prima cruda mientras el resto del mundo avanza con productos porcionados, condimentados y listos para consumir: «Argentina tiene esa deuda. No puede no ver esto. No veo más que los funcionarios del área acá, cuando ves que otros países juegan con todo en este escenario».

También apuntó contra la dinámica de conflicto gremial que paraliza al sector: «Cualquier lucha por obtener un beneficio económico superador, pero que para ello me tenga un mes parado, ya perdió cualquier rentabilidad posible. Si no se resuelve antes de que inicie la temporada, en la primera semana de la discusión hay que bajar la bandera y salir a producir».

Frías reclamó que la pesca sea tratada como política de Estado: «Si solamente vamos a hablar entre empresarios pesqueros, pescadores y funcionarios de la cartera, y no se involucra el resto del gobierno, va a pasar siempre esto y vamos a quedar siempre postergados. Es una pena porque es un negocio con muchísimo potencial».

Tiro de gracia

Giuliano Falconnat, director del Grupo SIP, detalló en la FM 99.9 el combo que está asfixiando a la flota: «Todos los incrementos impositivos y las retenciones continúan vigentes, el impuesto a las ganancias para el personal embarcado continúa vigente, los precios internacionales siguen bajos, el dólar sigue atrasado en términos de exportación. No alcanza para que las empresas puedan cubrir los costos de producción». A todo eso se le sumó el aumento del combustible por el conflicto en Medio Oriente.

Falconnat describió una actividad que cada día hace cuentas más finas: «Algunas empresas siguen saliendo, pero se evalúan con números más finos: si pierden menos saliendo a pescar o si pierden menos con el barco en el muelle, pero sin tener un circuito productivo que les permita pagar los sueldos, las tasas al Estado, al consorcio portuario».

La única medida del gobierno fue retrotraer parcialmente el derecho único de extracción, que había aumentado un 300% interanual en 2025. Pero lo que más lo alarmó es un anuncio de la Secretaría de Pesca: «Ya comienza a hablar del traspaso de cuotas de los barcos más chicos a los barcos más grandes, de los que traen el pescado fresco a los que procesan en el agua. Sería el tiro de gracia para que el resto de las fábricas que hoy siguen produciendo tengan la misma suerte que las que ya bajaron la persiana».

Falconnat detalló las medidas que el sector reclama: supresión temporal del IVA en el combustible, quita de retenciones, eliminación del impuesto a las ganancias para el personal embarcado y aceleración de las devoluciones de IVA por exportación: «Con ese dinero las empresas financian el traslado de la materia prima, la producción, el almacenamiento, los sueldos. Hay una demora muy grande del Estado en devolver esa percepción de IVA».

Si nada cambia antes de la temporada de langostino, anticipó Falconnat, el escenario de 2025 se repite: «Cuando el puerto no tiene actividad, se paraliza toda la cadena de valor: carga, descarga, control, agencias marítimas, almacenes navales, astilleros. Y Mar del Plata la padece en términos de consumo».

Quebranto

La Cámara Pesquera Argentina ALFA (CAPEAR ALFA) emitió dos comunicados en abril. El primero, un informe técnico, revela que el precio actual de la merluza en muelle —$1.100 por kilo más IVA— no representa un punto de equilibrio sino un doble quebranto: al barco no le alcanza para cubrir los gastos de un viaje y a la planta no le sirve para alcanzar el costo de producción.

El informe detalla la dependencia estructural del petróleo en toda la cadena: combustible de los buques, transporte, hielo, energía, plásticos, envases, nylon, cartón corrugado, paños de red, boyas, cabos, cables, refrigerantes y lubricantes. Cada variación en el precio del crudo se multiplica de punta a punta. ALFA también señala que más de 15 gremios participan en la cadena y reclaman aumentos en pesos sobre un ecosistema dolarizado, lo que califica como imposible de sostener sin destruir lo que queda de rentabilidad.

El segundo comunicado, emitido tras un nuevo aumento del gasoil, califica la situación de «quebranto agravado» y pide medidas urgentes: eliminación del IVA al combustible de los buques, quita del IVA al pescado exportado y supresión de las tasas de exportación. El documento cierra con una frase clarísima: «La pesca argentina no pide subsidios. Pide reglas claras, alivio impositivo y responsabilidad compartida para sostener un sector que genera empleo, valor agregado y exportaciones genuinas».

Pero, pareciera que, por ahora, para la pesca la máxima sería «a palabras sabias, oídos sordos».