Argentina en el umbral de una transformación histórica

El desafío de convertir los dólares del subsuelo y del campo en prosperidad real, y de rescatar a una industria pesquera a la deriva.

Hay momentos en la vida de un país que merecen ser nombrados con precisión, sin triunfalismo pero tampoco sin dejar de reconocer su magnitud. Este es uno de esos momentos.

Las exportaciones de petróleo alcanzaron en abril último 1.544 millones de dólares, un salto del 86% respecto al mismo mes del año anterior. Y lo más significativo es que esa suba no se explica solo por precios internacionales favorables: el 53% del incremento provino de mayores volúmenes exportados. Los datos son fuertes y exponen la tendencia firme a cerrar el histórico desbalance de comercio exterior que llevó a recurrentes crisis de balanza de pagos.

El superávit energético de abril llegó a 1.402 millones de dólares mensuales, el valor más alto de la historia argentina. Ese resultado fue producto simultáneo de un salto del 85,9% en las exportaciones y una caída del 45,4% en las importaciones energéticas.

El motor de todo esto tiene nombre: Vaca Muerta. La formación neuquina explica hoy el 68% del petróleo y el 56% del gas natural producidos en el país, con 4.470 pozos activos. Argentina roza los 874.000 barriles diarios, superando su techo histórico que se mantenía inamovible desde 1991. Pero la energía no está sola. El campo argentino también atraviesa un momento extraordinario. Con el maíz como motor principal, la agroindustria cerró el primer cuatrimestre de 2026 con exportaciones récord de 40 millones de toneladas, superando en un 11% el máximo anterior de 2022, con jornadas en el Complejo Gran Rosario donde se registraron más de 14.000 vehículos en un solo día.

Las proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario estiman una cosecha de soja de 50 millones de toneladas y 68 millones de maíz, con una liquidación de divisas del agro que rondaría los 36.100 millones de dólares en el año. Sumados ambos sectores, Argentina proyecta exportaciones totales por 94.400 millones de dólares en 2026, lo que representaría el mayor nivel de su historia.

Pero en medio de este panorama auspicioso, en Mar del Plata la flota chica lleva veinte días parada, la intermedia sale esporádicamente y las plantas trabajan al 50% de su capacidad instalada. Quince mil trabajadores están afectados por la caída de la actividad pesquera. Son 25.000 los puestos de trabajo directos y 75.000 los empleos indirectos que genera el Puerto de Mar del Plata. Una cadena que hoy cruje.

La postura del gobernador Kicillof, que no atiende la problemática provincial —que engulle la local— es la generadora de esta situación que requiere acciones ciertas y urgentes. De nada sirve la mesa de la pesca que anunció el gobernador cuando la representación de la provincia de Buenos Aires durante los cuatro últimos años no existió en cuanto a la defensa de los intereses genuinos del sector pesquero en el Consejo Federal Pesquero. El propio José «Pototo» Moscuzza, sentado a la izquierda de Kicillof en aquella reunión, le dijo al gobernador directamente: la representante bonaerense ante el CFP, la licenciada Carla Seain, «no ganó una votación». FIN.