La abogada cuestionó con dureza el funcionamiento de los juzgados de Familia de Mar del Plata, sostuvo que el niño «dijo desde siempre que era maltratado» y aseguró que el principal responsable fue un sistema que no escuchó las advertencias de médicos, especialistas y del propio menor.

La abogada Erika Hooft realizó una durísima crítica al funcionamiento del sistema judicial de Familia al analizar el caso de Lucas, el niño cuya historia volvió a conmover al país tras hacerse pública. En diálogo con la 99.9, sostuvo que «si el sistema hubiese actuado bien, esto no hubiese pasado» y afirmó que se trató de «muertes anunciadas» que fueron advertidas reiteradamente por profesionales de la salud.
«Tristemente quiero decir que no sé si nunca se escuchó algo así. Lucas, como tantos otros niños que transitan los juzgados de Familia, lo dicen. El tema es que muchos son muy chiquitos, algunos no tienen recursos para expresarse, pero todos los niños cuando son maltratados, de una forma u otra, lo intentan decir. Acá lo que falló fue el sistema judicial», señaló.
Para Hooft, la responsabilidad excede ampliamente a la madre del menor, sobre quien hoy se concentra la atención pública. «Está bien que se la investigue, nadie lo duda, pero si el sistema hubiese actuado correctamente, esto nunca habría pasado. Fueron muertes anunciadas. Los hospitales de Mar del Plata pedían ayuda a gritos y lo que ocurrió en Villa Gesell fue una consecuencia directa de lo que pasó acá», afirmó.
La letrada también cuestionó que, tras la causa penal, la madre pudiera seguir teniendo hijos a su cargo: «No hago derecho penal y no sé qué pasó allí, pero tampoco entiendo cómo pudo continuar en esa situación».
Uno de los puntos centrales de su análisis estuvo puesto en el funcionamiento de los juzgados de Familia y la insistencia con las revinculaciones. «Hay una mezcla de conceptos muy peligrosa. Parece que cuando uno representa familias que no son las biológicas se las mira con desconfianza. Hay veces que las familias de origen no pueden ejercer ese rol y eso hay que decirlo. Eso no significa negar la identidad de un niño, al contrario», indicó.
En ese sentido reveló un aspecto que considera determinante en la historia de Lucas: «Hasta en su identidad fallaron. Nosotros creemos que Lucas no era hijo biológico de Picar, aunque él lo anotó como propio. Lucía ya estaba embarazada de cuatro meses cuando lo conoció. Si Lucas hubiese conocido su verdadera identidad desde el primer día, este hombre jamás habría tenido derecho a estar a cargo de él durante todo este proceso».
Hooft repasó además la intervención de distintos magistrados y funcionarios judiciales en Mar del Plata y apuntó especialmente contra el rol de la Asesoría de Menores. «La figura del asesor de menores es clave. Es quien representa al niño, quien debe escucharlo y hablar por él. El juez puede apartarse de ese dictamen, pero en el 90% de los casos no lo hace. Si arrancamos con una asesoría que no acompañaba ni escuchaba realmente al niño, todo lo demás se vuelve muy difícil».
Según explicó, Lucas manifestó reiteradamente que no quería regresar con quienes lo maltrataban. «Lo citaron muchísimas veces, pero era una burla. Estamos hablando de un niño de tres años que sorprendía por cómo se expresaba. Decía que no quería ir, que lo golpeaban, que lo encerraban. Cada vez que veía a Lucía y a Javier se hacía encima automáticamente. ¿Qué más hacía falta para escuchar ese sufrimiento?», se preguntó.
La abogada también cuestionó el modo en que se realizan las audiencias de escucha de menores. «La escucha es mucho más que preguntar dos cosas. Hay que observar cómo habla el niño, cómo se mueve, cómo reacciona. En aquella época todo era a puertas cerradas: el juez salía y decía ‘ya escuché al niño’, nadie sabía qué había dicho realmente y luego aparecían resoluciones que condicionaban toda la causa. Eso tiene que cambiar».
Por ello reclamó que las entrevistas sean grabadas y con mecanismos de control. «La Corte ya dio directivas sobre cómo deben hacerse estas escuchas, pero muchas veces no se respetan. Tiene que haber un verdadero control del procedimiento».
La profesional recordó además que los propios médicos intentaron advertir sobre la gravedad del caso. «Los directores de los hospitales dejaban de atender pacientes para ir a declarar al juzgado. Entraban y salían indignados porque sentían que nadie los escuchaba. Eso pasó siempre en el caso de Lucas».
Hooft extendió sus críticas al funcionamiento general del Fuero de Familia marplatense. «Tengo 25 años de profesión y antes era distinto. Hoy muchas familias sienten que entran en una máquina de picar carne. Siempre les digo a mis clientes: tratemos de no entrar al sistema porque después dependemos del juzgado que nos toque, del equipo técnico y del asesor que intervenga».
Finalmente hizo un llamado tanto a los operadores judiciales como a las familias. «No son dueños de la verdad. Jueces, asesores, médicos, psicólogos y abogados tenemos que trabajar en equipo. Y a las familias les pido que hablen, que denuncien lo que les pasa. Es la única forma de cambiar las cosas. Hoy la voz más importante no es la mía: es la de Lucas. Por favor, escuchen a los chicos».