La economista analizó el momento económico del país y consideró que el Gobierno entendió que debe priorizar la actividad antes que seguir profundizando la baja de la inflación. Advirtió que el crédito para familias y empresas continúa siendo una de las principales trabas para la recuperación.

La economista Paula Bujía aseguró que el Gobierno enfrenta el desafío de recuperar el consumo y mejorar el poder adquisitivo de la población, aunque observó algunos indicadores que permiten ser moderadamente optimistas de cara a los próximos meses. En diálogo con la 99.9, sostuvo que el Ejecutivo parece haber comprendido que, en esta etapa, deberá privilegiar la recuperación de la actividad económica por encima de una reducción aún mayor de la inflación.
«Coincido con ese diagnóstico y creo que el Gobierno lo sabe», afirmó al ser consultada sobre la necesidad de generar condiciones para mejorar el bolsillo de la gente. En ese sentido recordó que «la confianza en el Gobierno viene mostrando una caída y una razón importante es el problema del consumo».
Explicó que durante los últimos siete u ocho meses los salarios reales sufrieron un deterioro debido a la aceleración inflacionaria provocada por la volatilidad cambiaria y financiera entre los procesos electorales del año pasado. «Los salarios acompañaron, cayeron los salarios reales y eso le pega muy mal a la confianza del consumidor y del Gobierno», indicó.
Sin embargo, consideró que ese escenario comenzó a revertirse. «Ya nuevamente estamos por debajo del 2% de inflación y las paritarias fueron corrigiendo salarios. Por el lado del consumo uno podría empezar a ser un poco más optimista», señaló.
Para Bujía también hubo un cambio de estrategia oficial. «En este trade off entre bajar la inflación y sostener el crecimiento, tal vez no intentar bajar más la inflación con menor nivel de actividad, sino también priorizar el crecimiento», explicó. En esa línea, estimó que el Gobierno permitirá un deslizamiento del tipo de cambio sin endurecer las tasas de interés, algo que favorecería la expansión del crédito. «El ministro ya está hablando de obra pública, de concesiones de rutas. Hay ciertos indicios para ser un poquito más optimista con la actividad. No digo que vayamos a crecer muchísimo, pero sí revertir este plató en el que estamos», afirmó.
De todos modos, reconoció que los sectores más golpeados siguen siendo el comercio y la construcción. «Son las dos materias pendientes, emplean mucha gente y tienen mucha tracción sobre otros sectores», remarcó.
Uno de los puntos más críticos de su análisis estuvo centrado en el mercado crediticio. Para la economista, el sistema financiero continúa desarticulado y eso impide una recuperación más acelerada del consumo y la inversión.
«Los créditos en pesos están con tasas altísimas, inclusive para empresas. Un 60% no condice con la inflación que tenemos ni con el rendimiento de otros activos financieros», explicó.
Según su visión, las entidades financieras todavía intentan corregir el aumento de la morosidad registrado durante el último año y eso deriva en condiciones excesivamente restrictivas. «Los bancos están tratando de corregir una situación de mora de los individuos y por eso prestan a tasas muy descolgadas de la inflación», sostuvo.
Fue especialmente crítica con las plataformas financieras digitales que ofrecen préstamos personales. «Mercado Pago está prestando al 500% anual, son tasas impensadas», señaló. Y resumió el problema con una frase contundente: «El mercado de crédito está roto y eso sigue afectando a sectores como el comercio y la construcción».
No obstante, consideró que si el Gobierno evita utilizar las tasas de interés como herramienta para controlar el tipo de cambio, el sistema financiero podría comenzar a normalizarse. «Eso ayuda para que el mercado de crédito se vaya corrigiendo», afirmó.
Consultada sobre la elevada carga tributaria, reconoció que la reducción de impuestos avanza mucho más lentamente de lo esperado. «Todo lo impositivo sigue siendo una cuenta pendiente», aseguró. Sin embargo, explicó que el Gobierno enfrenta una limitación concreta: «Hoy realmente no tiene espacio para bajar impuestos porque la recaudación no viene bien justamente por la menor actividad».
En ese contexto, proyectó que los próximos doce meses podrían mostrar una mejora, aunque sin grandes saltos. «Podrían ser mejores, pero no suena como que vaya a ser una fiesta; a lo sumo será una recuperación lenta», advirtió.
Finalmente destacó el cambio estructural que representa el crecimiento del sector energético para la economía argentina. «Los 30 mil millones de dólares que vamos a tener de exportaciones de energía son el cambio estructural más grande que ha tenido Argentina en los últimos años», indicó.
Ese fenómeno, explicó, no sólo fortalece la disponibilidad de divisas sino que convierte al país en autosuficiente en materia energética. Sin embargo, aclaró que ese crecimiento no alcanza para beneficiar de manera inmediata a todas las regiones. «Hay provincias impulsadas por la minería y el petróleo, mientras que el conurbano bonaerense sigue muy afectado por el comercio y la construcción», señaló.
Por eso definió el momento actual como una etapa de transición. «Sabíamos que íbamos a pasar de sectores donde no éramos competitivos a sectores donde sí lo somos. Esa transición nunca es fácil ni está exenta de personas que pierdan», concluyó.