El secretario general del SICONARA aseguró que la industria atraviesa un proceso de transformación tecnológica que obliga a actualizar convenios laborales y sistemas de capacitación. También advirtió que la seguridad a bordo debe seguir fortaleciéndose para reducir los accidentes.

El secretario general del Sindicato de Conductores Navales de la República Argentina (SICONARA), Daniel Flores, aseguró que la actividad pesquera continúa siendo rentable, aunque aclaró que esa rentabilidad responde a una profunda transformación tecnológica de la flota y de las distintas pesquerías que hoy operan en el país. En diálogo con la 99.9, sostuvo que el escenario actual es muy diferente al de hace algunas décadas y que los convenios laborales deben adecuarse a esa nueva realidad.
«Nosotros venimos trabajando hace más de un año en una adecuación del convenio justamente a la modernización de la flota y a las diferentes pesquerías que existen hoy. Ya no el objetivo principal es la merluza, sino distintas especies», explicó.
Flores remarcó que cuando se habla de rentabilidad es necesario comprender que «se transformó en rentable para otro tipo de barcos, no para los que estaban antes». En ese sentido indicó que las exigencias internacionales también cambiaron. «Los mercados son más exigentes y nosotros, además de defender al trabajador, tenemos que mirar el aspecto de la exportación», señaló.
Frente a quienes describen un escenario terminal para la industria, el dirigente sindical sostuvo que los datos muestran otra realidad. «No hay una empresa que esté en concurso preventivo. Todas han salido adelante con todo esto y apoyadas obviamente por los trabajadores», afirmó.
El dirigente explicó que la modernización tecnológica obliga también a revisar las condiciones laborales de los oficiales de máquinas. «Lo que tenemos escrito es un laudo del año 1975, cuando los barcos eran de 7.000 cajones de merluza con cuatro maquinistas. Hoy hablamos de barcos de 22 metros de eslora, con motores electrónicos de 1.100 caballos. Obviamente no es la misma dotación ni las mismas responsabilidades», indicó.
En ese contexto destacó la importancia de la capacitación permanente. «Nosotros tenemos continuamente cursos sobre motores electrónicos, nuevas normativas y seguridad. Hoy la responsabilidad de un oficial de máquinas no es solamente cuidar un buque de seis millones de dólares, sino garantizar la seguridad de una tripulación de 14 personas», explicó.
Flores también hizo referencia al proceso de renovación de la flota pesquera y al cambio que experimentó el puerto marplatense. «Así como desaparecieron muchas lanchas amarillas, también fueron desapareciendo algunos barcos de menor porte. Muchos fueron trasladados al sur, a puertos como Caleta Olivia o Camarones, donde tienen mayor rentabilidad por la cercanía del recurso y un menor consumo de combustible», señaló.
Sin embargo, aclaró que la producción continúa teniendo a Mar del Plata como principal centro de procesamiento. «El pescado sigue viniendo a Mar del Plata por camión para ser procesado», afirmó.
Respecto de la seguridad, el dirigente reconoció que la tragedia del buque Repunte marcó un antes y un después. «A partir de lo que pasó con el Repunte y también con el Rigel empezaron a cambiar muchas normativas y la gente tomó conciencia. Lamentablemente los accidentes siguen apareciendo», indicó.
Actualmente, explicó, la mayor preocupación está centrada en los accidentes durante las maniobras de pesca. «Estamos viendo que la mayoría de los accidentes los sufren los marineros, que son quienes están más expuestos. Eso nos preocupa y nos ocupa», señaló.
En ese sentido valoró las nuevas exigencias implementadas por la Prefectura Naval Argentina, especialmente en materia de utilización de chalecos salvavidas y simulacros de emergencia. «Antes muchas veces los zafarranchos eran muy livianos, se hacían solamente para cumplir antes de zarpar. Ahora habría que hacerlos mucho más repetitivos porque cuando ocurre una tragedia no todas las personas reaccionan de la misma manera», sostuvo.
Flores también destacó la incorporación de nuevos elementos de seguridad en los buques modernos. «Hoy tenemos desfibriladores en los barcos de Rawson, en los congeladores grandes y en gran parte de la flota nueva que salió de los astilleros Contessi. Son avances importantes porque también aparecen problemas de salud como paros cardíacos que antes no se contemplaban», explicó.
Para el dirigente, detrás de muchos de estos episodios también aparecen nuevas problemáticas laborales. «Hoy se habla mucho de la fatiga, del estrés, de la mala alimentación y de que los tripulantes navegan mucho más tiempo que antes. Antes se tomaban vacaciones y francos; hoy la realidad cambió», advirtió.
Finalmente destacó que durante la última temporada de langostino hubo una mayor conciencia respecto del cumplimiento de las alertas meteorológicas. «Cuando Prefectura dicta una alerta, los barcos tienen que dejar de pescar e ir a la capa o regresar a puerto. Eso reduce muchísimo el riesgo de accidentes y esperamos que estas medidas se cumplan cada vez más», concluyó.