El psiquiatra Francisco Bordón analizó en la 99.9 el crecimiento de los suicidios en Argentina, especialmente entre los jóvenes, y advirtió sobre el impacto del consumo de sustancias y la falta de atención de los trastornos mentales. También reclamó cambios en las políticas de salud mental y una mayor formación de médicos psiquiatras.

El psiquiatra Francisco Bordón analizó el crecimiento de los suicidios en Argentina y puso el foco en una problemática que, según sostuvo, debe ser abordada desde una perspectiva médica y de salud pública. En diálogo con la 99.9, señaló que el suicidio constituye una conducta disruptiva porque contradice el instinto biológico básico de supervivencia y advirtió que el fenómeno viene registrando un incremento especialmente preocupante entre los jóvenes.
“Hay un aumento, se calcula en el 2025 un 20% y sobre todo entre jóvenes entre 15 y 29 años, donde más impacta”, explicó Bordón. El especialista también marcó una diferencia entre los intentos y los suicidios consumados según el género: mientras los primeros serían más frecuentes entre mujeres, sostuvo que los episodios consumados presentan mayor incidencia entre los varones debido a que suelen utilizar métodos más contundentes y violentos.
Uno de los aspectos centrales de su análisis estuvo relacionado con el consumo de sustancias. Bordón consideró que el problema no debe circunscribirse exclusivamente a la marihuana, aunque destacó especialmente su incidencia. “Nuestro país es el segundo consumidor más importante en América de marihuana”, afirmó, ubicando a la Argentina por detrás de Estados Unidos cuando se analiza el consumo en proporción a la población.
El psiquiatra advirtió además que el consumo de sustancias puede interactuar con diferentes trastornos mentales y agravar su evolución. “La comorbilidad entre trastorno bipolar y consumo de sustancias es muy reconocida. La principal causa de muerte en los trastornos bipolares es el suicidio”, explicó. En ese sentido, también mencionó los trastornos de personalidad y remarcó la necesidad de analizar conjuntamente el consumo de sustancias y las patologías psiquiátricas que pueden acompañarlo.
Para Bordón, uno de los problemas más graves es que muchos trastornos mentales permanecen desatendidos y existe una marcada dificultad para acceder a profesionales especializados. “Hay poca accesibilidad en el sistema público, poquísima, y en el sistema privado también hay poca accesibilidad”, sostuvo. Según explicó, ante un intento de suicidio suele requerirse la intervención de un psiquiatra, pero la disponibilidad de estos especialistas resulta insuficiente, especialmente para las poblaciones infantil y juvenil.
En ese contexto, reclamó una modificación de las políticas públicas en materia de salud mental. “Creo que es necesario que políticas públicas, tanto municipales, provinciales y nacionales, cambien la perspectiva”, señaló. Entre las medidas que consideró necesarias mencionó una revisión de la legislación vigente y una “urgente oferta de residencias, tanto públicas como privadas, para generar médicos psiquiatras”.
El especialista también cuestionó el proceso de desinstitucionalización de pacientes psiquiátricos cuando no existen estructuras intermedias suficientes para atender situaciones de mayor gravedad. “En otros países están volviendo a pensar la posibilidad de monovalentes, de internaciones psiquiátricas”, explicó, aunque aclaró que esto no implica desconocer la importancia de los dispositivos intermedios. “Todos los otros institutos intermedios son importantísimos y tienen que existir, que no existen, pero tampoco podemos dejar librado a esos institutos intermedios de las situaciones graves”, sostuvo.
Bordón también se refirió a la forma en que históricamente Mar del Plata construyó una mirada particular sobre el suicidio y cuestionó cualquier intento de romantizar el fenómeno. “Esta ciudad tiene como una visión romántica del suicidio, pensemos en Alfonsina y el mar y todo eso. Para mí el suicidio no tiene nada de romántico, es una tragedia familiar y personal”, afirmó.
En esa línea, planteó que el suicidio debe ser entendido como el posible desenlace de una enfermedad que no fue detectada o tratada a tiempo. “Uno atiende y ve a los familiares de los suicidas y piensa en el suicidio realmente como el peor desenlace posible de una enfermedad que no fue ni diagnosticada a tiempo, ni tratada a tiempo”, sostuvo.
Por último, Bordón insistió en que el debate debe abandonar las explicaciones simplistas y avanzar hacia una estrategia integral que contemple salud mental, consumo problemático y acceso a la atención psiquiátrica. Para el especialista, el incremento de los suicidios entre jóvenes y la relación con el consumo de sustancias constituyen señales que requieren una respuesta concreta del Estado y una mayor disponibilidad de recursos profesionales.