El presidente de la Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera, Sebastián Agliano, cuestionó el rumbo de las políticas pesqueras nacionales y advirtió que las últimas decisiones tienden a concentrar la actividad en pocas manos. Defendió el rol de los barcos fresqueros, reclamó modificar la Ley Federal de Pesca y pidió que las pequeñas y medianas empresas vuelvan a tener participación en la discusión de las políticas del sector.

El presidente de la Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera, Sebastián Agliano, cuestionó el rumbo que está tomando la actividad pesquera argentina y advirtió que las decisiones adoptadas en los últimos tiempos pueden terminar dejando afuera a las pymes familiares que históricamente sostuvieron buena parte del entramado productivo de Mar del Plata. En diálogo con la 99.9, el dirigente explicó que su sector participó de una reunión con la ministra Sandra Pettovello a partir de una convocatoria realizada por la UCIP, pero aprovechó el encuentro para plantear sus diferencias respecto de la situación de la pesca.
Agliano puso el foco especialmente en la forma en que se están interpretando las estadísticas oficiales sobre descargas y exportaciones. «El Estado nacional hoy publicita algunos datos que no son ciertos, que son erróneos. Son ciertos en cuanto a las descargas, pero no lo que se produce respecto de la materia prima, el pescado y lo que llega a Mar del Plata», sostuvo. Según explicó, una parte importante del crecimiento que muestran las cifras corresponde a especies como langostino y calamar, cuya captura y procesamiento se concentra en los puertos patagónicos y no necesariamente genera el mismo entramado productivo en Mar del Plata.
En ese sentido, señaló que es necesario diferenciar la actividad de los distintos tipos de flota y de los puertos donde efectivamente se desarrolla. «Con la zafra de langostino y el calamar, que es de donde el Gobierno se agarra para tirar los números que tira, en realidad el entramado productivo no se da acá: se baja en los puertos patagónicos, se baja producto entero para después reprocesar en países limítrofes», explicó. Además, indicó que alrededor del 90% de la flota de altura se trasladó hacia la zafra del langostino, mientras que las embarcaciones costeras que representa comenzaron a operar en otros puertos bonaerenses, como La Plata y Lavalle.
Para Agliano, la decisión de descargar en otros puertos también responde a una cuestión estrictamente económica. La distancia entre las zonas de pesca y La Plata puede representar entre siete y ocho horas de navegación, mientras que regresar a Mar del Plata puede demandar prácticamente un día. «Yo hoy la opción que tenía de descargar en Mar del Plata era el combustible», explicó, al referirse a la pérdida de competitividad que supone el costo del combustible para las embarcaciones. Por eso reclamó que se discuta la carga impositiva que pesa sobre ese insumo y propuso que el sector pueda acceder a un precio similar al combustible tipo bunker utilizado en otros países de la región.
«Yo no estoy pidiendo subsidios. Estoy diciendo que en el precio del combustible se saquen todos los impuestos que tiene agravados y poder salir con precio bunker como se sale en Uruguay», planteó. Agliano remarcó que Uruguay constituye uno de los principales competidores de la flota argentina en determinadas pesquerías y consideró que existen distintas herramientas para reducir los costos logísticos y mejorar la competitividad internacional sin recurrir necesariamente a subsidios estatales.
El dirigente también manifestó una fuerte preocupación por el futuro de las pequeñas y medianas empresas familiares que participan de la actividad. «Con las últimas resoluciones del Consejo Federal tienden a corporizar cada vez más la pesca en pocas manos. No hay un incentivo para que las pymes familiares quedemos en este mercado de trabajo y que, tarde o temprano, por más creatividad que pongamos, tendamos a desaparecer», advirtió. En ese contexto, pidió recuperar el lugar que históricamente tuvieron las entidades del sector en la discusión de las políticas públicas.
«Nosotros queremos estar sentados de vuelta, como estuvimos siempre, en la mesa de discusión política de la pesca argentina», reclamó Agliano. Según explicó, el problema no pasa solamente por las decisiones de la autoridad pesquera, sino también por la falta de articulación con el área económica. «Cada vez que vamos o que fuimos cuando nos invitaban a algún tipo de reunión, no la entienden. Somos un número. Si el número cierra, bárbaro», cuestionó.
Agliano reivindicó además una mirada social sobre la actividad pesquera y su impacto en Mar del Plata. «Yo tengo un sentimiento más bien social respecto de la pesca también: de laburo, de generación de empleo, de raíces de mi familia, de las familias de la gente que trabaja conmigo, del puerto», sostuvo. En esa línea, rechazó que el análisis de la actividad quede limitado exclusivamente a las variables económicas y reclamó considerar el empleo y el desarrollo productivo que se genera alrededor de cada embarcación.
Uno de los puntos centrales de su planteo fue la necesidad de revisar la Ley Federal de Pesca y, especialmente, el principio de derrame social que establece la propia normativa. «Modifiquen la Ley Federal de Pesca, hagan las cosas como las tengan que hacer, pero bien. Modifiquen la Ley Federal de Pesca desde el artículo 1, que establece el derrame social de la producción, porque lo establece, lo dice la ley», afirmó. Para Agliano, cualquier modificación debería contemplar el impacto que tienen las decisiones sobre el empleo en tierra y evitar una concentración creciente de los procesos productivos a bordo.
El dirigente cuestionó particularmente el avance de la industrialización a bordo cuando no está acompañado por generación de empleo en tierra. «Una cosa es esa y otra cosa es que yo favorezca la industrialización a bordo sin generar empleo en tierra», señaló. También planteó interrogantes sobre las diferencias de tratamiento entre barcos congeladores y fresqueros, y cuestionó que se habiliten nuevas licencias mientras persisten dificultades para quienes ya desarrollan su actividad dentro del sector.
Finalmente, Agliano defendió la posición que la Provincia de Buenos Aires viene sosteniendo en el Consejo Federal Pesquero y aseguró que existen antecedentes documentales que respaldan sus afirmaciones. «Entrá a la página del Consejo Federal Pesquero, en las tres últimas actas del Consejo, donde se habló de la licitación de las licencias para los buques pesqueros poteros de calamar: la Provincia de Buenos Aires se opuso en las tres», afirmó. Y agregó que incluso existe un reclamo formal del ministro de Agroindustria bonaerense sobre esas decisiones.
Para el presidente de la Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera, el problema es que las posiciones de los sectores más pequeños de la actividad no consiguen instalarse en la discusión pública. «No tendremos prensa por ahí, porque a la gente tampoco le interesa y porque hay empresarios también a los que les interesa que salga de esa forma», sostuvo. Y concluyó con una advertencia sobre el peso que tienen los fresqueros dentro de la actividad: «Hoy nosotros, los más chiquitos, los fresqueros, hasta los fresqueros de altura, toda la industria fresquera, no movemos el amperímetro dentro de un sector pesquero que tampoco a Economía le mueve mucho el amperímetro».