La periodista de El Español, Marga Zambrana, analizó en la 99.9 la crisis migratoria en Ceuta y Melilla, el rol de Marruecos y la cobertura periodística del fenómeno. Advirtió sobre los enfoques polarizados y sostuvo que los procesos migratorios son mucho más complejos que la división entre “víctimas” y “delincuentes”.

La situación en Ceuta y Melilla volvió a quedar en el centro del debate en España a partir de un nuevo episodio migratorio de gran magnitud. La periodista Marga Zambrana, de El Español, analizó en la 99.9 el fenómeno y puso el foco no sólo en la dimensión política de la crisis, sino también en la manera en que los medios de comunicación construyen los perfiles de quienes llegan a territorio español.
Zambrana explicó que este tipo de episodios no son nuevos y recordó que en 2021 se produjo una situación similar, aunque de una escala considerablemente menor. “Algunos lo llaman una guerra híbrida porque claramente ha habido intervención del gobierno de Marruecos, por lo menos ignorando lo que estaba sucediendo, permitiendo que toda esta avalancha de gente cruzara”, señaló. Según indicó, en esta oportunidad la magnitud del movimiento fue particularmente significativa, con estimaciones de entre 70.000 y 80.000 personas.
La periodista consideró que uno de los aspectos centrales para comprender la situación es analizar quiénes son las personas que forman parte de estos movimientos migratorios. En ese sentido, cuestionó los enfoques simplificados que predominan en determinados medios. “Los medios más de izquierdas se centran solamente en perfiles de gente muy necesitada, de gente que en teoría sería candidata a recibir asilo”, explicó, mientras que otros medios hacen mayor hincapié en la presencia de personas con antecedentes delictivos o vinculadas a situaciones de marginalidad.
Zambrana sostuvo que la cobertura periodística debería avanzar hacia una mirada más rigurosa y evitar que las posiciones ideológicas determinen de antemano el relato. “Hay como una combinación de causas y de perfiles dentro de este movimiento migratorio. Hay varias maneras de afrontarlo y también de la cobertura”, afirmó. En esa línea, destacó que la cobertura de la prensa española está siendo amplia y plural, aunque consideró necesario profundizar en la verificación de las historias personales que se presentan como ejemplos del fenómeno migratorio.
Como ejemplo, mencionó el caso de una joven entrevistada por un medio español que se presentaba como una mujer oprimida y candidata a obtener asilo. Según Zambrana, una revisión de sus redes sociales permitía encontrar fotografías de numerosos viajes, estadías en distintos países y un nivel de vida que no coincidía con el perfil presentado. “¿Cómo es posible que todavía sigan insistiendo de que es una persona vulnerable, oprimida?”, cuestionó, al remarcar la importancia de verificar la información antes de publicar un testimonio.
La periodista, que lleva más de dos décadas cubriendo conflictos, guerras y movimientos migratorios, también cuestionó una idea extendida acerca de que quienes emigran son necesariamente las personas más pobres de sus países. “Las personas que pueden abandonar su país no son las más pobres. Los más pobres no pueden irse”, afirmó. Explicó que trasladarse hacia otro país requiere recursos económicos importantes y que, especialmente cuando se trata de migración irregular, los costos pueden ser todavía mayores debido a la intervención de redes de tráfico de personas.
Zambrana definió una parte importante de estos movimientos como migración económica o aspiracional. “No están muriéndose de hambre, no están huyendo de una guerra, pero aspiran a tener una vida mejor”, señaló. En el caso de Marruecos, sostuvo que muchas personas consideran que aun trabajando duramente no podrán alcanzar determinadas condiciones de vida y optan por ahorrar para intentar comenzar nuevamente en otro país.
La periodista también aportó su propia experiencia familiar para explicar ese fenómeno. “Soy hija de inmigrantes, mis padres eran andaluces y no huyeron del pueblo muertos de hambre. Lo que querían era mejorar”, relató. Para Zambrana, esa lógica permite comprender que detrás de las migraciones existen motivaciones diversas y que reducirlas exclusivamente a situaciones de extrema pobreza o persecución política puede generar una imagen incompleta de la realidad.
Desde su experiencia como corresponsal, Zambrana también describió otros procesos migratorios que observó en China y Turquía. Actualmente radicada en Estambul, explicó que ha seguido durante años la crisis de refugiados sirios y los movimientos de población generados por situaciones políticas y económicas. “Conozco bastante bien desde dentro quiénes son los que pueden emigrar, los choques culturales, etc.”, sostuvo.
En ese contexto, también abordó el debate sobre el racismo y la integración. Consideró que existe una diferencia importante entre recibir un trato discriminatorio y carecer directamente de derechos laborales o legales. “Hay que diferenciar la percepción que evidentemente a un extranjero, a un migrante, a una persona pobre siempre se le suele tratar mal en todos sitios, a que estén disfrutando de derechos cuantificables”, explicó.
Zambrana advirtió además que el fenómeno migratorio adquirirá todavía mayor importancia en los próximos años debido al envejecimiento y al descenso demográfico de numerosos países. “Con el decrecimiento demográfico, es cierto que todos los países van a necesitar migración”, afirmó, y señaló que Argentina también podría enfrentar ese escenario a medida que avance su desarrollo.
Finalmente, la periodista rechazó las miradas maniqueas que presentan a los migrantes como un colectivo homogéneo. “Hay una forma demasiado maniquea de acercarse a la migración, como todos son angelitos o todos son delincuentes. No es realista”, sostuvo. Para Zambrana, el desafío del periodismo consiste precisamente en aportar información que permita conocer quiénes llegan, qué buscan, qué derechos tienen y qué pueden aportar a las sociedades receptoras.
En relación con los choques culturales, particularmente entre comunidades musulmanas y sociedades occidentales, Zambrana reconoció que existen diferencias profundas que deben ser analizadas sin simplificaciones. “Hay mucho choque cultural”, admitió, aunque remarcó que Ceuta presenta además una particularidad: aproximadamente la mitad de su población es de origen marroquí. Y concluyó con una observación sobre la tensión que atraviesan las propias comunidades migrantes: “Los primeros que odian a los que llegan son los últimos que llegaron, porque son los que se sienten más vulnerables”.