Alejandro Fargosi: “Nuestros jueces son inimputables”

El diputado nacional y abogado cuestionó duramente el funcionamiento de la Justicia argentina a partir de distintos fallos recientes. Apuntó contra la falta de sanciones para los magistrados, la prescripción de causas y la relación entre jueces y política. “Los jueces pueden hacer lo que se les da realmente la gana sin que les pase nada”, afirmó.

Alejandro Fargosi, diputado nacional y abogado con 50 años de ejercicio profesional, cuestionó duramente el funcionamiento de la Justicia argentina y aseguró que los recientes fallos conocidos vuelven a poner en evidencia un problema estructural. En diálogo con la 99.9, explicó que muchas veces la forma en que se caratula un delito termina teniendo consecuencias concretas sobre las penas y, por lo tanto, sobre la posibilidad de que los condenados efectivamente cumplan prisión.

“Uno de los grandes problemas que tenemos los abogados es que hablamos en un subidioma que se justifica por motivos técnicos, como los médicos, que no dicen tos, dicen broncoespasmo. Pero el problema cuando esto se lleva al gran público, el gran público lee semejante título y se aburre”, señaló. Y puso como ejemplo el delito de administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública: “Quiere decir robar nuestro dinero de las arcas estatales, para decirlo en criollo”.

Fargosi remarcó que detrás de la denominación jurídica hay una cuestión central: cuál es la pena prevista. “El máximo son sólo seis años por un señor que nos roba hospitales, seguridad, educación. Porque en definitiva, cuando alguien roba dinero público, lo que nos está robando primero es a nosotros, que el dinero público lo pusimos nosotros, y segundo, nos roba todo eso, nos roba educación, salud, seguridad y otras cosas”, sostuvo.

En ese sentido, cuestionó que las condenas hayan quedado por debajo de los tres años, porque eso permite que sean de ejecución condicional. “Al imponer penas abajo de tres años, ¿qué están diciendo? Están diciendo, bueno, no es un delito tan grave. Para mí es terriblemente grave, por el monto, por los perjudicados, por la situación de los que cometieron el delito, por el destino que tenían los bienes”, afirmó. Para Fargosi, se trata de “una muestra más de la increíble impunidad que existe en la Argentina”.

El diputado también apuntó contra la falta de mecanismos efectivos para sancionar a los jueces. “El problema con los jueces es que son totalmente impunes. Totalmente impunes”, enfatizó. Según explicó, en la Justicia nacional y federal hay alrededor de mil jueces y, durante las últimas décadas, fueron removidos solamente unas pocas decenas. “¿Eso qué demuestra? Demuestra que no tienen sanción”, sostuvo.

Fargosi vinculó esta situación con la relación histórica entre la política y el Poder Judicial. “La política y los jueces son un entramado en el cual los políticos quieren tener jueces amigos para zafar ellos cuando son imputados. Los jueces quieren tener políticos amigos para zafar ellos cuando son imputados, o sea, es una gran tonga de intereses cruzados”, afirmó.

Frente a este escenario, planteó que la Corte Suprema debería asumir un papel más activo cuando detecta resoluciones judiciales que considera particularmente graves. “Cada vez que revoca una sentencia, que es una animalada, denuncie al juez que firmó una animalada ante el Consejo de la Magistratura para que sea juzgado y se vea si puede seguir siendo juez”, propuso.

El abogado cuestionó también la doctrina según la cual los magistrados no pueden ser juzgados por el contenido de sus sentencias. “La buena intención radica en que uno no persiga a los jueces por la forma en que deciden los fallos. Hasta ahí todo va bien. El problema es que con esa teoría, cuando le empieza a exagerar, como ha ocurrido en la Argentina, que se perdona cualquier tipo de barbaridad, lo que termina produciendo es que creo una categoría de gente que no es juzgada por lo que hace”, explicó.

“Es como si usted o yo tuviésemos una impunidad total por lo que hacemos trabajando. Es una locura que termina produciendo esto, que es que los jueces pueden hacer lo que se les da realmente la gana sin que les pase nada”, agregó.

Otro de los puntos centrales de su análisis fue la prescripción de las causas. Fargosi coincidió con el planteo del juez provincial Paglieri, quien había señalado que un magistrado debería ser responsable cuando una causa prescribe por el paso del tiempo. “Cuando una causa prescribe, como que queda un delito sin sanción, no puede el tema ir a un cajón y morir ahí comido por las ratas dentro de 20 años. Ahí hay que investigar una acción judicial”, afirmó.

El diputado consideró que debería determinarse si la actuación de los magistrados tuvo incidencia en la demora. “El juez tiene que ser responsable si deja prescribir una causa. Es una locura que no sea. Una causa prescribe y nadie es responsable”, sostuvo, y explicó por qué entiende que la responsabilidad debe recaer especialmente sobre el magistrado: “El abogado del defendido hace todo lo posible para que el defendido zafe. Esa es la función del abogado del defendido. El abogado no está para hacer justicia, está para defender al defendido. El que pone equilibrio en todo el sistema es el juez”.

Fargosi incluso mencionó un problema todavía más grave, aunque aclaró que no daría nombres porque no cuenta con elementos para probarlo. “Hace muchos años, algunos poquitos jueces inventaron el cobrar un abono, yo le llamo abono, digamos, cobrar una coima mensual por mantener las causas dormidas”, denunció. Según su explicación, una causa que permanece inactiva durante años puede terminar prescribiendo, aunque resulta particularmente difícil probar una conducta basada justamente en la inacción.

“Todo esto no tiene sanción en nuestro sistema, por eso lo comparo con la situación del rey de España. Nuestros jueces son inimputables, no se los puede imputar nada, porque inmediatamente empiezan todas las asociaciones judiciales a clamar que ha habido persecución a la independencia del juez”, afirmó.

El abogado también puso el foco en el impacto que tiene la demora judicial sobre las personas que necesitan recurrir a los tribunales. “Empezar un juicio que no termina nunca, pagando honorarios que siempre terminan siendo elevadísimos, o sea, cuando uno tira un tema a tribunales, está cayendo en todo lo que es la ineficiencia o las inevitabilidades del sistema”, señaló.

A eso sumó la situación de las víctimas dentro de los procesos penales. “Agréguele el desprecio por la víctima que ha sufrido la Argentina, que ya se ha ido corrigiendo, pero que ha sufrido la Argentina tantos años, donde usted no lo tenía como parte de un juicio en el que habían matado a toda su familia, como ha ocurrido. El sistema judicial hay que modificarlo muy profundamente”, sostuvo.

Finalmente, Fargosi consideró que la Justicia tiene un peso determinante sobre la vida cotidiana de los ciudadanos y por eso entiende que la discusión sobre su funcionamiento resulta central. “La imagen negativa de la justicia es un 90%”, afirmó, y explicó que los dirigentes políticos también tienen reparos a la hora de avanzar sobre cambios profundos porque “le tienen mucho miedo a los jueces, pero mucho”.

Un juez regula nuestra vida desde antes que nacimos y hasta después que morimos. Un juez puede decir qué se hace con unos embriones congelados, quién nace, quién educa, si está libre o no está libre, qué hace con sus bienes, y después regula el tema de la sucesión”, enumeró. Y cerró con una definición que sintetizó su mirada sobre el poder de los magistrados: “Es el ser más parecido a Dios que hay en la tierra”.