
Otra vez el juez Inchausti. Ahora, Guillermo Pinarello le hizo una denuncia disciplinaria en el Consejo de la Magistratura y solicitó su recusación por «pérdida de imparcialidad»
Hace más de diez años que en este medio venimos ocupándonos de contarle a los marplatenses sobre las aberraciones jurídicas en las que incursiona, una y otra vez, el juez federal Santiago Inchausti, especialmente en aquellas causas en las que la instrucción queda a manos de la fiscal Laura Mazzaferri. Lejos de escarmentar, el dúo dinámico le sigue arruinando la vida a la gente gratis.
Un triste historial
La dupla Inchausti/Mazzaferri tiene un triste historial en el que los mismos patrones se repiten una y otra vez: causas mediáticamente rimbombantes —muchas veces, con operativos que parecen salidos de una película de acción—, pedidos de prisión preventiva poco justificados y que se prolongan en el tiempo, e instrucciones que, finalmente, se caen por la imposibilidad de probar los delitos que esta dupla imaginó.
Recordemos, por ejemplo, el megaoperativo que se realizó en pleno microcentro de la ciudad y que apuntaba a la actividad de los llamados «arbolitos» y casas de cambio: el personal de Gendarmería detuvo a todo el mundo, desde quienes comercializaban dólares en la vía pública, a todos los empleados y gerentes de los locales. Llegaron a Jonestur, Transcambio y Transacciones Crediticias, arrancaron los cables de las computadoras, cortaron la luz, detuvieron a todo el mundo presente, confiscaron todos los teléfonos y hasta obligaron a los detenidos a quitarse la ropa. En el revoleo, detuvieron a gente que no tenía nada que ver y secuestraron elementos que no estaban vinculados a la causa. Finalmente, la Justicia revocó nada menos que 22 procesamientos por falta de pruebas y recusó a Inchausti. Para entonces, el daño en buena medida ya estaba hecho.
Pero quizás el caso más emblemático sea el de Roberto Tagliabue, quien pasó tres años preso porque la fiscal Laura Mazzaferri confundió el trabajo que éste realizaba para intentar alejar a gente vulnerable de la droga con una situación de trata de personas y porque Inchausti, de manera incomprensible, le dio la razón. La causa tuvo que llegar a juicio para que quedara claro lo que hubiera sido evidente desde el primer día si la fiscalía hubiera investigado como corresponde: todas las personas que eran señaladas como supuestas víctimas tenían la posibilidad de retirarse de la institución en cualquier momento y que las únicas restricciones a las que se veían sometidas, eran las que son lógicas en el contexto de cualquier tratamiento de rehabilitación. Según la propia justicia, la acusación «se basó en datos aislados, con los que se construyó un relato».
En este caso, las decisiones de la dupla Inchausti/Mazzaferri implicaron un enorme daño no sólo a Tagliabue, sino también a toda la comunidad: «no puede soslayarse el daño social que este proceso ha provocado. La clausura del Programa Cristiano de Rehabilitación de Adicciones y del templo “El Shaddai” implicó no solo el cierre de un lugar de culto, sino la desaparición de un espacio que brindaba contención espiritual, asistencia alimentaria y refugio a personas en situación de extrema vulnerabilidad. El hogar y la iglesia habían conformado, durante años, una red de ayuda y acompañamiento basada en la fe y en la solidaridad, que suplía las carencias del propio Estado […] El comedor que llegó a servir a más de ciento cincuenta personas diarias se vio desmantelado, dejando sin alimento a decenas de familias».
Otra denuncia
Ahora, el accionar de Inchausti es cuestionado en la causa que investiga a una presunta asociación ilícita dedicada a operar casinos online sin autorización y a introducir las ganancias en el circuito financiero, entre otros mecanismos, mediante cuentas y billeteras virtuales. En la misma, se lo ubica a Guillermo Pinarello como uno de los supuestos organizadores. Fue él quien presentó una denuncia contra Inchausti por actitudes que podrían constituir «faltas disciplinarias y/o causal de mal desempeño», pidiendo su apartamiento por «enemistad manifiesta y pérdida objetiva de la imparcialidad».
Según Pinarello, esta falta objetiva de imparcialidad por parte del juez tiene su origen en un episodio sucedido en el año 2016, cuando Elías Pinarello —padre de Guillermo, e imputado en la misma causa— se desempeñaba como director de Investigaciones del Tráfico de Drogas Ilícitas de Mar del Plata. Por esa función, éste tenía una relación institucional con el juez y, según el relato de su hijo, durante una reunión en el despacho del magistrado hubo una discusión por diferencias de criterio en la que Inchausti le manifestó «que en la ciudad se investigaría aquello que él dispusiera, y que, en caso de no adecuarse a tales directivas, duraría poco tiempo en el cargo». La defensa ofreció como testigo a Juan Zanocchia, entonces segundo jefe de la dependencia. Guillermo Pinarello vincula aquel episodio con lo que vino después: el traslado de su padre a La Plata, su posterior pase a retiro y, ya en esta causa, una inhibición general de bienes dispuesta en noviembre de 2025 y el bloqueo de su cuenta sueldo durante más de dos meses.
La denuncia también compara el trato que recibió Elías Pinarello con el de su coimputado Joaquín Otero Cao, ya que, mientras que ambos atraviesan situaciones procesales equivalentes, Inchausti concedió la prisión domiciliaria a Otero Cao y se la negó a Pinarello. La Cámara Federal de Apelaciones revocó esa decisión y le otorgó el beneficio; la fiscalía recurrió ante Casación, perdió, presentó un recurso extraordinario que fue declarado inadmisible y terminó en queja ante la Corte Suprema. Cuando por fin tuvo la domiciliaria, la salida de Pinarello quedó supeditada a la colocación previa de una tobillera electrónica, lo que —siempre según el escrito— prolongó su permanencia en prisión casi diez días. Otero Cao, en cambio, había dejado el penal en diciembre de 2025 sin ese requisito. A Pinarello le fijaron una caución de $100.000.000; a Otero Cao, de $50.000.000. La defensa señala que nadie explicó qué diferencia objetiva justificaba duplicar el monto.
Elías Pinarello, en su presentación ante la justicia, le pregunta directamente al juez Inchausti: «¿Por qué hacerme imputaciones falsas? ¿Por qué me inhibió entonces fecha 3 de noviembre del 2025, antes de hacer los allanamientos, sin imputarme? ¿Por qué me trabó la cuenta sueldo, situación totalmente ilegal? ¿Por qué envió a personal de la Policía Federal Argentina a mi casa, a apretarme para que les entregue documentación, con la amenaza de que si no lo hacía a la noche me iban a allanar?». Para respaldar esto último, acompañó un DVD con el audio. Continúa: «Y bueno yo tengo mi hipótesis, que es una, pero son dos razones, la primera es el desencuentro que tuvimos hace 10 años en su despacho, y la segunda que mediáticamente la noticia tiene más impacto incluyendo a un Exjefe Policial».
Elías Pinarello, finalmente, le hace un reproche a Inchausti que lo pinta de pies a cabeza: «estoy convencido que usted sabe que mi imputación no tiene validez y se va a caer en cuanto salga del ámbito de la primera instancia, pero no le importa, es tanto el poder que tiene, que está seguro de que puede ejercer cantidad de formas de violencia hacia las personas, de coartar libertades individuales, de exponerlas al escarnio público».
Así se escribe otro capítulo lamentable en la historia de esta nefasta dupla que sigue arruinando vidas impunemente.
