Volvió el flautista de Hamelin a llevárselos puestos otra vez

Podría decir, una y otra vez, «miren que les avisé». Tanto en este medio como en la FM 99.9 dejamos en claro que se estaba forjando una falacia brutal, proponiéndole a la ciudad un campeón que era una estafa tan evidente, que las pruebas estuvieron siempre a la vista.

La primera, es el video —aún visible en su página de Facebook— donde el flautista afirmaba que San Isidro era su lugar en el mundo. Poco después, en su discurso de asunción de la intendencia, se autoproclamaba un experto en seguridad que venía a resolver los temas cruciales del crimen y del delito en Mar del Plata. Fue hace siete años. La ciudad atraviesa hoy una de sus peores etapas en cuanto a seguridad.

Hoy vuelve y apunta: «Tengo una responsabilidad con esta ciudad. La responsabilidad de pedir licencia fue mía». También: «La responsabilidad de esta gestión es mía». Agrega que «el delincuente está cómodo y eso tiene que cambiar», y añade que «acá hay un solo enemigo y ese enemigo es el delincuente». También que «tenemos que respaldar a las fuerzas de seguridad y trabajar para que el espacio público sea de los vecinos y que el que comete delitos pague las consecuencias».

Dicen sus seguidores —que los hay— que estuvo espectacular, que eso es un intendente, y que se hizo cargo. Otra ronda de la vieja música que envuelve a los débiles mentales que se encantan con ese tono de voz con sonoridad gruesa y áspera, cultivado sin duda, como el de todo actor que se precie. Nada de lo que venga dependerá de Montenegro. Ya sabemos que éste inclinó su testa ante Carlos Bianco que, más rápido que pronto, hizo saber por a través del house organ de la provincia —el Ladrey No News— que «Montenegro arranco con el pie derecho».

Detrás de la mise en scène hay otra historia: el mismo actor político que, en pandemia, me dijo «¿Cómo nos paso este gordo por el medio?», es el que, por propio interés, lo va a salvar de un nuevo frustrante papelón. Tal como señalé en mi columna anterior, la ministro de Seguridad no quiere saber nada de comprometer mas fuerzas federales en Mar del Plata. Y sepan que ya las hay: doscientos cincuenta prefectos están apostados hoy en la ciudad a un costo muy alto en hotelería, comida y traslados.

Hay un dato oculto en toda esta cuestión: las encuestas les dan mal a todos los actores políticos. La sociedad sabe muy bien que la seguridad es una cuestión provincial por imperio constitucional y de derecho y obligaciones. Una acción conjunta en donde la fuerza federal haga algo más que figurar controlando vehículos, requeriría de una mesa conjunta, con gente que sepa y entienda de seguridad.

No obstante esta situación, de igual modo tienen una piedra en el zapato: el sistema judicial de Mar del Plata, que no aplica la ley como debería. En su mayoría, los delincuentes y criminales reciben calificaciones absurdas por sus actos y las penas en son casi siempre por la mínima que impone la ley.

A ver qué meliflua sonata cambia eso.