El presidente de la Asociación Argentina de Caminos Rurales Sustentables cuestionó el método tradicional de mantenimiento de los caminos rurales y explicó cómo las remociones permanentes de suelo favorecen la erosión y el hundimiento. Propuso preservar la cobertura vegetal y compactar el terreno para reducir el deterioro.

El presidente de la Asociación Argentina de Caminos Rurales Sustentables (AACRuS), Daniel Costa, advirtió en la 99.9 que el deterioro de los caminos rurales argentinos responde, en buena medida, a métodos de mantenimiento que terminan agravando el problema. “La hoja niveladora no tiene la culpa, obviamente es una herramienta. El tema de los caminos rurales ya lo venimos arrastrando de hace 60 o 70 años”, explicó.
Costa señaló que existe una regularidad en distintos puntos del país, más allá de las características del suelo o del régimen de lluvias: los caminos rurales terminan por debajo del nivel de los campos. “Todos los caminos están hundidos por debajo del nivel de rasante. Entonces tenemos que preguntarnos por qué están hundidos”, planteó.
Para el ingeniero agrónomo, las remociones reiteradas son una de las causas centrales del fenómeno. “Nosotros creamos con las remociones permanentes las condiciones para que la lluvia, el viento y también el tránsito desplacen suelo”, sostuvo. Y explicó: “Si yo tengo suelo movido y flojo y llueve, obviamente una parte del suelo va a parar a la cuneta y después a los cauces inferiores”.
Otro de los puntos que destacó es la importancia de conservar la cobertura vegetal como mecanismo natural de estabilización. “Tenemos un material que no tiene costo de flete, que aparece espontáneamente y que es muy fácil mantener con cortes. En Inglaterra, por ejemplo, a la cobertura vegetal se le llama ‘cemento verde’”, señaló. Según Costa, mantener los pastos cortos permite obtener beneficios para la estabilidad del camino y el ambiente, mientras que eliminarlos sistemáticamente contribuye al deterioro.
“Claramente tenemos que promover, hasta donde el tránsito lo permita, la cobertura vegetal”, afirmó. Y resumió su planteo sobre el mantenimiento: “En vez de mover, tenemos que compactar”. Aclaró que esto no significa eliminar todas las intervenciones, sino evitar que las tareas rutinarias remuevan suelo innecesariamente y terminen acelerando la erosión.
Costa también advirtió que elevar masivamente los caminos hundidos no constituye una solución viable en términos económicos y operativos. “Para reponer medio centímetro de suelo promedio por año necesitamos aproximadamente 20 bateas por kilómetro de suelo, en un camino de diez o doce metros de ancho”, calculó. Por eso, consideró que los trabajos deben enfocarse en mitigar el problema y realizar alteos en sectores puntuales, como los bajos naturales, en lugar de intentar reconstruir toda la red con el mismo método.
“La realidad a nivel del país es que lo que podemos hacer es mitigación, no lo vamos a resolver al estilo de planearlo desde un escritorio, porque es imposible”, afirmó. También mencionó experiencias observadas en localidades como Arenaza, en Buenos Aires, y Ucacha, en Córdoba, donde las características arenosas del terreno dificultan la compactación, aunque mantener la vegetación en los costados puede contribuir a reducir el deterioro.
Finalmente, Costa diferenció el trabajo de AACRuS de las discusiones sobre las tasas que pagan los productores para el mantenimiento de los caminos rurales. “Cuando más simetría haya entre lo que pagamos y lo que se destina, bárbaro, pero nuestra función está de otro lado: qué hacer con los ingresos, ¿para hacer qué?”, planteó. Y concluyó: “Esa es la función de AACRuS”.