El director del Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de San Andrés explicó cómo una plataforma basada en inteligencia artificial analiza el lenguaje para identificar patrones asociados con alteraciones cerebrales. La herramienta ya se utiliza en más de 15 países y busca aportar recursos accesibles para la detección y el seguimiento de enfermedades neurodegenerativas.

El doctor Adolfo García, director del Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de San Andrés, investigador de la USACH de Chile y del Instituto Global de Salud Cerebral de Estados Unidos, explicó en la 99.9 cómo funciona TELL, la plataforma de evaluación del lenguaje que desarrolló para identificar patrones vinculados con la salud cerebral mediante inteligencia artificial.
“Se trata de una plataforma a la que se puede acceder online o se puede descargar también, que lo que hace es básicamente presentar distintas tareas que invitan a los participantes a hablar, ni más ni menos”, señaló. Entre los ejercicios propuestos se encuentran mencionar todos los animales que una persona recuerda en un minuto, describir un dibujo, contar con palabras propias la historia de un video o relatar la rutina cotidiana. “Esas producciones de habla se graban, se encriptan, se extrae mucha información de ellas y esa información se analiza para encontrar patrones que puedan ser consistentes con cierta enfermedad cerebral o no, o que sean consistentes con un cerebro sano”, detalló.
García indicó que la plataforma ya se utiliza en más de 15 países y en instituciones de distintos niveles, desde la Escuela de Medicina de Harvard y el Massachusetts General Hospital, en Estados Unidos, hasta clínicas de Argentina, Uruguay, Chile, México, Colombia, Perú, Kenia e India. En algunos centros se emplea en proyectos de investigación para validar el habla como indicador de salud cerebral, mientras que en otros, particularmente en Colombia, Kenia y Chile, sus informes ya se incorporan a las historias clínicas digitales y sirven como insumo para las decisiones de los neurólogos.
Las evaluaciones son breves y pueden adaptarse a distintos protocolos. “Ninguna de las tareas lleva más de dos minutos”, explicó el investigador. Algunas versiones de la plataforma requieren apenas cinco o seis minutos, mientras que los protocolos más extensos pueden durar entre 20 y 25 minutos. La información obtenida se procesa mediante algoritmos de análisis de audio y técnicas de procesamiento del lenguaje natural.
“Con las técnicas de audio podemos medir cosas que son muy informativas de la salud cerebral. Por ejemplo, la cantidad y la variabilidad de las pausas que dejamos cuando hablamos, o si hay cambios, o no tantos, en la entonación”, precisó. También se estudian las transcripciones para analizar la cantidad de palabras y oraciones, la extensión de las frases, el tipo de vocabulario y la emocionalidad del discurso. A partir de esos datos, los sistemas de aprendizaje automático combinan múltiples indicadores y estiman cuánto se acerca o se aleja el resultado de lo esperado para una persona sana de determinado rango etario.
El especialista subrayó que las enfermedades neurodegenerativas, entre ellas el Alzheimer y otras demencias, no afectan solamente a quien las padece. “Son enfermedades que se desencadenan en el cerebro del paciente, pero de ahí se ramifican hacia la sociedad, afectan, vulneran la calidad de vida del paciente, son enfermedades altamente discapacitantes, hacen que las personas se tornen dependientes de otros, y también son enfermedades con una alta tasa de mortalidad”, sostuvo.
A ese impacto se suman las consecuencias sobre las familias y quienes asumen las tareas de cuidado, tanto en la organización de la vida cotidiana como en los costos económicos. Para García, esa dimensión social obliga a buscar herramientas que puedan llegar a más personas. “Los métodos que existen hoy por hoy para detectar y caracterizar estas enfermedades son muy buenos, pero o son muy caros, o dependen de personal experto que no está muy disponible, o tienen distintas limitaciones”, explicó.
En ese escenario, destacó las posibilidades de las innovaciones digitales. “Estas innovaciones, que convierten el habla en una forma de encontrar huellas de estas enfermedades, tienen esas virtudes: son más baratas, no dependen de personal experto, son automáticas, se pueden tomar las pruebas de modo remoto, uno no tiene que acercarse al centro de salud”, enumeró. Sin embargo, aclaró que no se trata de una solución infalible: “No son perfectas, ninguna herramienta lo es, pero tiene algunas ventajas que en el combo de recursos que tenemos para hacer frente a estas enfermedades vale la pena destacar”.
García también describió las consecuencias personales de estos cuadros y la pérdida progresiva de vínculos con la propia historia. “Son cuadros donde realmente las personas pierden su identidad, pierden su capacidad de vincularse con lo que es más preciado para ellos, con sus personas y con sus recuerdos, con esos anclajes que hacen que nosotros nos sintamos nosotros”, afirmó.
Finalmente, remarcó que el avance en este campo depende de la colaboración entre distintas disciplinas. Aunque las demencias suelen abordarse desde la neurología, sostuvo que limitar su estudio a una sola especialidad sería un error. “Algo ha empujado a la ciencia en los últimos treinta, cuarenta años, con más énfasis hoy por hoy que nunca y con mucho ahínco hacia el futuro, es la interdisciplina, es entender que ningún problema, sea médico, sea educativo, sea ingenieril, se pueda abordar desde el prisma de una sola disciplina”, expresó. En ese sentido, destacó la contribución de las ciencias del lenguaje, la ciencia de datos y la ingeniería en sonido para analizar las señales acústicas y desarrollar nuevas herramientas de evaluación de la salud cerebral.