
Un cierto vacío. Tras el pésimo paso de ir por la senaduría provincial, dejando su lugar en el municipio en consignación a Agustín Neme, el retorno de Montenegro expone cómo esta aventura política ha dañado al conjunto político original del PRO. El bloque formado por Julián Bussetti (presidente del bloque), Norberto Marcelo Cardoso, Fernando Gabriel Muro, Agustín Patricio Neme y María Florencia Matilde Ranellucci no existe como tal. En estos días, Neme alargó su licencia; hay apuestas a que no vuelve. Bussetti está desaparecido: ya no sabe bien a quién ni cómo provocar, el juego está desgastado. Muro ha estado de viaje, al igual que Ranellucci. El que más agotó su tiempo esta semana fue Marcelo Cardoso, que combina su ascenso en la dirigencia municipal a nivel nacional con su presencia en comisiones de todo tipo y orden. Sin conducción política, cada día es más complejo.
Haciendo imagen. La vuelta de Montenegro y de su socio de ruta y aventuras políticas, Alejandro Rabinovich, ha puesto en la calle a la patrulla municipal, un engendro patético para hacer imaginería de seguridad. La costura se ve fácil. Un municipal arriesga su vida lanzándose de patada voladora sobre una pareja que huye en moto en la barranca de playa Varese. Otro, de guapo, va por los repartidores de delivery que están en la plazoleta de Belgrano y la Diagonal y les pide que se saquen la capucha, como si fueran delincuentes que buscan ocultar su rostro a la autoridad.
Haciendo imagen II. El municipal subido a la patrulla quiere ser héroe para conformar a los patrones que los envían a producir hechos que afiancen la idea de un municipio que busca proteger a los vecinos. Mala idea. No tienen la autoridad: no pueden exigir a los ciudadanos que se pongan a su disposición; eso es tarea de la policía. Hacer imagen falsariamente no es útil. Basta ver los comentarios en redes para advertir que el sonar de la flauta de ensueños de hace siete años, hoy, desafina.
¿Será el cambio del que hablan? Lo ocurrido en el barrio Etchepare, donde se desarmó una banda mafiosa que aterrorizaba al barrio y controlaba el tráfico de drogas, es presentado como un éxito; quizá lo sea en la lucha contra el crimen. Hay un dato obvio: esto se conocía desde hacía años, y los partícipes tenían causas y condenas anteriores. El interrogante es qué cambió para que ahora todo se precipite. ¿Algo se rompió?
De nombramientos e indiferencia. Así ha ocurrido en el fuero federal de Mar del Plata. Los nombramientos de Martín Luciano Poderti y Roberto Fernández Minguillón en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata pasaron lejos del registro ciudadano. El primero ya no es juez: fue destituido, y hay una causa penal sobre él que en 2027 dirá si hay condena o absolución. Este medio lo ha informado debidamente, ante un silencio mediático llamativo. Ahora sabemos que el otro juez designado entre oscuridades propias del Consejo de la Magistratura, Fernández Minguillón, es integrante del Tribunal de Ética de la AFA. La AFA de Tapia y Toviggino. Esa participación dice algo; debería abrir preguntas.