Cómo ha logrado la Isla de Pascua evitar al virus zika y convivir con el mosquito

De las islas habitadas en el mundo, la chilena Isla de Pascua, hogar de las monumentales estatuas de piedra conocidas como los moai, es una de las más apartadas del mundo.

Isla-de-PascuaAllí, más de 5.000 personas conviven desde hace 18 años con el mosquito Aeges egypti, capaz de transmitir el zika, el virus que tiene en alerta a América Latina y por el que la Organización Mundial de la Salud emitió esta semana una alerta de emergencia global.
Según el alcalde de la isla, Pedro Edmunds, pese a haberse presentado un caso de zika entre diciembre del 2013 y enero del 2014, y hasta 173 sospechosos en ese mismo período, esta se mantiene hasta ahora libre del brote.
De hecho, desde que el pasado lunes se emitió la alerta global por el zika, virus que se ha vinculado con el nacimiento de niños con microcefalia, en el territorio continental de Chile se han reportado tres casos importados de la enfermedad.
En la Isla de Pascua ninguno.
Prevención
“Sabemos cómo vivir con el mosquito Aeges egypti, que es el verdadero malo de esta película”, le dice a BBC Mundo Pedro Edmunds.
Habla desde Hanga Roa, la zona urbana de la isla, que a diferencia de Chile continental, tiene un clima subtropical, con veranos cálidos y húmedos.
“Entendemos a este vector, porque es el transmisor de otras enfermedades graves, como el dengue, el dengue hemorrágico, o el chikungunya, que deja secuelas”.
Por eso en la isla las medidas para evitar la proliferación del mosquito llevan años en vigor.
De hecho, la principal preocupación en la isla no es el zika, sino el dengue.
En la página web del municipio tan sólo se informa sobre esta última enfermedad: “Todos contra el dengue: eliminemos los criaderos”, es la consigna que se lee y que va acompañada por signos que prohíben la acumulación de desechos (como neumáticos) o acumular agua en baldes.
“Eliminando el mosquito reducimos el riesgo de contagio local”, reza la advertencia.
“Tenemos un plan de saneamiento permanente, que es mi recomendación para el mundo”, dice Edmunds, que ha dirigido el municipio casi sin interrupción desde 1994.
“Aquí, tal como uno se levanta en la mañana y se lava los dientes, cada cual debe limpiar su entorno y preocuparse de que también lo haga el vecino. Uno parte con el convencimiento de las personas, y luego con herramientas jurídicas, que obliguen”, dice el alcalde.
Desde el gobierno central, apuntan a que el manejo en la isla es distinto al de un territorio mayor.
“Es pequeña en términos sanitarios”, dice María Graciela Astudillo, representante del Ministerio de Salud chileno para la región de Valparaíso.
“Allí existe manejo ambiental de los vectores. Hay educación permanente sobre los lugares que podrían ser criaderos, como aguas estancadas, floreros, tachos donde se da agua a los animales, restos inservibles, neumáticos, restos de automóviles, etc…”
“Se controlan todos los lugares donde podría proliferar, se corta el pasto, se ordenan los patios. Trabajamos con la comunidad”, dice Astudillo.
La isla tampoco registra casos de microcefalia.
“Hemos hecho vigilancia y no hay niños con microcefalia en la isla”, sostiene Astudillo.
“Probablemente una parte importante de Isla de Pascua tenga inmunidad contra el virus zika”, planteó en Santiago el jefe de prevención de enfermedades de la secretaría de salud en Chile, ante la ausencia de casos de la enfermedad los últimos dos años.
No lo cree así el alcalde: “Esa es sólo una teoría”.

Sin mosquitos en los sitios sagrados

La población de la Isla de Pascua, cuyo nombre originario es Rapa Nui, se concentra en una única localidad, Hanga Roa.
Las restantes tres cuartas partes de su territorio, conocidos por sus monumentales Moai, están libres del mosquito, según su edil.
“La isla tiene un sector muy acotado donde vive la sociedad. El resto son sitios arqueológicos que no tienen el vector, porque no viven humanon en esos sectores. Los sitios sagrados están libres del mosquito”.
El alcalde se refiere a espacios como Ahu Tongariki, donde se alinean 15 moais mirando al Pacífico, o el volcán Rano Raraku, en cuyas laderas se tallaban las todavía misteriosas estatuas.
Es un dato relevante: los turistas en Isla de Pascua, lugar considerado por la Unesco patrimonio de la humanidad, suman unos 80.000 al año, y de ellos depende buena parte de los ingresos de la isla, que es también parque nacional.
Pero los vuelos que traen el turismo representan también una de las vulnerabilidades de Rapa Nui ante el zika.
A la isla llegan aviones provenientes de Chile, a más de 3.500 kilómetros de distancia, y de Tahiti, a más de 4.300.
“Hay vuelos que vienen del trópico, de Tahiti y del Pacífico. También somos puerto de entrada desde Sudamérica, con vuelos directos que podrían venir desde Brasil vía Santiago. Podría ser que allí viajaran personas en el período de incubación a la enfermedad”, dice el alcalde con preocupación.
“Todos somos ojos, somos oídos, estamos pendientes de cualquier caso febril”, agrega.
“En caso de fiebre, si viene de zona donde hay brote, hacemos seguimiento. Estamos coordinados para su detección en el hospital de Hanga Roa”, dice Astudillo.
Los vuelos que salen de la isla, son fumigados. No así los que llegan. Es un riesgo, según la autoridad comunal.
“El control de vuelos no es suficiente. Me alegro de que se declare emergencia mundial porque los países deberían tomar medidas más serias. El vector llegó a la isla desde Tahiti, por eso estamos infectados. Chile debería tener un acercamiento amigable de trabajo con ellos para ayudarlos a resolver su problema allá”.
Algunos científicos avalan la preocupación local: creen que el zika llegó a Isla de Pascua desde la Polinesia Francesa.

La ruta polinésica del zika

La isla no suma casos de zika en lo que va del 2016 ni el 2015. Pero ¿quién era el único caso del 2014?
Según información del municipio se trató de un isleño que viajó a una feria de arte en Tahiti.
A su regreso, presentó un cuadro febril. Se lo atendió en el hospital de la isla, que siguiendo el protocolo, mandó sus datos a Santiago, donde se confirmó el diagnóstico.
De acuerdo con un estudio de octubre del 2015, publicado por el virólogo Didier Musso en el Centro Para la Información Biotecnológica de Estados Unidos, el zika llegó a Isla de Pascua desde Tahiti, pero durante la fiesta cultural anual pascuense, el Tapati.
“El virus probablemente fue transmitido a Nueva Caledonia, las Islas Cook y la Isla de Pascua, cuando viajeros de la Polinesia Francesa infectados con el zika fueron picados por vectores mientras se encontraban en la isla”, escribe el profesor del Instituto Louis Malardé en Tahiti.
En ambos casos, el contagio coincide con el brote del virus registrado entre 2013 y 2014 en la Polinesia Francesa.
El mismo, que según la versión del virólogo, se abrió paso hasta llegar a Brasil.
El artículo plantea que el zika no llegó con el Mundial de fútbol –donde no participó ningún país con zika endémico- sino en un torneo internacional de carreras en canoa, el Va’a World Sprint, realizado en Río de Janeiro el 2014.
Polinesia Francesa, Nueva Caledonia, las Islas Cook e Isla de Pascua participaron en distintas categorías. El artículo de Musso sugiere, a partir de esos datos y estudios filogenéticos, “que la introducción del zika a Brasil puede haber sido consecuencia de ese evento”.
Pese a ello, lo cierto es que por el momento no se sabe cuál es el origen del brote que afecta a Brasil y que se ha extendido por América Latina.
Hoy, un esfuerzo sanitario global busca contener el zika.
Chile se ha sumado a los esfuerzos globales contra el contagio del virus y representantes del país asistieron a la cumbre regional celebrada en Uruguay para tratar este tema, pese a que la Organización Mundial de la Salud estimó que era el único país –junto a Canadá- que podría librarse del brote.
El clima templado de Chile serviría como barrera natural. Pero las autoridades son cautelosas.
“Hoy estamos libres”, dice María Graciela Astudillo, del ministerio. “Pero el mosquito podría aclimatarse. Las condiciones climáticas cambian. No es posible asegurar que nunca lo vamos a tener”.