La investigadora de la Universidad Austral y el CONICET analizó un estudio que siguió durante una década las capacidades cognitivas y verbales de alumnos argentinos y advirtió sobre una disminución sostenida. El uso de pantallas aparece como una de las hipótesis, aunque también señaló otros factores vinculados al acceso cultural y la interacción con adultos.

La secretaria de Investigación de la Escuela de Educación de la Universidad Austral e investigadora del CONICET, Dra. Florencia Daura, explicó los resultados de una investigación que evaluó durante una década las capacidades cognitivas y verbales de alumnos argentinos. Advirtió sobre una disminución de estas habilidades y planteó posibles factores vinculados al uso de dispositivos electrónicos, el acceso a la cultura y las formas de interacción de los chicos.
Daura explicó que el estudio permitió comparar los resultados obtenidos en distintos momentos para observar la evolución de una misma población. “Lo que hicimos fue tomar y evaluar a chicos en edad escolar de escuelas privadas y escuelas estatales, un instrumento que mide el coeficiente intelectual y el coeficiente verbal”, detalló. Según explicó, la capacidad verbal no se limita a la fluidez para hablar o al vocabulario, sino que también se relaciona con la comprensión lectora y la posibilidad de elaborar ideas.
El equipo utilizó el mismo instrumento en 2013, 2018 y 2023, lo que permitió analizar la evolución durante diez años. “Lo que comprobamos es que esa capacidad en ese lapso de 10 años fue disminuyendo”, afirmó Daura. A partir de ese resultado comenzaron a analizar cuáles podrían ser los factores asociados a ese fenómeno.
La investigadora aclaró que algunas de esas explicaciones todavía constituyen hipótesis que requieren mayor investigación. “Uno de los factores que lo planteamos como una hipótesis que después habría que llegar a corroborar es la influencia del uso de dispositivos electrónicos”, señaló. Al mismo tiempo, explicó que encontraron un paralelismo entre los resultados de su investigación y los datos recientes de las pruebas PISA y Aprender, particularmente en el área de lengua.
“Uno sí puede decir: un efecto puede llegar a ser el uso de las pantallas, otro efecto también el acceso que tienen los chicos a la cultura en general”, sostuvo. En ese sentido, marcó una diferencia con generaciones anteriores: “Nosotros venimos de una generación en donde era muy común entrar a la casa y tener una biblioteca o ver a alguien leyendo en papel o en otro formato, pero hoy en día no todos los chicos tienen ese mismo acceso”.
Daura también destacó la importancia del intercambio con adultos y personas que poseen un mayor bagaje de conocimientos. “También está el acceso y la posibilidad de intercambio con personas que uno escucha hablar y se da cuenta que tienen un mayor bagaje de conocimiento”, explicó. Por eso, remarcó que las conclusiones del estudio deben servir no solamente para advertir sobre el problema, sino también para pensar respuestas.
“Lo que a nosotros nos interesa a partir de este informe, más allá de decir ‘esto es algo muy importante a tener en cuenta’ y más allá de generar la alarma, es empezar a pensar en acciones preventivas que se podrían llevar a cabo para evitar que esto se siga y esta brecha se siga produciendo”, afirmó.
La especialista coincidió además en que el aprendizaje de la lectura y la escritura requiere procesos sostenidos y que las pantallas pueden tener impacto sobre determinadas capacidades. “Hay estudios que están evidenciando cómo el uso de pantallas impacta en el foco atencional de los chicos, impacta en otras habilidades que tienen que ver más con la interacción social”, explicó.
Sin embargo, Daura aclaró que su equipo no plantea eliminar completamente los dispositivos tecnológicos. “No somos de la postura de rechazar totalmente el uso de los dispositivos, porque es una realidad con la que convivimos, pero sí usarlos y ayudar a que los chicos, y es la importancia de la presencia de los adultos, los usen con límites”, sostuvo.
En ese sentido, consideró fundamental que los adultos acompañen el vínculo de los chicos con la tecnología y los ayuden a desarrollar herramientas para analizar críticamente aquello que encuentran en internet. “Usarlos con una orientación que les permita a ellos desarrollar un juicio crítico, por ejemplo, al interactuar con la IA, poder llegar a discernir: ¿esto es verdadero, esto no es una fake news o no lo es?”, planteó.
Los límites, explicó, no deberían referirse solamente al tiempo de exposición. “A los límites me refiero también con la cantidad de tiempo que están interactuando con esos dispositivos y también el acceso y el tipo de contenidos a los que acceden a través de esos dispositivos”, indicó. También consideró necesario que los adultos sepan qué recursos utilizan los chicos y con quiénes pueden interactuar mediante videojuegos y redes sociales.
Frente al descenso registrado en la investigación, Daura destacó que no se trata necesariamente de un proceso irreversible. “El aspecto positivo es que esta es una habilidad que puede aumentar o disminuir, no es que al haber caído no hay una marcha atrás”, afirmó. Por eso insistió en la necesidad de actuar tanto desde las instituciones educativas como desde las familias.
“Es muy importante generar estrategias preventivas, tanto en el ámbito escolar y por parte de los sistemas educativos, como en el ámbito familiar”, sostuvo. En esos espacios, explicó, pueden generarse instancias de interacción con adultos y referentes capaces de enseñar y transmitir conocimientos.
Finalmente, Daura llamó a recuperar prácticas y hábitos considerados fundamentales para el desarrollo de los chicos. “Volver a las raíces en muchas cosas, volver a las cosas que son fundamentales y que a la persona le hacen bien, como el desarrollo de hábitos positivos”, concluyó.