El ex director de la Escuela Superior de Guerra sostuvo en la 99.9 que la bandera desplegada por la Selección Argentina ante Inglaterra “tiró por tierra años de desmalvinización” y advirtió que el Reino Unido desarrolla una estrategia permanente de influencia para legitimar la ocupación de las Islas y su proyección sobre el Atlántico Sur y la Antártida.

El coronel retirado y ex director de la Escuela Superior de Guerra, Gabriel Camilli, aseguró que la repercusión mundial de la bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas” exhibida por los jugadores de la Selección Argentina antes del encuentro frente a Inglaterra constituye un hecho de enorme trascendencia estratégica porque, según afirmó, “tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”.
En diálogo con la 99.9, el especialista en geopolítica explicó que el episodio debe analizarse en el contexto de la comunicación global y las redes sociales. “Estamos en la era de las redes. En un evento deportivo como un Mundial, donde millones de personas están mirando simultáneamente, cualquier expresión de identidad puede transformarse en un acontecimiento estratégico”, señaló.
Camilli remarcó que el partido frente a Inglaterra nunca puede ser considerado un encuentro deportivo más. “Argentina contra Inglaterra no es un partido más. Inglaterra es el país que usurpa el 25% de nuestro territorio nacional, ocupa las Islas Malvinas, gran parte del Atlántico Sur y proyecta su presencia hacia la Antártida. No puede ser un partido más porque ningún otro país vive una situación de usurpación territorial como la nuestra desde hace más de 150 años”, enfatizó.
Para el analista, la reacción británica ante aquella imagen demuestra la importancia que tiene la cuestión Malvinas en la disputa internacional. “Gran Bretaña, para sostener esa injusticia de usurpar nuestro territorio, mantiene campañas en las redes, tiene personas afines en Argentina y paga agencias para intentar darle una apariencia de legitimidad a esa ocupación. Invierten ingentes cantidades de dinero en una campaña cognitiva contraria a los intereses soberanos de la República Argentina”, afirmó.
Camilli sostuvo que el proceso de desmalvinización comenzó inmediatamente después del fin de la guerra en 1982 y atravesó distintas etapas. Recordó declaraciones de distintos gobiernos y mencionó desde quienes calificaban el conflicto como “un carro atmosférico”, pasando por la etapa de las “relaciones carnales” con el Reino Unido y los gestos diplomáticos hacia la Corona británica.
“A partir del 14 de junio de 1982 se inició un proceso sistemático de desmalvinización. Pero con el tiempo eso empezó a caerse y reapareció la verdadera identidad del país, el reconocimiento a los veteranos y a la causa Malvinas”, indicó.
Incluso fue más allá al definir el conflicto bélico de 1982 como “el último ataque de la caballería hispano-católica contra el nuevo orden mundial”. En ese sentido sostuvo que “Argentina se animó, con sus soldados de tierra, mar y aire, a enfrentar un orden mundial que nos había condenado a perder el 25% de nuestro espacio, y eso no se perdona”.
El ex director de la Escuela Superior de Guerra también advirtió que los conflictos actuales ya no se libran únicamente en los escenarios militares tradicionales. “Hoy la guerra no se desarrolla solamente en aire, mar y tierra. Existe un cuarto dominio que es el cognitivo. Los Estados invierten enormes recursos para influir sobre la opinión pública y convencer a las personas a través de sus teléfonos y las redes sociales”, explicó.
“Desconocer esta realidad o negarla es ser ingenuo. Gran Bretaña ejerce una campaña de psicopolítica contra la Argentina para preservar una situación de injusticia como es la ocupación de Malvinas”, afirmó.
Según Camilli, detrás de esa estrategia también existen fuertes intereses económicos y geopolíticos. “Ellos van a explotar el petróleo existente en el sector norte de las Islas Malvinas y la otra gran proyección es la Antártida. Todo eso forma un combo explosivo”, advirtió.
Finalmente, destacó que, pese a décadas de intentos por debilitar la causa Malvinas, observa un cambio generacional positivo. “Hay un reverdecer del sentir nacional. Lo veo en mis hijos, en los jóvenes y en quienes se forman con nosotros. La expresión de la hinchada y de la Selección terminó produciendo un efecto positivo porque volvió a poner la cuestión Malvinas en el centro de la identidad argentina”, concluyó.