El historiador, profesor de la UBA e investigador del CONICET, analizó en la 99.9 la figura de Martín Miguel de Güemes y el contexto de las luchas independentistas. Destacó el papel de las milicias populares del norte, el impacto de las revoluciones atlánticas y la importancia de comprender que la independencia estuvo atravesada también por demandas sociales y políticas.

La figura de Martín Miguel de Güemes vuelve a ganar espacio en el debate público y académico. En diálogo con la 99.9, el historiador Gabriel Di Meglio, profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador del CONICET, explicó el rol que tuvo el caudillo salteño en la independencia argentina y contextualizó los profundos cambios políticos y sociales que atravesaban América y Europa a comienzos del siglo XIX.
“Yo no me intereso en particular por Güemes, sino por la época. Soy investigador de la primera mitad del siglo XIX en Argentina”, aclaró inicialmente. Sin embargo, reconoció que las fechas patrias vuelven inevitable abordar a figuras centrales como el líder salteño.
Contrariamente a algunas interpretaciones extendidas, Di Meglio señaló que Güemes no mantuvo una relación conflictiva permanente con Buenos Aires. “Buenos Aires no tenía tirria con Güemes. Se llevaba muy bien con Pueyrredón, que fue Director Supremo entre 1816 y 1819. De hecho, eran amigos y trabajaron coordinadamente”, explicó.
Para el investigador, lo que convirtió a Güemes en una figura decisiva fue su conducción de la guerra defensiva en la frontera norte. “Lo que volvió a Güemes una figura central fue conducir lo que en la época se llamó una guerra de guerrillas en la frontera entre el Alto Perú y Salta-Jujuy. Con las milicias del norte logró neutralizar los avances realistas y eso permitió que San Martín pudiera desarrollar la campaña de los Andes”, indicó.
Sin embargo, aclaró que la importancia de Güemes no se limita al plano militar. “Fue también un líder popular y le dio a sus seguidores algunas medidas que generaron mucha revulsión entre las clases altas de Salta y Jujuy”, afirmó. Como ejemplo recordó que “los gauchos dejaron de pagar el arriendo durante varios años mientras estaban bajo las armas” y que incluso “tomaban vacas de las estancias porque decían que ellos ponían el cuerpo en la guerra mientras los grandes estancieros no”.
Esa situación generó una fuerte oposición interna. “Ahí sí Güemes tuvo una cantidad de enemigos muy grande. La revolución en esa región no fue solamente por la independencia, sino también para transformar el orden social”, señaló.
Al analizar el contexto internacional, Di Meglio destacó que la independencia americana formó parte de un fenómeno más amplio. “Es una época muy interesante porque hay una serie de revoluciones en distintos lugares: la francesa, la de Estados Unidos, la de Haití y también las rebeliones andinas de Tupac Amaru y Tupac Katari”, explicó.
Todas ellas compartían una misma pregunta de fondo: “¿Por qué la gente obedece y quién manda? ¿Cómo tiene que estar organizado el sistema político?”. En ese sentido, remarcó que comenzaron a cuestionarse las desigualdades jurídicas heredadas del orden colonial. “Si una persona nacía en un lugar o en otro tenía derechos distintos. Si no era blanca tenía otros derechos. Por el mismo delito a un blanco no lo azotaban y a alguien que no era blanco sí”, recordó.
Según el historiador, esos reclamos fueron ganando fuerza después de la Revolución de Mayo. “La revolución terminó reclamando la independencia, pero también otras cosas. Las clases populares tenían expectativas de mejorar sus condiciones de vida y eso ayuda a entender por qué hubo apoyos tan grandes al proceso revolucionario”.
Di Meglio también reflexionó sobre la composición de los liderazgos revolucionarios. “La revolución estuvo dirigida sobre todo por criollos descendientes de europeos, como Belgrano. Pero también llegaron muchos militares europeos después de las guerras napoleónicas, algunos por convicción política y otros buscando trabajo”, explicó.
En ese contexto, destacó el surgimiento de una identidad americana. “Todavía no existían Argentina, Uruguay o Paraguay como los conocemos hoy. Lo que empezó a consolidarse fue una identidad de americanos frente a europeos”, afirmó.
Sobre las transformaciones que dejó aquel período, consideró que uno de los cambios fundamentales fue el cuestionamiento de los privilegios de nacimiento. “La gran pregunta era por qué alguien debía tener más derechos que otro por cómo había nacido. En Europa se cuestionaba a la nobleza; aquí también se cuestionaron las diferencias jurídicas heredadas de la colonia”, explicó.
Aunque reconoció que muchas desigualdades continuaron existiendo, destacó que hubo avances significativos. “El sistema de castas dejó de existir. El racismo siguió existiendo, pero ya no a nivel jurídico. A partir de la revolución, en teoría, todos eran iguales ante la ley”, indicó.
Finalmente, al ser consultado sobre el carácter pionero de la estrategia militar de Güemes, señaló que la guerra de guerrillas ya tenía antecedentes en España durante la resistencia contra Napoleón. “Es muy posible que hubiera influencias. San Martín había combatido en España y conocía esas tácticas. Pero también es cierto que en Salta las guerrillas surgieron espontáneamente cuando la población comenzó a resistir las requisiciones de los realistas”, explicó.
De hecho, aseguró que “el levantamiento de guerrillas lo empezó la propia gente antes que los dirigentes”. Luego aparecería Güemes como conductor político y militar de ese proceso. “No fue que lo empezó Güemes, pero sí se convirtió en la figura central y estableció una relación muy particular con esos paisanos que terminaron siendo conocidos como los gauchos de Güemes”, concluyó.