Horacio Botta Bernaus: “Sin trabajar sobre el factor humano, la seguridad vial se convierte en un pensamiento mágico”

El abogado especializado en derecho de tránsito, seguridad y educación vial advirtió que la construcción de autovías, por sí sola, no resolverá la siniestralidad. Cuestionó la ausencia de políticas sostenidas, reclamó priorizar la educación vial y sostuvo que Argentina sigue copiando modelos sin comprender cómo funcionan.

La muerte de una adolescente de 15 años y del conductor de un remís tras un nuevo siniestro en la Ruta 88 reavivó el debate sobre la seguridad vial. Para el abogado especializado en derecho de tránsito, seguridad y educación vial Horacio Botta Bernaus, el problema está lejos de resolverse únicamente con obras de infraestructura. “No hay magia en esto. Es muy argentino pensar que haciendo una autovía automáticamente desaparece la siniestralidad”, afirmó en diálogo con la 99.9.

El especialista explicó que una autovía modifica las condiciones de circulación, pero no elimina los factores de riesgo. “Lo que no estamos valorando es que los factores de riesgo van a seguir existiendo. Cambia el perfil de la siniestralidad, pero los riesgos permanecen. Si no trabajamos sobre ellos no hacemos seguridad vial, hacemos magia”, remarcó.

Para ejemplificarlo recordó la experiencia de la Ruta Nacional 9 en Córdoba. “Durante cuarenta años se pidió la autopista y cuando finalmente se inauguró me preguntaron si se habían acabado los accidentes. Respondí que no, que habían cambiado las condiciones. Cinco años después el principal diario de Córdoba titulaba que habían vuelto a registrarse los mismos índices de mortalidad que antes de la autopista”, señaló.

Botta Bernaus advirtió además que una mayor sensación de seguridad suele provocar conductas más riesgosas. “Cuando uno amplía la sensación de seguridad, muchas personas también amplían los riesgos: manejan más rápido porque no viene nadie de frente, porque tienen dos carriles o porque creen que llegarán antes”, explicó.

El abogado también puso en duda las políticas que descansan exclusivamente en sanciones y controles. Indicó que incluso en España, donde existen sistemas considerados de referencia, los resultados comenzaron a estancarse. “Se ha instalado la idea de que más sanciones, más normas, más prohibiciones y más exigencias resuelven la seguridad vial. Después de 41 años trabajando en esto puedo decir que no hay magia. En España celebran los 20 años del carnet por puntos, pero los muertos volvieron a aumentar y ya se agotó ese modelo basado solamente en la persecución y la sanción”, sostuvo.

En ese contexto cuestionó que los programas internacionales tampoco estén priorizando la formación de los conductores. “Naciones Unidas planteó un segundo decenio de la seguridad vial con el objetivo de reducir otro 50% las muertes, pero entre sus ejes ni siquiera figura la educación vial. Es como si formar al usuario del sistema vial no fuera la clave”, expresó.

Para Botta Bernaus, Argentina arrastra además un problema estructural al copiar políticas extranjeras sin reproducir los procesos que permitieron su éxito. “Copiamos mal, copiamos tarde y sin saber cómo se llega a esos modelos. Adoptamos el sistema de carnet por puntos, pero nunca nos preguntamos cómo hicieron los países para que funcionara”, afirmó.

En ese sentido aseguró que el país nunca comenzó por el aspecto más importante. “No empezamos por el principio, que es el factor humano. Creemos que porque un inspector da una charla ya hicimos educación vial. La educación vial no es simplemente informar; implica un verdadero despliegue pedagógico”, enfatizó.

Consultado sobre los riesgos específicos de la Ruta 88, indicó que primero deben identificarse técnicamente para luego trabajar sobre ellos. “Los bancos de niebla, las lomadas, los cambios de rasante son factores de riesgo. Lo primero es reconocerlos y después enseñar cómo actuar frente a ellos. No alcanza con decir ‘maneje con precaución’; hay que darle a la gente herramientas concretas para identificar el riesgo y saber qué hacer”, explicó.

Finalmente, relató un caso reciente de reconstrucción de un siniestro protagonizado por un camión para demostrar que muchas tragedias podrían evitarse con mejores controles y capacitación. Descubrió que el conductor llevaba 72 horas de manejo acumuladas en apenas cinco días y había conducido más de cuatro horas seguidas antes del accidente fatal. “Todo lo que aconsejamos desde la seguridad vial se violó. El chofer se quedó dormido, cruzó de carril y murió. Sin embargo, nadie había controlado sus tiempos de descanso”, indicó.

A partir de esa experiencia insistió en que la verdadera transformación debe comenzar desde la formación de quienes conducen. “Hoy las empresas muchas veces sólo exigen que el chofer tenga carnet profesional. Si no cambiamos la forma de pensar el factor humano dentro de la seguridad vial, estamos liquidados. Vamos a seguir lamentando las mismas tragedias que tanto nos duelen”, concluyó.