Jubilación en la pobreza: los turcos que lo dejaron todo por Alemania

El 30 de octubre de 1961, Alemania y Turquía firmaron un acuerdo para el reclutamiento temporal de mano de obra. Algunos de los trabajadores migrantes pagaron un alto precio por ello y hoy están en riesgo de pobreza.

A mediados de septiembre de 2026, el presidente regional de Renania del Norte-Westfalia, Henrik Wüst, rindió homenaje en una ceremonia celebrada en el aeropuerto de Düsseldorf a aquellas personas que, 65 años antes, descendieron allí de un avión para ganarse la vida en un país nuevo para ellos. Son los trabajadores y trabajadoras invitados (Gastarbeiter) de primera generación, que tuvieron la valentía a dejar atrás su país de origen y que, con el tiempo, contribuyeron a la prosperidad de la República Federal de Alemania.

Hasta que en 1973 acabara suspendiéndose el reclutamiento de mano de obra extranjera (Anwerbestopp), llegaron 870.000 ciudadanos de Turquía. Trabajaron en las minas de carbón, en las cadenas de montaje y limpiando fábricas. La mayoría se quedó y encontró un nuevo hogar en ciudades como Düsseldorf, Colonia o Duisburgo.

«Han hecho que nuestro país sea más diverso, más abierto y más fuerte», elogió Wüst. Pero también dejó claro que «solo habremos alcanzado la meta cuando el nombre, el color de piel y la religión ya no importen».

Pero Alemania aún está lejos de ese objetivo, señala a DW Haci-Halil Uslucan. A su juicio, 65 años después todavía existe mucha discriminación contra las personas de origen turco. Y eso pese a que el acuerdo de contratación de trabajadores es, en esencia, una historia de éxito.

«Hemos avanzado en muchos ámbitos. Hay ascenso educativo. Hoy contamos con numerosos graduados universitarios, con trayectorias profesionales exitosas y también con ascenso político. Ahí está, por ejemplo, el presidente regional de Baden-Wurtemberg, Cem Özdemir», destaca.

La pobreza en la vejez golpea más a los migrantes
El propio Uslucan es un ejemplo de esa movilidad social. Su padre llegó a Berlín después de 1971 para trabajar en la industria textil. Dos años más tarde, se trajo a su esposa y a sus dos hijos. Haci-Halil Uslucan obtuvo un doctorado en Psicología y actualmente es profesor de Estudios Turcos Modernos en la Universidad de Duisburgo-Essen.

«La pobreza en la vejez, según muestran los estudios, es el doble de alta entre los migrantes: entre el 25 y el 30 %, frente al 12 o 14 % entre los alemanes. Las tasas de invalidez y de jubilación anticipada también son mucho mayores entre los migrantes, porque la primera generación desempeñó trabajos muy exigentes físicamente», explica.

«Además, tienen ingresos mensuales más bajos, trayectorias laborales interrumpidas y trabajaron frecuentemente en sectores de bajos salarios. Como consecuencia, también reciben pensiones más reducidas», señala Uslucan.

Pensiones 360 euros más bajas
Un reciente análisis sobre el tema arroja cifras preocupantes. Los pensionistas con nacionalidad turca reciben en Alemania, en promedio, unos 360 euros menos al mes que los jubilados alemanes. A finales de 2025, percibían 890 euros mensuales, frente a los 1.250 euros de los alemanes.

Más inquietante aún es otro dato: en junio de 2026, la proporción de personas con nacionalidad turca que recibían prestaciones básicas por vejez era más de tres veces superior a la de los alemanes, con un 9,3 % frente a un 2,7 %.

Eric Seils, investigador de la Fundación Hans Böckler de Düsseldorf, explica a DW que muchos de los trabajadores invitados llegaron a Alemania a una edad relativamente avanzada y, por tanto, tuvieron menos tiempo para cotizar al sistema de pensiones.

«La razón principal son, naturalmente, los salarios de entonces y el historial laboral previo. Muchos de los trabajadores invitados que llegaron a Alemania fueron directamente a las fábricas, a la minería o a la construcción. Allí no recibían salarios elevados por hora, porque a menudo tenían menos formación que los trabajadores alemanes», comenta.

Empleos duros y pocas oportunidades
La desindustrialización de principios de los años setenta y la crisis del petróleo también dejaron a muchos Gastarbeiter sin empleo.

«Eso implicó la desaparición de muchos de los buenos trabajos de la industria tradicional. Quienes tenían menos formación quedaban desempleados con más facilidad que las personas con estudios, exactamente igual que sucedía entre los alemanes. Y cuando las trayectorias laborales se interrumpen, eso termina reflejándose en la pensión», explica Seils.

Janina Söhn, del Instituto Sociológico de Investigación de Gotinga (SOFI) de la Universidad Georg-August, también ha investigado la pobreza en la vejez entre las personas migrantes.

Su conclusión es clara: es un grave problema para Alemania que casi un tercio de quienes emigraron estén en riesgo de pobreza. «Este grupo se ve afectado incluso más que, por ejemplo, las mujeres en general, que ya enfrentan un riesgo elevado de pobreza. Y si observamos a las mujeres migrantes que viven solas, los datos son realmente alarmantes. Sin el apoyo familiar, la situación sería mucho más dramática», advierte.

Söhn resume la situación de la siguiente manera: «En realidad, se trata de toda una acumulación de desventajas y dificultades a lo largo de la vida. Alemania trajo a la generación de los trabajadores invitados y luego ellos realizaron aquí los trabajos más duros, mientras que parte de la población local pudo ascender mediante la formación».

«Las personas que desempeñaron esos trabajos tan duros, que además siempre son necesarios para cualquier economía, terminaron pagándolo con su salud», concluye.