Alejandro Guadagnino, protesorero de la Sociedad de Fomento del barrio La Florida, advirtió sobre el aumento de robos, entraderas y circulación de delincuentes en la zona. Cuestionó la falta de respuestas, las fallas en los controles y aseguró que “la gente está cansada” ante una situación que considera cada vez más grave.

La inseguridad en distintos sectores de Mar del Plata suma episodios cotidianos y el barrio La Florida aparece como uno de los puntos donde los vecinos perciben un deterioro cada vez más marcado. Así lo expresó el protesorero de la Sociedad de Fomento, Alejandro Guadagnino, quien en diálogo con la 99.9 reconoció que las últimas semanas fueron especialmente complejas: “No estamos aislados. El barrio en toda su dimensión siempre registra hechos delictivos, lamentablemente es la diaria, la que siempre escuchamos por todos lados”.
Aunque aclaró que las sociedades de fomento no tienen funciones de seguridad, indicó que la situación obliga a involucrarse: “Nos preocupa y como sociedad de fomento tratamos de ayudar. Nuestro objetivo es otro, es social, no somos un poder de policía, pero nos obliga a colaborar en todo lo que nos alcance para poder apalear estos hechos delictivos”.
Las imágenes que circulan entre vecinos muestran robos y movimientos sospechosos a cualquier hora. Uno de los casos más comentados fue el de un automóvil blanco con cuatro ocupantes que recorrió el barrio durante un largo tiempo antes de concretar un asalto. Sobre eso, Guadagnino señaló: “Es real que rondan, dan vuelta, miran, pispean y a la oportunidad atacan”.
Según explicó, existen múltiples accesos que facilitan los movimientos de los delincuentes. “El barrio está abierto por la autovía por varios sectores”, indicó, mencionando especialmente la calle Newbery y los ingresos cercanos a vías ferroviarias. Allí apuntó directamente a una obra inconclusa: “Se hizo un cerramiento desde Constitución y se frenó al llegar al arroyo, pero quedó un agujero donde es como un agujerito de rata; se escapan por ahí”.
La responsabilidad, remarcó, es de Ferrocarriles Argentinos: “Desde el arroyo hasta la limitación de lo que era el ex campo de La Pastora está todo abierto. Es una entrada y salidera tremenda, es incontrolable”.
También recordó la polémica discusión que se generó tiempo atrás respecto del supuesto cierre del barrio. “Nunca se pretendió cerrar el barrio sino reordenar una cuestión vehicular”, explicó, y agregó que esa medida tampoco hubiera solucionado el problema de fondo: “No iba a solucionar nada de la cuestión delictiva”.
Uno de los puntos que más inquietud genera es la respuesta de las fuerzas de seguridad. Guadagnino confirmó que los vecinos reclaman por la escasa presencia policial: “Estamos permanentemente solicitando a la UAB que pasen las motos para hacer prevención”, indicó. Pero además cuestionó las demoras ante las emergencias: “Es muy serio porque hasta te gradúan la respuesta. Depende de la situación”.
Incluso recordó una experiencia personal de décadas atrás que, según dijo, demuestra que poco cambió: “Hace 40 años fui víctima de un hecho delictivo y también la pregunta fue: ‘¿Hay hecho de sangre?’. Ahí en base a eso responden o mueren”.
La situación atraviesa a todos. Mientras coordinaban la entrevista, relató, el vicepresidente de la Sociedad de Fomento fue víctima de un robo: “Había dejado la camioneta para un service y cuando volvía caminando a su casa lo interceptaron un par de chicos. Eran las ocho de la mañana. No hay horario”.
También señaló que los ataques afectan a jóvenes en paradas de colectivos, familias y vecinos que simplemente llegan a sus hogares. “La gente ya está cansada, está harta, es comprensible”, sostuvo.
Sin embargo, advirtió sobre el riesgo de respuestas impulsivas frente a la ausencia estatal: “Llega un punto que te harta. Muchas veces la pasión te sobrepasa a la razón”. Y agregó: “Hay vecinos que salen con armas cuando se activa una alerta, porque sienten que están solos”.
Desde la entidad fomentista intentan sostener herramientas de organización vecinal: grupos de WhatsApp, comunicación con el COM y reuniones con autoridades policiales. Pero, según contó, la respuesta suele ser siempre la misma: “Escuchamos lo mismo: llamen al 911. Uno entiende el protocolo, pero llega un punto en que hay que dar un poquito más del sentido común y el protocolo”.
Finalmente, amplió la mirada y sostuvo que la problemática excede a la seguridad: “El sistema educativo también está deteriorado”. Para Guadagnino, el fenómeno tiene múltiples causas, aunque concluyó con una definición contundente: “Estamos hablando de una defección enorme en el ejercicio de los roles del Estado. Hay muchas fallas”.