Literatura para salir de prisión en Rumanía

La ley rumana que permite una reducción de pena por libro publicado provoca un ‘boom’ editorial. En dos años, 188 presos han publicado 411 libros de investigación científica.

George-Becali-Beneficiado-libros-en-prision-RumaniaEl ex primer ministro Adrian Nastase, símbolo de la corrupción política en Rumanía, fue sentenciado en enero de 2012 por el Alto Tribunal de Casación y Justicia de su país a dos años de prisión por desviar mientras ocupaba el cargo (2002-2004) 1,6 millones de euros a su campaña para las elecciones presidenciales y legislativas de 2004. Pero el político socialdemócrata, pese al recurso presentado por el Departamento Nacional Anticorrupción, salió en libertad en marzo de 2013 “por buena conducta”. Y por haber escrito entre rejas ‘Ejercicio de la Libertad’, libro que el sistema judicial premió con 30 días de reducción de pena.
A Nastase y a todos los presos que desarrollen la capacidad de escribir y publicar libros, una oferta rehabilitadora prevista en la ley penitenciaria de 2006 y que ha hecho a cientos de políticos y empresarios corruptos descubrir repentinamente su talento para la investigación y las ciencias.
Según la Oficina de Instituciones Penitenciarias (ANP), entre 2013 y 2015 un total de 188 presos han escrito y publicado 411 libros de investigación científica, 340 el pasado año y entre ellos uno de 212 páginas escrito en siete horas.
“Hay muchos políticos, dueños de clubes de fútbol y empresarios que una vez en la cárcel no sólo descubren que tienen un don para la literatura y las ciencias, sino que además son capaces de escribir y publicar a mansalva”, declara con ironía el senador Valeriu Todirasco, firme defensor de reformar una ley que permite lo que combate, el fraude.
La politóloga Alina Muniu-Pippidi piensa lo mismo: “Asistimos a la transformación del mundo académico en una forma de crimen organizado”.
Los criterios que se aplican en Rumanía al trabajo científico en penitenciaría no son especialmente laxos. Hay que contar con un profesor universitario que dirija el trabajo, demostrar con la aprobación de la Universidad, que el tema es relevante y tiene que haber una editorial reconocida por el Consejo Nacional para la Investigación en la Universidad, dispuesta a publicar el trabajo.
Un imposible para un recluso común, un juego de niños para el político y empresario Dan Voiculescu, con una fortuna estimada de 1.600 millones de euros. Voiculescu fue sentenciado en 2014 a 10 años de prisión por delitos de corrupción y lavado de dinero. En menos de un año ha escrito ocho libros que le permitirán salir de la cárcel ocho meses antes.
No es menos creativo el también millonario Dinel Staicu, penado en 2013 a 11 años de cárcel y autor entretanto de 10 obras científicas, o el empresario y ex ministro Gheorghe Copos, que aprovechó su encierro para escribir sobre ‘Alianzas matrimoniales como política de los reyes rumanos entre los siglos XIV-XVI’.
O Gica Popescu, antigua estrella del fútbol acusado de lavado de dinero y autor de cuatro libros. O la cantante pop Realini Lupsa, repentinamente interesada en los efectos de las células madre en la medicina dental.
Mención especial merece Gigi Becali, hombre con estudios básicos que supo hacerse millonario con la especulación inmobiliaria, comprarse el club de fútbol Steaua de Bucarest, hacerse con liderazgo del partido ‘Nueva Generación’, lograr apoyos para concurrir a las elecciones parlamentarias europeas y luego ser diputado.
Fue condenado en 2013 a tres años de prisión por delitos, también en este caso, de corrupción. Fue puesto en libertad en abril de 2015 dejando para la posteridad cinco investigaciones científicas con títulos como ‘Becali y la Política’ o ‘Steaua y Becali’.
Un trabajo ímprobo, febril y desde luego liberador el de todos ellos y no sólo por la agilidad que demuestran con la pluma -hay un grupo de 75 presos que han producido hasta cinco libros cada uno en unos meses- sino también por la excelencia de un trabajo investigación realizado en condiciones precarias. En las prisiones rumanas no se admiten ordenadores, las librerías son muy básicas, y los trabajos hay que realizarlos a papel y lápiz.
“Bueno, eso tiene una explicación fácil. Tu instructor manda el texto, uno lo copia a mano y entrega el manuscrito. ¿Dónde está el problema?”, declaró Becali ante las cámaras de TVB1.T
Tan fácil es la cosa, que no es de extrañar que algunos de esos nuevos “científicos” hayan sido denunciados de plagio, que haya aprendices escribiendo para ellos o que los catedráticos más proclives a dirigir investigaciones en prisión suelan ser los mismos.
El semanario ‘Spiegel’ cita entre ellos a Dan Dungaciu, politólogo; Dan Voinea, abogado de la acusación en el proceso contra el dictador Ceaucescu, y Dumitru Miron, decano de la Facultad de Relaciones Internacionales de Bucarest, con numerosas obras de presos certificadas, entre ellas siete de las 10 firmadas por el millonario Voiculescu.
Según el diario ‘Adelvarul’ también hay editoriales más receptivas que otras a publicar los trabajos de investigación del ‘club penitenciario de intelectuales’. El caso más relevante es el de Siteg, editorial con domicilio social en Craiova (sur de Rumanía) y 130 títulos de los 411 publicados entre 2013 y 2015.
Algo que resulta evidente, aunque la ministra rumana de Justicia, Raluca Pruna, acabe de verlo ahora: “Ha habido un abuso de la norma surgiendo así un fenómeno fuera de control”.
Pruna ha propuesto al Gobierno que revoque por decreto ley la posibilidad de reducir pena por publicar. Sucederá, previsiblemente, este mes de febrero. Aún hay presos con investigaciones por acabar.