La licenciada en Educación cuestionó en la 99.9 el nuevo régimen académico de la escuela secundaria bonaerense y advirtió que la no repitencia es apenas uno de los cambios de un sistema que, según sostuvo, “contribuyó a la profundización del deterioro de la educación”. Explicó las dificultades que genera la convivencia entre alumnos que cursan, recursan, intensifican y profundizan, y señaló que la nueva modalidad termina perjudicando también a quienes tienen buenos resultados.

Mabel Cámara, licenciada en Educación, analizó en la 99.9 el nuevo régimen académico de la escuela secundaria bonaerense y aseguró que el problema es mucho más amplio que la eliminación de la repitencia. “Tal vez el aspecto que más trascendió del nuevo régimen académico para la educación secundaria que derogó el anterior fue el tema de la no repitencia, pero la verdad que el tema es mucho más complejo que eso”, señaló.
Para explicar el funcionamiento del sistema, Cámara tomó como referencia un video del profesor Javier Guerrero que circuló entre docentes de la provincia y que, según describió, muestra lo que sucede dentro de un aula cuando conviven estudiantes que cursan, recursan, intensifican y profundizan. “Nosotros intentamos reírnos de todo esto y ponerle la mejor voluntad, pero hay cosas que no se pueden remontar”, sostuvo.
La licenciada explicó que un alumno puede pasar de año aun cuando tenga una gran cantidad de materias sin acreditar. “Si un estudiante aprueba al menos una materia del año que está cursando, debido a esta famosa no repitencia, pasa al siguiente, lo cual en realidad es una falacia, porque todavía tiene que recuperar todas las materias que no acreditó del año anterior. Por lo tanto, no está ni en uno ni en otro”, afirmó.
Cámara ejemplificó la situación con un alumno de cuarto año que tiene 11 materias. “Si aprueba una sola, le quedan 10 sin acreditar y automáticamente pasa a quinto año. De esas 10 materias, cuatro las va a poder intensificar y las otras seis las tiene que recursar”, explicó. La intensificación consiste en intentar aprobar esas asignaturas con acompañamiento docente durante períodos de dos semanas establecidos en distintos momentos del año.
Pero allí aparece otro de los problemas que cuestionó. “Dos semanas para la educación secundaria son generalmente dos clases, porque los estudiantes en la mayoría de las materias tienen una clase semanal de cada asignatura. Por eso digo intentar aprobarlas, porque es imposible recuperar los saberes no aprendidos en un año bajo esta nueva modalidad”, sostuvo.
A su vez, el alumno que recursa debe volver al aula correspondiente al año anterior mientras también cursa algunas materias del año al que pasó. “Como por año no puede cursar más de 12 materias a la vez, solo va a poder cursar seis de quinto, siempre y cuando se pueda organizar para que no haya superposición horaria o, si la escuela tiene más de un turno, que las haga a contraturno”, explicó.
La consecuencia, según Cámara, es una trayectoria cada vez más difícil de seguir. “De quinto año son 11 materias, adeuda 10 de cuarto, intensifica cuatro de cuarto, recursa seis de cuarto y cursa seis de quinto. ¿Me siguen? Probablemente no, porque ni yo lo alcanzo a entender”, ironizó. Y advirtió que la situación se vuelve todavía más compleja a medida que pasan los años: “El estudiante va acumulando cada vez más materias, lo cual lo abruma de una manera que en lugar de ayudarlo a avanzar, lo frena más”.
La licenciada también cuestionó que no exista una evaluación sistemática de los resultados de las modificaciones implementadas. “Se supone que cuando uno hace un proyecto, sea cual sea, va después evaluando si funciona, para después corregirlo. Acá pareciera que todo reajuste que se hace para revertir la situación, por el contrario, la agrava de manera cada vez más acelerada”, afirmó.
“En teoría este nuevo régimen académico vino a mejorar cosas que no estaban bien, de hecho sí había cosas para mejorar, pero evidentemente las está empeorando más”, agregó. En ese sentido, cuestionó que ante las dificultades no se revise la política implementada sino que se termine responsabilizando a otros actores: “No hay una reflexión sobre ‘pensamos que era bueno en la teoría, en la práctica no resultó, cambiémoslo’. No, lo que se hace es culpar al docente que no hace bien las cosas, o a la escuela, o lo que sea”.
Cámara puso además el foco en los estudiantes que cumplen con sus obligaciones. Dentro del nuevo esquema existe una categoría denominada “profundización”, destinada a quienes tienen sus aprendizajes al día. “Son los estudiantes que van a estudiar a la escuela, los que tienen ganas de aprender, los que no faltan, los que atienden, los que hacen las tareas”, describió.
Sin embargo, consideró que esos alumnos terminan relegados frente a la complejidad que demanda atender a quienes adeudan materias. “Como están al día con sus aprendizajes y no pueden seguir avanzando con ellos, porque hay que dedicarse, en medio de toda esta complejidad que se nos plantea, a los que están recursando, intensificando y demás, entonces a estos se les da más de lo mismo, un poquitito más de lo que ya hicieron”, sostuvo.
Otro de los puntos que cuestionó es la posibilidad de que los alumnos ingresen a la escuela aunque lleguen después del horario establecido. “Los estudiantes pueden entrar a la hora que quieren a la escuela. No lo dice de esta manera, pero sí dice que a la hora que ellos lleguen tienen que ingresar”, afirmó. Cámara señaló que, aunque comparte la necesidad de que los chicos permanezcan dentro de la institución, esto termina generando situaciones en las que “si tienen que entrar siete y media, pueden entrar a las nueve”.
Según relató, las escuelas cuentan con pocas herramientas para modificar esa conducta. “No hay ningún mecanismo efectivo para evitar que esto pase”, dijo, y describió situaciones de alumnos que llegan tarde de manera sistemática e incluso ingresan con el desayuno. “Es como que hay una idea totalmente desvirtuada de lo que es ese espacio educativo que ellos necesitan para el futuro”, cuestionó.
También apuntó contra uno de los aspectos vinculados con las normas de convivencia. “Un estudiante puede insultar a sus compañeros o docentes, incluso tener episodios de violencia reiterados, pero la calificación no puede tener en cuenta la violación de las pautas de convivencia. Esto también está dentro del nuevo régimen académico”, afirmó.
Finalmente, Cámara cuestionó la sobrecarga que el nuevo esquema genera dentro de las escuelas a partir de la necesidad de definir las trayectorias individuales. Explicó que esa tarea queda en manos del Equipo de Definición de las Trayectorias Educativas (EDTE), que debe analizar y acompañar de manera personalizada el recorrido de cada estudiante. “En la teoría suena maravilloso”, reconoció, aunque advirtió que se trata de una estructura que demanda una cantidad de tiempo y recursos difícil de sostener en la práctica.