Mariano Ghirardotti sobre Ingresos Brutos: “Es otro impuesto a las ganancias, pero mucho más injusto”

El contador y tributarista advirtió que Ingresos Brutos es un impuesto que se acumula en toda la cadena y que termina pagando el consumidor final. Explicó por qué las provincias no pueden prescindir de él, cuestionó los regímenes de retención y percepción, y planteó que una salida requeriría un acuerdo entre Nación y gobernadores.

“Es un impuesto que se acumula: me lo cobra el productor, después el distribuidor, después el mayorista, después el minorista, y el que termina pagando el impacto entero de todas esas acumulaciones es el consumidor final”, explicó el contador público, especialista en tributación y asesor de empresas Mariano Ghirardotti, al referirse en la 99.9 al impuesto a los Ingresos Brutos y a su peso en lo que se conoce como el costo argentino.

Ghirardotti señaló que eliminarlo es una discusión muy compleja, porque se trata de un tributo central para las finanzas provinciales. Recordó que hubo intentos parciales de reducirlo para la industria y el campo, en la época de Cavallo y luego durante el gobierno de Macri. “Representan entre un 60 y un 80% de la recaudación propia de cada provincia. Las provincias ya lo necesitan para cumplir con sus presupuestos, entonces es difícil pensar en que desaparezca”, sostuvo.

Sobre los efectos económicos, remarcó que es un impuesto sobre la facturación, sin posibilidad de deducir gastos ni de tomar como crédito lo pagado en la etapa anterior. “Es un impuesto que no le interesa cómo te va. Solo te cobra por los ingresos que tenés, por más que vos estés gastando tres veces más de lo que te ingresa”, afirmó. Y agregó que, además, coexiste con el IVA nacional, que grava mayormente lo mismo.

El tributarista advirtió que en los últimos años el impuesto se volvió más abarcativo, ya que algunas provincias comenzaron a cobrarlo sobre la compraventa de acciones, los plazos fijos, las exportaciones o el rendimiento de los fondos comunes de inversión, algo que históricamente había quedado afuera. “En la voracidad, en la desesperación por incrementar la base imponible, fueron interpretando que también estaban gravadas”, señaló. Y sostuvo que hoy la mayoría de los problemas que enfrentan sus clientes tienen que ver con este tributo.

Al comparar su incidencia con la del impuesto a las ganancias, fue contundente: “Si yo tomo sobre la ganancia real de la compañía cuál fue la incidencia del impuesto a los ingresos brutos, que me cobró todo el año una tasa del 3 y el 4,5, es más alto. Es otro impuesto a las ganancias, pero mucho más injusto, porque por ahí yo ni tuve ganancias”. En esa línea, consideró que es un desincentivo para quien quiera instalarse en el país con un negocio de margen chico.

Para Ghirardotti, el problema de fondo está en el federalismo fiscal descoordinado, que permite que provincias y municipios tengan potestad para crear sus propios impuestos. Explicó que cualquier intento de eliminarlo choca con las necesidades de las provincias: “Son gobiernos que se volvieron adictos a algo que es terriblemente nocivo para la economía, pero ahora el gasto ya está. La única alternativa es que reduzcan el gasto para poder reducir el impuesto. Y eso sabemos que en Argentina no ocurre”, expresó.

Otro punto que cuestionó fueron los regímenes de retención, percepción y anticipo, que hacen que el contribuyente termine pagando mucho más de lo que debe y con saldos a favor que después le cuesta recuperar. “Cuando uno llega al contador y hace la declaración jurada, no es que yo debo plata de ingresos brutos, me deben a mí. Esta mecánica es nefasta porque me terminan cobrando mucho más de lo que yo tengo que pagar”, aseguró.

Como ejemplo, describió el caso de quien arranca un negocio: cuando compra le suman puntos como anticipo, cuando cobra le retienen y cuando deposita en el banco le vuelven a descontar. “Tenía que pagar el 3% y terminó pagando el 6%, el 7%”, ejemplificó. Y advirtió que los saldos a favor se convierten en un financiamiento forzoso: “Estuvieron años y años sacándole plata al contribuyente como un préstamo que el contribuyente les hace a ellos, a tasa cero, cuando el propio contribuyente para pedir un préstamo tiene que pagar tasas bestiales o directamente no lo obtiene”.

Consultado sobre una posible alternativa, planteó que tendrían que converger los gobernadores y el Gobierno nacional para diseñar un reemplazo de esos ingresos. “Se habla de un IVA nacional. Sí, claro, muy difícil de coordinar, pero bueno, es una alternativa”, indicó.

En el tramo final, el tributarista se detuvo en el caso de los créditos y las tarjetas, donde conviven varios gravámenes sobre los intereses. “Estás pagando la tasa más un 21% de IVA, más un 7% de ingresos brutos, más un 1,5 o 2% de una tasa municipal. ¿Cómo querés que la gente pueda pagar bien su crédito cuando tenés tantos socios colgados en tu tasa de interés?”, cuestionó. Y marcó que quienes luego hablan de morosidad forman parte del problema.

Por último, planteó que el sistema tributario argentino se volvió inmanejable por su cantidad de impuestos y por el miedo constante a cometer errores. “Lo ideal sería que, como en Chile, como en Paraguay, no pasar de cinco o seis impuestos”, sostuvo. Y concluyó: “Tendrás municipios con potestades para cobrarte impuestos, provincias con potestades para cobrarte impuestos, y la Nación. Y todos tienen que vivir de un mismo bolsillo, que es el del contribuyente”.