El periodista argentino-israelí radicado en Tel Aviv analizó en la 99.9 el impacto de la quinta temporada de Fauda y del documental presentado en el Festival de Venecia que aborda la guerra en Gaza. Marcó diferencias entre ambas producciones y cuestionó las acusaciones contra Israel basadas en testimonios anónimos.

El periodista argentino-israelí Mariano Man, radicado en Tel Aviv, analizó en la 99.9 el impacto internacional de la quinta temporada de Fauda, que incorpora el ataque del 7 de octubre de 2023, y la repercusión generada por el documental Naza presentado en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Para Man, se trata de dos producciones que abordan la guerra desde perspectivas muy diferentes.
Sobre Fauda, explicó que la incorporación del 7 de octubre tiene relación con la propia lógica temporal de la serie. “Fauda es una serie mainstream que tiene legiones de fanáticos en el mundo. La inclusión del 7 de octubre dentro de Fauda no es meramente oportunista, es algo lógico que tiene que ver con el tiempo real, porque lo de Fauda transcurre en tiempo real”, sostuvo.
Man destacó además que la producción utilizó como referencia material registrado por los propios atacantes durante el 7 de octubre, imágenes que Israel no difundió públicamente de manera completa. “Son 47 minutos, estamos hablando solamente de un compacto” de material que, según explicó, contiene escenas de enorme crudeza. “Las imágenes se quedan cortas, salvo en cuestiones de magnitud, de la factorización de la muerte, como fue el Holocausto. Acá se ven escenas explícitas, de momentos muy, muy, muy dramáticos, horrorosos, demenciales”, afirmó.
En ese sentido, explicó que Fauda buscó llevar esa realidad a la ficción de una manera que pudiera ser abordada por el público. “Lo que trata de hacer Fauda por las suyas, como un emprendimiento independiente, como una producción audiovisual, es mostrar un poco, a grandes rasgos, lo que pasó, lo que tiene ese material”, señaló.
Sobre el documental Naza, que recibió una extensa ovación durante su presentación en Venecia, Man cuestionó especialmente la metodología utilizada para sostener las acusaciones contra Israel. “Estamos hablando de un documental basado y creado y sustentado en 24 testimonios anónimos sobre supuestas acciones militares que darían el cariz de que las acciones israelíes en la Franja de Gaza son genocidas de forma planificada”, explicó.
El periodista remarcó que, según lo que se conocía hasta ese momento, no existían pruebas judiciales que respaldaran esas afirmaciones y señaló que incluso algunas de las fuentes anónimas comenzaron a cuestionar otras declaraciones anónimas. “Por ahora es todo un grupo medio fantasmagórico”, sostuvo. Al mismo tiempo, aclaró que esto no implica desconocer la gravedad de la situación humanitaria en Gaza: “No quiero negar que hay una guerra muy importante en la Franja de Gaza, que hay una gran cantidad de muertos civiles en circunstancias dramáticas”.
Man también se refirió a las diferencias existentes dentro de la propia sociedad israelí y rechazó la idea de que una producción crítica pueda representar automáticamente a todo un país. “Una crítica real, ficcionada o no, al Estado no representa más que a quienes consideren que es así. Es una crítica, puede tener o no razón”, afirmó.
En esa línea, destacó la tradición de debate interno de la sociedad israelí. “Lo que tiene la sociedad israelí justamente es la opción del debate inmediato. Es una sociedad muy culta, en general, muy informada, y la que históricamente, talmúdicamente, tiene la voluntad de debatir lo establecido, lo que está por venir, lo que ocurrió”, sostuvo.
Finalmente, Man planteó que la discusión actual tampoco puede analizarse exclusivamente desde los acontecimientos posteriores a 1948 y mencionó antecedentes históricos de violencia contra comunidades judías y cristianas en Medio Oriente. “Esto no es meramente una cuestión antisemita, antijudía. El problema del Islam son los infieles. Y cuando los infieles pasan primero por los judíos, luego pasarán por los cristianos, pasarán por los budistas”, afirmó, al vincular esa interpretación con episodios históricos como el pogromo de Hebrón de 1929.