La ex presidenta del Consejo Escolar de General Pueyrredón, Mónica Lence, analizó el debate sobre la utilización de teléfonos móviles en las aulas y aseguró que la discusión está mal planteada. Sostuvo que el foco debe estar en los procesos pedagógicos, el vínculo entre docentes y alumnos y la recuperación de herramientas tradicionales para enseñar.

La discusión sobre el uso de teléfonos celulares en las escuelas volvió a instalarse en la agenda educativa y, para la ex presidenta del Consejo Escolar de General Pueyrredón, Mónica Lence, el debate está siendo abordado desde un lugar equivocado. En diálogo con la 99.9, sostuvo que la cuestión no puede reducirse al «celular sí o celular no», sino que debe analizarse en función de los procesos de aprendizaje y del desarrollo de los estudiantes.
«Planteamos siempre el error en blanco y negro: celular sí o celular no. Me parece que tiene que ver con muchísimos otros factores y tendríamos que hacernos muchas preguntas antes, que tienen que ver con los procesos pedagógicos», explicó.
Lence remarcó que no es posible separar la enseñanza del impacto que tiene la tecnología, aunque advirtió que muchas veces quienes impulsan el uso irrestricto de dispositivos «saben mucho de tecnología, pero no entienden cómo se forma el pensamiento ni cómo se construye el aprendizaje, que esa es la tarea de los docentes».
Desde esa perspectiva, consideró que tanto en la escuela primaria como en la secundaria el celular suele transformarse en un obstáculo. «En la primaria, cuando los chicos están formándose, no es aconsejable el uso del celular porque funciona como distractor y termina siendo una piedra en el camino del aprendizaje, que ya está bastante complicado, por lo menos en la provincia de Buenos Aires. En la secundaria pasa más o menos lo mismo porque se juegan otras cosas y realmente funciona como un distractor», afirmó.
Para la docente, antes de discutir la presencia de los teléfonos en el aula es necesario abordar problemas mucho más profundos. «En vez de preguntarnos si usamos o no el celular, deberíamos preguntarnos cómo mejorar la educación, cómo mejorar los procesos pedagógicos. Ese es el tema. ¿Cómo enseñamos? ¿Para qué queremos empezar a hablar del uso del celular si los chicos hoy no saben leer o por lo menos no están demostrando grandes avances?», cuestionó.
Lejos de proponer una prohibición absoluta, Lence aclaró que la tecnología forma parte del presente y del futuro, pero insistió en que debe utilizarse de manera racional. «Estoy a favor de un uso razonable del celular, no de quitarlo porque sería una estupidez ir contra el mundo hacia donde vamos todos, pero priorizando siempre lo humano y los procesos de los chicos y también de los padres», indicó.
En ese sentido, resaltó que la dimensión afectiva resulta determinante para el aprendizaje. «La emoción es la puerta de entrada al aprendizaje y eso es real. El vínculo de los docentes con los chicos es lo que marca la diferencia», señaló. A su entender, la tecnología debería incorporarse «desde la afectividad», ya que incluso los adultos terminan absorbidos por las pantallas. «Si a uno, que es grande y tiene herramientas para medirlo, lo consume, imaginemos una criatura o un adolescente preso de eso sin ningún control», reflexionó.
Lence también cuestionó algunos enfoques pedagógicos que, según consideró, relegaron herramientas fundamentales para la alfabetización. «Volver a la fonética, a cómo enseñamos, es importante. Todo esto del constructivismo, para mí, y sé que me van a matar por decirlo, lo considero un desacierto absoluto. Pero soy profesora de educación especial y tengo otra formación», expresó.
Al mismo tiempo, destacó que existen experiencias educativas que muestran resultados muy alentadores, especialmente en escuelas técnicas. «Hay estudiantes que están haciendo maravillas. Lo que tendríamos que empezar a mirar es qué marca la diferencia, qué pasa con esos profesores y esos directores. Hay algo ahí que tendríamos que explorar», afirmó.
Según explicó, una de las claves está en el trato personalizado que reciben los alumnos. «Yo veo cómo trabajan con los chicos y detecto un mano a mano, un ‘te llamo por tu nombre, sé quién sos’. Eso cambia completamente todo. Que a alguien le importe mi vida, que a alguien le importe lo que hago, eso es lo importante», sostuvo.
Finalmente, también apuntó contra la administración bonaerense por la situación edilicia de las escuelas y el destino de los recursos públicos. «Que haga menos streaming y destine los recursos a donde tienen que ir. Primero que arregle las escuelas. Las partidas para infraestructura bajaron muchísimo y hay establecimientos con problemas graves. El proceso de aprendizaje también empieza en un contexto. Si uno está en un aula con paredes electrificadas o con edificios deteriorados, tampoco se produce el aprendizaje», concluyó.