Pantallas, infancia y autoridad: “Estamos hipotecando el desarrollo motor de una generación”

El pediatra Sergio Snieg, integrante del Comité Nacional de Pediatría Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría, advirtió en la 99.9 sobre el impacto del uso excesivo de dispositivos en niños y adolescentes. Señaló que la pandemia profundizó un problema que afecta el desarrollo físico, cognitivo y social, y remarcó que “el gran premio no puede ser el celular, sino compartir tiempo al aire libre”.

La expansión de las pantallas en la vida cotidiana de niños y adolescentes dejó de ser sólo una preocupación vinculada a la lectura o la atención para transformarse, según especialistas, en un problema de salud pública. Así lo expresó Sergio Snieg, pediatra e integrante del Comité Nacional de Pediatría Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría, quien en diálogo con la 99.9 planteó una fuerte advertencia sobre las consecuencias del uso excesivo de celulares y tablets.

“El comienzo de la pandemia hizo que todos los niños y niñas tuvieran que empezar a usar el celular y eso aumentó un 50% el uso de tablets en las infancias. Y cuando terminó la pandemia esto no volvió a los niveles anteriores”, indicó. Para Snieg, el problema excede la cuestión tecnológica y afecta áreas centrales del desarrollo infantil: “Se generó una generación de niños que tienen toda la información adelante de un dedo, pero que no saben flexionar las rodillas cuando saltan”.

El especialista explicó que existe una etapa clave entre los 7 y los 12 años que definió como “la edad de oro del aprendizaje motriz”. Allí los chicos desarrollan habilidades fundamentales a través del movimiento y el juego. “Es cuando los chicos corren en el recreo o después van a la plaza y aprenden a manejar motrizmente su cuerpo. Hoy, por distintos motivos, muchas veces no se puede correr en el recreo, no se puede ir a la plaza, no se puede salir a la vereda. Son niños muy encerrados y esto genera un importante problema de salud pública”, afirmó.

Snieg reconoció que las razones del cambio son múltiples y exceden lo estrictamente médico. “Puede haber muchas explicaciones: inseguridad, miedos, la búsqueda de seguridad en el encierro. Se piensa que es mucho más seguro que los chicos estén mirando una tablet y no en la vereda o en la plaza, pero lo único que se genera es un niñero digital que hipoteca su desarrollo motor, su coordinación”, sostuvo.

Para explicar el impacto de la pérdida de experiencias físicas durante la infancia, recurrió a un ejemplo emblemático: “Es muy probable que si Messi hubiera tenido una tablet o un celular a los seis años y la abuela no lo llevaba al club de fútbol, no seríamos campeones mundiales”. Luego agregó: “La habilidad requiere algo innato, pero también entrenamiento. Si no desarrollás esa habilidad, el desarrollo motor hubiera sido otro”.

El pediatra remarcó que la respuesta no pasa únicamente por limitar dispositivos sino por recuperar el rol adulto. “Tiene mucho que ver con los padres o cuidadores y la posibilidad de decir una palabra que parece difícil: no”, señaló. Incluso cuestionó una lógica instalada en muchos hogares: “Me aburro, bueno, tomá el celular. O ‘si te sacás una buena nota te dejo usar el celular’. Como si el celular fuera el gran premio”.

En cambio, propuso resignificar el tiempo compartido: “El gran premio tiene que ser otro. El gran premio es: ‘¿sabés qué? Vamos a ir a la plaza hoy a jugar’. Pasar un momento con el adulto al aire libre”.

Snieg recordó además las recomendaciones de la Sociedad Argentina de Pediatría: “Cero pantallas hasta los dos años. De los dos a los cinco o seis años, una hora por día bajo supervisión y con contenidos educativos. Y después hasta los 17 años, dos horas por día también con supervisión”. Comparó el control digital con la crianza tradicional: “Cuando íbamos a jugar a la vereda, papá o mamá se asomaban a la ventana para ver con quién estábamos. Bueno, esto es igual: hay que saber con quién juegan en línea y qué están mirando”.

Finalmente, planteó que el debate de fondo tiene que ver con recuperar la autoridad entendida desde el cuidado. “No está mal hablar de autoridad. Si quiero a mi hijo me interesa cuidarlo, y para cuidarlo hay cosas a las que hay que decirles que no”, indicó. Y concluyó: “Los adultos tenemos que entender que el celular funciona como un niñero electrónico que anestesia el desarrollo, lo retrasa y después obliga a recuperar habilidades que deberían haberse aprendido naturalmente”.