Rafael Rofman: “Tenemos una década para aprovechar el bono demográfico y prepararnos para una sociedad más envejecida”

El investigador principal de CIPPEC advirtió que la Argentina atraviesa una oportunidad demográfica que comenzará a agotarse durante la próxima década. Planteó la necesidad de mejorar la educación, la infraestructura y la productividad, y alertó que solamente uno de cada diez estudiantes termina la secundaria en tiempo y forma con los conocimientos básicos esperados.

El investigador principal de CIPPEC, Rafael Rofman, sostuvo que el descenso de la natalidad y el aumento de la expectativa de vida son tendencias globales que difícilmente puedan revertirse. “El punto no es preocuparse porque esto ocurre y tratar de revertirlo, el punto es entender los impactos, aprovechar algunas oportunidades muy importantes y acomodarte a algunos desafíos”, explicó en diálogo con la 99.9.

Rofman señaló que la humanidad pasó de sociedades en las que nacían muchos niños, pero también morían muchos, a otras en las que las personas tienen menos hijos y viven durante más tiempo. En la Argentina, indicó, la fecundidad se ubica actualmente en un promedio de 1,23 hijos por mujer, mientras que la expectativa de vida supera los 75 años. “Vivimos más tiempo porque tenemos mejor salud, tenemos menos hijos porque tenemos más educación, más derechos, más equidad y más oportunidades”, afirmó.

En ese escenario, destacó la importancia del denominado bono demográfico, un período durante el cual aumenta la proporción de personas en edad de trabajar respecto del conjunto de la población. Según explicó, esa etapa comenzó en la Argentina a mediados o fines de la década de 1990 y se extenderá hasta algún momento de la próxima década. “Cuando te aumenta la proporción de edad de trabajar, es buenísimo, porque tenés más gente que puede producir respecto al total. Entonces podés producir más riqueza, podés producir más bienes, podés vivir mejor e invertir más. Es una tremenda oportunidad”, sostuvo.

El especialista estimó que ese proceso permitió que el producto bruto interno per cápita argentino sea aproximadamente un 12% más alto de lo que habría sido sin el cambio en la estructura etaria. “Si no hubiese aumentado la proporción de adultos que pueden trabajar, seríamos un 12% más pobres de lo que somos como sociedad”, señaló. Sin embargo, advirtió que el beneficio no será permanente y que el país debe aprovechar estos años para prepararse para una población progresivamente más envejecida.

“Hay que enfocarnos en prepararnos para lo que viene, mejorar nuestra educación, porque eso mejora el capital humano; mejorar la inversión en infraestructura, porque eso es lo que te permite crecer más; e incorporar más tecnología, porque eso te permite ser más productivo”, planteó Rofman. A su entender, esas son algunas de las condiciones que permitieron a otros países atravesar el envejecimiento poblacional mientras aumentaban su riqueza y mejoraban sus condiciones de vida.

El investigador consideró que la caída de la natalidad difícilmente experimente una reversión significativa. Al observar la experiencia internacional, explicó que en muchos países la fecundidad desciende y luego se estabiliza en niveles bajos, con pequeñas oscilaciones. “Para que suba la fecundidad nuevamente en el futuro tendría que ocurrir un escenario distópico, tipo El cuento de la criada, donde las mujeres pierdan derechos y haya amplios sectores de la población que vuelvan a una situación en la cual no pueden elegir”, advirtió. Y agregó: “Me parece muy poco deseable. Creo que sería catastrófico”.

Frente a esa perspectiva, sostuvo que el desafío consiste en adaptar las instituciones y los servicios públicos a una sociedad con más adultos mayores y hogares más pequeños. “Esto va a implicar cambios en el mercado de trabajo”, indicó, y mencionó especialmente la necesidad de revisar el funcionamiento del sistema previsional, que debe financiar a una población cada vez más envejecida.

También advirtió que el sistema de salud deberá responder a nuevas necesidades. “A medida que aumenta la longevidad, cambia el perfil epidemiológico, cambia de qué nos enfermamos y cómo nos enfermamos”, explicó. En ese sentido, señaló que las demandas sanitarias de una sociedad envejecida son diferentes de las de una población predominantemente joven, porque adquieren mayor relevancia las enfermedades neurológicas, degenerativas y cardiovasculares.

Los cambios también alcanzarán a la vivienda y al diseño urbano. Rofman sostuvo que, con hogares más pequeños, muchas viviendas grandes pueden dejar de responder a las necesidades de sus habitantes, mientras que las ciudades deberán adaptarse para acompañar a personas con dificultades de movilidad. “Todo eso son cosas que tenemos que resolver. Ninguna de ellas es ciencia oculta”, afirmó, al remarcar que otros países ya avanzaron en esas transformaciones, aunque continúan enfrentando desafíos.

Para el investigador, uno de los principales obstáculos es que se trata de una discusión de mediano y largo plazo que suele quedar relegada frente a las urgencias cotidianas. “Nada de lo que estamos discutiendo cambia absolutamente nada para el año que viene. Son discusiones para las próximas décadas”, explicó. Por ese motivo, destacó la necesidad de instalar el tema en el debate público y mencionó el libro La revolución demográfica, elaborado junto con una colega, como parte de un esfuerzo por acercar estas cuestiones a un público más amplio.

Finalmente, Rofman vinculó la transición demográfica con uno de los problemas más graves que enfrenta hoy la Argentina: la calidad educativa. “La educación argentina ha logrado algo bueno, que es que la mayoría de los chicos vayan a la escuela. Casi todos los chicos en edad escolar están en la escuela, pero no aprenden, aprenden muy poquito”, cuestionó.

Como síntesis de esa situación, afirmó que solamente uno de cada diez estudiantes termina la secundaria en el tiempo esperado y con los conocimientos básicos que debería haber adquirido durante su trayectoria escolar. “Uno de cada diez es catastrófico”, enfatizó. Y advirtió que mejorar los aprendizajes será todavía más urgente a medida que disminuya la proporción de trabajadores en la población: “Esos chicos son los trabajadores del futuro. Cuando va a haber menos trabajadores en proporción en la población, esos trabajadores tienen que ser más productivos. Y si no tienen las habilidades básicas, no van a ser más productivos”.