Ricardo De Titto: “Tenemos que pensar de otro modo nuestro pasado y nuestra historia”

El historiador propuso ampliar la mirada sobre el pasado americano y dejar de concentrar el relato histórico exclusivamente en los últimos cinco siglos y en la influencia europea. Destacó la diversidad de los pueblos originarios, la presencia de sus descendientes en las sociedades actuales y la necesidad de pensar el futuro del continente desde una perspectiva propia.

En el marco de la reflexión sobre el 12 de octubre y su significado histórico, el historiador Ricardo De Titto planteó la necesidad de revisar la manera en que se estudia y se transmite el pasado americano. En diálogo con la 99.9, sostuvo que la historia del continente no puede reducirse al período iniciado con la llegada de los europeos, sino que debe incorporar una mirada más amplia sobre las miles de generaciones que habitaron América antes de ese contacto.

“Lo que el ADN nos dice es que la presencia humana en el continente americano tiene más o menos entre 15 mil y 16 mil años”, explicó. Para De Titto, existe una tendencia a concentrar la atención en los últimos 500 años, vinculados con la llegada de los europeos, mientras queda relegada una historia mucho más extensa, diversa y compleja.

El historiador recordó que, antes del contacto con Europa, América constituía un continente con sociedades que habían desarrollado sus propias culturas y formas de organización. Según señaló, se calcula que vivían entre 40 y 60 millones de personas, distribuidas en unas 5.000 etnias. Consideró que el conocimiento histórico no debe limitarse a civilizaciones como las de los mayas, aztecas e incas, sino que también debe recuperar la diversidad de pueblos y tradiciones que existieron a lo largo y ancho del continente.

“Hay una historia muy remota, arcaica, muy variada y muy rica”, afirmó. En ese sentido, mencionó estudios genéticos que, según explicó, identificaron la persistencia de ascendencias de pueblos que se consideraban desaparecidos, como los comechingones, querandíes y charrúas. También se refirió a los selk’nam, cuya herencia, sostuvo, continúa presente en parte de las poblaciones actuales.

Para De Titto, ampliar esta mirada supone dejar de interpretar la historia exclusivamente desde una perspectiva eurocéntrica. “Siempre teniendo como referencia Europa, Europa, Europa, y sin mirar qué de positivo, qué de rico, qué de poderoso, se encierra en nuestro propio, llamémosle así, folclore”, señaló. En esa construcción, destacó la combinación de pueblos originarios, criollos, afrodescendientes y europeos que conformó las sociedades americanas, con sus aportes y contradicciones.

El historiador aclaró que su planteo no busca idealizar a las sociedades precolombinas ni desconocer la importancia de la herencia europea. Su intención, explicó, es evitar que una sola perspectiva histórica termine desplazando a las demás. “Hay un dicho que no se quiere lo que no se conoce”, recordó, al insistir en que la falta de conocimiento sobre las culturas originarias favorece las visiones estereotipadas y limita la comprensión de las raíces de las sociedades actuales.

Como ejemplo de la diversidad cultural americana, De Titto se refirió a Estados Unidos y cuestionó las representaciones que intentan reducir su identidad a una única composición cultural. “La conciencia de la realidad es saber que Estados Unidos es un país blanco, es un país indio, es un país negro y es un país chicano”, afirmó. Ante la observación de que también existe una importante presencia asiática, coincidió en que esa diversidad forma parte de la identidad del país.

En esa línea, mencionó los avances en materia de derechos y representación de distintos sectores de la sociedad estadounidense. Recordó que los afrodescendientes llegaron a tener un presidente, Barack Obama, y señaló que las mujeres conquistaron derechos fundamentales durante las últimas décadas. Para el historiador, estos procesos muestran que las sociedades son dinámicas y que sus transformaciones no pueden comprenderse si se observa únicamente el presente inmediato.

De Titto también vinculó esta reflexión histórica con una perspectiva geopolítica sobre el futuro del continente. Destacó la particularidad geográfica de América, que se extiende de polo a polo y está rodeada por los océanos Atlántico y Pacífico, y consideró que esa condición invita a pensar en un proyecto compartido para el conjunto de la región.

“¿Por qué no podemos pensar un futuro promisorio para toda América?”, planteó. En ese sentido, cuestionó la idea de que los países latinoamericanos estén condenados a ocupar un lugar periférico y dependiente. Para el historiador, los cambios en los centros de poder y desarrollo a lo largo de la historia demuestran que las posiciones de las distintas regiones del mundo no son inmutables.

Finalmente, sostuvo que es necesario analizar los procesos históricos en una escala temporal más amplia, sin quedar atrapados únicamente en la coyuntura. Consideró que Europa ya no ocupa de manera indiscutida el lugar central que tuvo en otras épocas y que América debe reconocer tanto su diversidad cultural como sus posibilidades de desarrollo.

La propuesta de De Titto apunta, en definitiva, a recuperar una perspectiva propia sobre la historia del continente. “Me gustaría que empecemos a pensar de otro modo nuestro pasado, nuestra historia”, concluyó.