Andrea Seip, coordinadora de la Escuela Basilio, relató en la 99.9 el duro episodio de inseguridad que sufrió la institución. Además de los importantes daños materiales, los delincuentes se llevaron alimentos, ropa y elementos que estaban destinados a acciones solidarias para bebés, personas en situación de calle y hogares de cuidado.

La Escuela Basilio intenta recuperarse de uno de los golpes más duros que ha sufrido en su historia. Durante la madrugada del domingo, delincuentes ingresaron al edificio ubicado en Juan B. Justo al 2900, permanecieron varias horas en el lugar y se llevaron absolutamente todo lo que encontraron a su paso. Pero el perjuicio fue mucho más allá del valor económico: también desaparecieron las donaciones que la institución había reunido para asistir a sectores vulnerables.
«Estamos intentando recomponernos», resumió Andrea Seip, coordinadora de la entidad, en diálogo con la 99.9.
Antes de describir el robo, explicó el trabajo que realizan diariamente: «Somos un culto religioso con registro de culto y personalidad jurídica. Somos una institución sin fines de lucro y solemos juntar alimentos, hacemos donaciones al Hogar Namacés, que es un lugar de cuidado de bebés. Ahora estábamos juntando ropa de abrigo para personas en situación de calle, con un grupo que lleva comida y necesitaban abrigo».
Todo ese esfuerzo desapareció en una sola noche. «Irrumpieron en la institución y se llevaron todo, literalmente todo. Rompieron un ventanal en una losa por donde ingresaron y se tomaron todo el tiempo del mundo», indicó.
El nivel de organización del robo quedó reflejado en un detalle que llamó la atención de la coordinadora: «En la dirección dejaron un reloj de pared al que le sacaron la pila y marcaba la una y media de la mañana. En la cocina hicieron lo mismo, pero ese reloj quedó marcando las tres y media. O sea que estuvieron horas adentro».
Durante ese tiempo rompieron puertas y revisaron cada rincón del edificio. «Todo lo que se pudieron llevar, desde un cubierto hasta los termos, absolutamente todo», lamentó.
Pese al impacto, aseguró que la institución seguirá adelante con sus actividades solidarias. «Intentamos recomponernos con esas tareas y no decaer por estas situaciones. Estamos en una humanidad que está sufriendo estas cosas y nadie es ajeno. Genera mucho dolor y mucha tristeza, pero es lo que hoy estamos viviendo».
Seip reconoció que la inseguridad obliga a convivir con una sensación permanente de vulnerabilidad, aunque también cuestionó la falta de respuestas. «A veces quizás no deberíamos normalizar tanto estas situaciones, pero uno va a la Justicia y encuentra una pared que no da muchas soluciones. Como sociedad intentamos resguardarnos, pero hay cosas que uno no puede observar porque no forma parte de esa lógica. Después de que pasa decís: ‘Tendríamos que haber estado atentos a esa ventana o a ese lugar’, pero uno no vive pensando en eso».
Más allá del robo, aprovechó la oportunidad para renovar el pedido de colaboración con las campañas solidarias que desarrolla la institución. «Vamos a continuar con esta intención de colaborar con quienes más lo necesitan. Hay muchos hogares donde reciben bebés recién nacidos que son entregados directamente desde el Materno para que tengan cuidados. Mayormente el flagelo de la droga genera esos abandonos y hay muchísima necesidad, desde un pañal hasta una leche».
Finalmente, remarcó que la ayuda sigue siendo indispensable y convocó a la comunidad a acercarse a las sedes ubicadas en Juan B. Justo 2929 y Salta 1963. «Intentamos acompañar a quienes quedan en estado de vulnerabilidad. A veces se cuestiona a esas madres, pero el niño no tiene la culpa de esa situación. Hay que ser empáticos y acompañar como sociedad».