El secretario ejecutivo de AIEPBA advirtió sobre el impacto de los episodios de violencia y amenazas en el ámbito educativo, cuestionó la presión impositiva sobre las instituciones privadas y alertó por la caída sostenida de la matrícula producto de la baja natalidad.

El secretario ejecutivo de AIEPBA, Martín Zurita, se refirió al impacto que generaron los recientes episodios de violencia y amenazas en escuelas del país, y remarcó la necesidad de reforzar el trabajo preventivo dentro de la comunidad educativa, al tiempo que advirtió en la 99.9 sobre la creciente presión fiscal sobre las instituciones privadas y la caída de la matrícula por el descenso de la natalidad.
En relación a los hechos ocurridos en la provincia de Santa Fe y las amenazas registradas en distintos establecimientos, señaló que “estos hechos lamentables, graves, generaron una conmoción en toda la sociedad argentina”, y explicó que la situación derivó en una ola de advertencias en escuelas: “Tuvimos amenazas en baños, en redes sociales, situaciones que generaron mucha preocupación”.
En ese contexto, subrayó el rol preventivo de las instituciones: “Nosotros como escuela tenemos que trabajar mucho en la prevención. Es un tema que se aborda permanentemente, se trabaja sobre bullying, convivencia y distintas cuestiones que no solo involucran a docentes y alumnos, sino muy especialmente a la familia, que es un factor clave”.
Zurita también describió el impacto inmediato de estos episodios en la vida escolar: “Hubo mucha desazón, faltaron muchísimos alumnos el día viernes en las escuelas”, y por eso llamó a la calma: “Es importante llevar serenidad, las escuelas son lugares seguros, estos hechos no son comunes y ocurren de forma aislada, pero tampoco hay que minimizarlos”.
En paralelo, cuestionó con dureza la presión impositiva que enfrentan las instituciones educativas privadas, poniendo como ejemplo el caso del municipio de Pilar: “Además de aumentar un 100% la tasa de Seguridad e Higiene, crearon una contribución obligatoria de 8 mil pesos por mes por empleado. Es un oxímoron, porque una contribución no debería ser obligatoria”.
Al respecto, explicó el impacto concreto en una institución educativa: “Una escuela promedio tiene 100 empleados, son 800 mil pesos por mes solo por ese concepto, sumado al aumento de la tasa. Es una voracidad que atenta contra cualquier emprendimiento”.
En esa línea, remarcó que las escuelas privadas funcionan como cualquier pyme: “Tenemos que pagar sueldos, alquileres, servicios, como cualquier empresa. Y en un contexto complicado, con baja de actividad, este tipo de medidas no ayuda en nada”.
Además, cuestionó la lógica de algunas cargas municipales: “No se entiende por qué una escuela privada que paga obra social y aportes de sus empleados tiene que financiar, por ejemplo, la construcción de un hospital municipal. Este tipo de cosas no contribuyen al sostenimiento del sistema”.
Por otro lado, advirtió sobre un fenómeno estructural que ya impacta de lleno en el sistema educativo: la caída de la natalidad. “Está teniendo un impacto muy fuerte. Después de la pandemia empezamos a ver menos chicos en jardines maternales y pensamos que era algo coyuntural, pero luego vimos que cerraban maternidades y los datos lo confirmaron”.
En ese sentido, detalló la magnitud del problema: “En los últimos cinco años hubo 300 mil inscripciones menos en todo el sistema educativo. No es solo la escuela privada, es todo el sistema”.
Finalmente, alertó sobre las consecuencias a futuro: “Esto hoy impacta en nivel inicial y primeros años de primaria, pero se va a ir trasladando a todo el sistema. Para nosotros es una gran preocupación, porque las escuelas privadas son empleadores que no tienen la posibilidad de reubicar personal como el Estado”.
Y concluyó: “Muchas instituciones van a tener que reconvertirse en breve, porque el escenario demográfico ya cambió y va a seguir profundizándose en los próximos años”.