Protegidísima

¿Qué tendrá Rosa María Dettori? ¿Por qué la protegen tanto? Luego de ser designada a dedo en un cargo público —con un sueldo más que generoso— sobre la única base de sus conexiones personales, ahora el fiscal Colombo suspendió un juicio al que iba a ser sometida. ¿Parece mucho? Bueno, aún hay más.

Rosa María Dettori es uno de esos personajes de la vida real que, si un autor decidiera incluirla en una novela de ficción, le tirarían el libro por la cabeza acusándolo de inverosímil. En este medio —lamentablemente— venimos hablando de ella ya desde el año 2016, cuando dábamos cuenta de la forma escandalosa en que el fiscal general Daniel Adler había conchabado, con cargos en el vapuleado de servicio de justicia, a una serie de amigos de amigos; la mayoría de ellos, militantes políticos. Dentro del festival de nombramientos, estaba el de Rosa María Dettori, una mujer de nacionalidad italiana que —al menos, en ese momento— casi no hablaba castellano. ¿Por qué Adler decidió que una persona con esas características era idónea para desempeñarse en un cargo público? No está muy claro, pero quizás tenga algo que ver que su pareja, Juan Manuel «el toro» Aiello, es alguien con fuertes conexiones en la política local, y hasta se desempeñó como número dos del EMDER.

Flojita de papeles

Quizás la historia de una persona que la estaba pasando mal en Italia y decidió venirse a vivir a la Argentina pueda resonar en más de uno… pero no la de Dettori. ¿Por qué? Porque ella escapó de Italia después de que las personas a las que representaba legalmente allí se enteraran de que ella no era abogada. Aparentemente, sólo es criminóloga. Daría para pensar que el exilio es castigo suficiente como para que uno cambie y reflexione, pero no. Dettori se vino a la Argentina y, después de conseguirse un muy cómodo conchabo de la mano de Adler, volvió al ruedo y empezó a estafar gente otra vez.

¿Cómo lo hizo? Ofreciéndose como mediadora para gestionarle a sus «clientes» la ciudadanía italiana. Dos de los casos —seguramente haya más— se hicieron públicos. Bibiana Martiarena le entregó a Dettori €2.500 porque buscaba conseguir la ciudadanía italiana para que su hijo pudiera ir a Europa a jugar al fútbol. Juan Marcelo Domínguez no sólo le dio a Dettori €1.000 en mano, sino que llegó al extremo de —por consejo de la estafadora— irse a vivir a Italia, donde se consumió todos sus ahorros —no podía trabajar, porque estaba ilegal— a la espera de una ciudadanía que nunca llegó.

¿Cómo saltó todo? Bueno, Dettori es insaciable. Y no le alcanzaba con el regalazo de Adler y su abultado sueldo de funcionaria del Poder Judicial, así que hizo una presentación pretendiendo cobrar un plus como abogada. Sí, la persona que se tuvo que exiliar de Italia porque la descubrieron haciéndose pasar por abogada, intentó otra vez hacer la misma estafa acá. Presentó documentación adulterada y alguien lo vio y se dio cuenta. Se desató un escándalo de proporciones en medio del cual, Martiarena y Domínguez se enteraron que le habían entregado cientos y cientos de euros a una estafadora y así la señora terminó con —al menos— tres causas.

¿Estará muy preocupada? Probablemente no, porque sabe que está bien protegida y piensa que a ella no la van a tocar.

Pettigiani versus Colombo

Recientemente se hizo pública la decisión del fiscal general a cargo de la Fiscalía Nº8 Dr. Marcelo Colombo de suspender el juicio a prueba por el delito de falsedad ideológica en concurso real con uso de documentación falsa en concurso ideal con defraudación contra la administración pública que se le seguía a Rosa María Dettori por haber presentado documentación falsa para validar así un inexistente título de abogada supuestamente obtenido en Italia.

¿La justificación? Dice Colombo que alcanzó un acuerdo con la imputada para así suspender el juicio. ¿Cuál es el problema? Bueno, que la ley argentina dice —con mucha razón— que, debido a su enorme poder para entorpecer el accionar de la Justicia —entre otras cosas— los juicios que se llevan adelante contra funcionarios públicos, no se pueden suspender. ¿Cuál es el razonamiento del Dr. Colombo? Bueno, él dice que, en realidad, Dettori no es funcionaria sino que es una mera empleada que se encarga —según su propio descargo— de «atender el teléfono y sacar fotocopias».

En su denuncia, Pettigiani explica —una vez más, ya que es un tema que en la Justicia ya ha sido saldado incontables veces y existe una extensísima jurisprudencia al respecto— que para la ley no hay distinción alguna entre un funcionario público y un empleado. Además, razona que, si Dettori fuera realmente una persona que sólo se encarga de tareas mundanas, no se entiende cómo fue invitada a participar en las jornadas sobre «Crímen organizado, trata de personas, lavado de activos y otros delitos complejos» organizadas por la Universidad Fasta, por ejemplo.

Pero el descaro de esta gente no termina allí ya que, como bien indica en su denuncia el Dr. Pettigiani, el fiscal general Marcelo Colombo y Rosa María Dettori se conocen, y tienen una relación personal cercana. Es más, asistieron juntos en un viaje institucional del Ministerio Público Fiscal al vaticano. Colombo debería haberse excusado de participar en esta causa, ya que conocía a la imputada y era cantadísimo que sus decisiones no iban a ser imparciales.

Por ahora, Dettori zafó de tener que rendir debidas cuentas ante la Justicia, otra vez, amparada en sus extensas e importantes conexiones. Sin embargo, Pettigiani levantó el guante y no está dispuesto a que ni sus acciones, ni las de su amigo Colombo queden impunes.

¿Será justicia?