Sin margen de error

COVID-19 | Hay demasiado en juego. La salud de cientos de miles de personas que atraviesan la mayor epidemia del mundo moderno. Todas las voces deben oírse para que sepamos qué decisión tomar.

En el marco de una enfermedad viral de alto contagio que afecta a la casi totalidad de los países del mundo, no hay margen de equivocaciones a la hora de establecer criterios unificados o realizar mediciones, análisis o testeos. Es necesario que la totalidad de la información disponible se ponga a rodar simultáneamente para que las decisiones sean las correctas. No podemos sólo dar manotazos de ahogado para alejarnos del dilema de la última cama, que parece afectar a las naciones más comprometidas. ¿Es verdad lo que se transmite por las redes sociales? ¿Es cierto lo que informan los noticieros de las cadenas internacionales? ¿Quién tiene razón? Los presidentes que se han arriesgado más no han obtenido mejores resultados que aquellos que han efectuado planes más conservadores. En medio de la situación más límite, Argentina se acerca al punto más alto de la curva de contagios —al menos en el AMBA— y sin embargo todavía las personas no terminan de creer en la palabra de los que dicen que saben.

Tras ciertos resultados de testeos conocidos como “falsos positivos” ocurridos hace unos días, la directora del Instituto Nacional de Epidemiología y el jefe del laboratorio de Instituto elaboraron un documento para aclarar las dudas sobre esos testeos delos últimos casos de COVID-19 en Mar del Plata.

Se trata de la doctora Irene Pagano y del doctor Osvaldo Uez, quienes hablaron de la calidad de las tareas que realiza el Laboratorio del INE, que es un referente de Influenza a nivel nacional ante la OMS. Aclararon que la técnica TR-PCR es la misma que se utiliza en el INE desde hace años para Influenza, por lo que está ampliamente validada.

Dice el documento: “el caso positivo informado el sábado 9 de mayo, que los medios locales caracterizaron como ‘falso positivo’, se trataba efectivamente de un paciente con Covid-19, sintomático leve, aun cuando una muestra tomada 48 horas después dio negativo y el paciente se recuperó de la enfermedad en días posteriores”. Es por eso que las autoridades sanitarias locales tienen una gran preocupación respecto del tratamiento “errático y confuso” que algunos medios de comunicación han hecho de la información. Es decir, se dijo cualquier cosa. ¿Quiénes son los responsables?

Dejan en claro que el INE es el único laboratorio de la zona aprobado a nivel nacional por el Instituto ANLIS Malbrán, que fue designado por el Ministerio de Salud de la Nación para realizar testeos por TR-PCR para COVID-19 en las Zonas Sanitarias I, VIII y IX. Aclaran además que, obtenido el resultado, ellos no lo informan más que al SISA, y que no complementan su tarea con ningún laboratorio privado. La metodología está ampliamente validada, y el personal altamente capacitado para tales fines. La institución participa de controles de calidad, tanto nacionales como internacionales, y se utilizan técnicas de diagnóstico recomendadas por OMS, así como protocolos de detección de SARS-CoV-2 del Hospital Charité de Berlín. Los reactivos son enviados por el Ministerio de Salud de la Nación a través de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS Malbrán).

Autorizados

Como se recordará, el INE fue el primer laboratorio descentralizado en la región que resultó autorizado para realizar diagnósticos desde el 20 de marzo último. Antes de esa fecha, los resultados sólo eran validados por el Malbrán. A la fecha se han realizado 1500 determinaciones para la Regiones Sanitarias I, VIII y IX, y se confirmó la infección en 41 pacientes. Los resultados obtenidos son cargados en el Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SISA). 

Pero también aclaran que —debido a las urgencias de la pandemia— en los últimos meses han surgido una gran variedad de equipos y plataformas de diagnóstico. Por eso indican: “para la comparación de resultados de distintas fuentes, es necesario conocer la región del genoma sobre la que se hace blanco, debido a la variabilidad manifestada por el virus en su propagación global”. Es decir que invocan a la responsabilidad de todos, a la hora de difundir resultados que no han sido validados.

Mientras tanto, el mundo entero corre detrás de una vacuna eficiente para el Coronavirus. La BCG —la vacuna contra la tuberculosis— se produce desde 1949 en un laboratorio en Sofía, Bulgaria: unos de los tres autorizados en el mundo. Desde 1951 es obligatoria para los recién nacidos búlgaros, y ha dividido por diez el número de casos en treinta años. En Bulgaria como en Argentina, la BCG sigue siendo sistemática para todos los bebés, mientras que muchos países occidentales la limitan a las poblaciones y profesiones más expuestas. Justamente, Italia y Holanda nunca han utilizado la vacunación antituberculosa generalizada.

En Bulgaria hay cuatro inyecciones de BCG obligatorias antes de la edad adulta, y una investigación actual asegura que —además de prevenir la Tuberculosis— la vacuna genera una potente estimulación inmune. Afirman que con la BCG se mitiga el efecto de las infecciones bacterianas o virales, pero sin embargo, la comunidad científica sigue siendo muy prudente respecto de su poder de protección contra Covid-19.

Otras voces

La OMS recordó el 12 de abril que ningún estudio ha aportado pruebas, pero Bulgaria cree que su vacuna ha protegido a su población de la epidemia, porque si bien entró en confinamiento a mediados de marzo, hubo muy pocos casos detectados, y una propagación limitada: 2.460 contagios y 133 muertes.

Un punto de vista diverso es el que expone Yoram Lass, ex director general del ministerio de Salud del Israel y miembro del parlamento hasta 1996, que cuestionó la cifra de muertes para analizar la pandemia. A su criterio, no debe considerarse solo las del Covid-19, sino todas las muertes que se produzcan en el período que duren las medidas de confinamiento.

Si bien en la mayor parte del mundo se han impuesto las voces que pidieron por un confinamiento estricto, Yoram Lass aseguró que el enfoque es erróneo, y que sólo fue causado por las redes sociales que amplificaron el temor de la sociedad hacia la pandemia. En una entrevista, Lass calificó al nuevo coronavirus como “nada más que otra epidemia de gripe”. Además dijo que el confinamiento no cambiará la cantidad final de decesos que tendrán lugar, sino la tasa, y citó a Suecia como un ejemplo que refuta la tesis de la necesidad de “aplanar la curva”.

Lass calificó a las redes sociales como “otra pandemia” que acompaña a la del nuevo coronavirus, que ha lavado el cerebro de poblaciones enteras, con miedo, ansiedad e imposibilidad de analizar estadísticas reales: todos los ingredientes para una histeria monstruosa. Aseguró que es la combinación de estos factores lo que crea un efecto bola de nieve, que crece hasta llegar al “territorio de la irracionalidad”.

Otros científicos opinan en esta línea. Recientemente la periodista Luciana Vázquez presentó su entrevista al científico británico Matt Ridley, que también se dedica a la divulgación, y llamó a “correr los límites de lo pensable”. En la oportunidad, abordó la técnica utilizada para la predicción del avance a la epidemia, que —a su criterio— no se ajusta a datos reales.

Ridley afirmó que los países europeos que hicieron hincapié en la cantidad de testeos obtuvieron mejores resultados que aquellos que se centraron solamente en el confinamiento: el ejemplo es Alemania. Y que los que se centraron en el aislamiento voluntario obtuvieron mejores resultados que los que impusieron el asilamiento obligatorio, como en el caso de Suecia.

Además, el científico cuestiona seriamente a Neil Ferguson, que preanunció la cantidad de muertes que habría en Gran Bretaña si no se imponía un rápido aislamiento. Ridley dijo que Ferguson ya había tenido una serie de cálculos erróneos a la hora depredecir las consecuencias de otras enfermedades, como en la epidemia de aftosa o con el llamado mal de las vacas locas.